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Acordarse de Chacón

  • Dos nuevas ediciones se ocupan de la obra discográfica que se conserva del mítico cantaor jerezano

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Se trata de un libro y tres cedés que recogen toda la obra que se conserva de Antonio Chacón (1969-1929): cuatro cilindros de cera de 1899 con Miguel Borrul, nueve discos de doble cara con la guitarra de Habichuela de 1908, otros nueve discos dobles de 1913 junto a Montoya, a los que sumar cuatro más con este tocaor de 1828, y, finalmente, nueve cantes, incluyendo un inédito, junto a Perico el del Lunar, también de este último año. Martín Ballester, editor de la obra, afirma que las grabaciones que hasta ahora se consideraban realizadas en 1909 son en realidad de un año antes. El inédito al que nos referíamos es un cante con Perico el del Lunar descartado en su momento por la discográfica Odeón, la granaína Viva Granada.

Coincido con Blas Vega, cuya biografía de Chacón aún sigue siendo paradigmática, en considerar a Antonio Chacón como el gran creador, junto a Silverio, del cante flamenco. Por eso eran grandes mis expectativas ante esta edición. A priori, podría ser la definitiva respecto a la obra grabada por el gran cantaor jerezano. Esta ilusión se ha visto rebajada notablemente con la lectura de los textos interpretativos de la obra de Chacón, pues de una edición crítica se trata, como decíamos. La impresión que tengo respecto a la interpretación de Soler Díaz de los cantes de Chacón es que la capacidad creadora del jerezano se ve reducida en la misma. Por ejemplo, su media granadina la considera Soler deudora de la malagueña La flor que amaba. Muchos consideran que esta malagueña es de Chacón sin embargo Soler Díaz la atribuye a Gayarrito. Lo mismo podemos decir de la que hoy se conoce como Cartagenera de Chacón y que, según Soler, se basa en una taranta de El Rojo el Alpargatero. Algo parecido pasa con los caracoles y el mirabrás, en los que Soler intuye paternidades de Paco el Gandul, Romero el Tito, Tío José el Granaíno y otras celebridades jondas como Félix el de la Culqueja que no llegaron a registrar estos ni otros cantes. El propio editor, Carlos Martín Ballester, señala la maledicencia de la flamencología del siglo XX respecto a Chacón, una flamencología responsable del cisma que se crea en los 50 y 60 entre flamencos y gitanos, según denuncia el editor de Don Antonio Chacón y que llega hasta hoy. Pues bien, el propio Martín Ballester maneja esta dualidad de cantes flamencos frente a cantes gitanos al afirmar que Chacón, en efecto, era un excelente intérprete del repertorio de "cantes gitanos" (sic). La cuestión es: ¿qué sentido tiene hoy mantener esta dualidad? ¿qué aporta? ¿son más gitanas las seguiriyas de Silverio Franconetti o las tarantas del Cojo de Málaga, eminente cantaor gitano? ¿Merece la pena alargar esta posguerra civil, este nosotros y ellos que nació, justamente, con la autarquía, con la pureza del espíritu nacional, de vencedores y vencidos? Una cosa es el "cante gitano", si quieren, como forma de interpretar y otra que existan estilos gitanos y no gitanos, por ahí no paso. Menos si se pretende establecer una jerarquía de estilos. Tampoco creo que el tango sea más "moderno" que la seguiriya, por ejemplo, como mantiene Martín Ballester en esta obra. Siempre con la pretensión de que "lo antiguo es lo mejor", como recitaba Pepe Pinto, ya que en el flamenco, como buen arte romántico, esta ecuación es norma. Lo que me parece es que la sombra de la maledicencia es alargada. Y que, aunque algunos no lo crean, resulta más difícil polemizar con los muertos que con los vivos.

Cierra la obra la interpretación, ajustadísima en lo que se refiere a la información que aporta y rigurosa en su interpretación, pero en las antípodas del academicismo, de José Manuel Gamboa que escribe con entusiasmo, con pasión, con vehemencia de aficionado, sobre la trascendencia del legado chaconiano tras su muerte, incluyendo la demonización que sufrió en su momento. Deja claro Gamboa que, frente a ciertos teóricos, ha sido la afición y los cantaores profesionales los que han mantenido viva la llama chaconiana. Y es que no podría ser de otra manera, ya que para cantar, hoy como en el pasado, por malagueñas, cartageneras, tarantas, granaínas, caracoles, mirabrás, milongas, etc. hay que acordarse, sí o sí, de Chacón. Es decir que discípulo de Chacón, lo sepa o no, es todo aquel que se enfrente a este repertorio.

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