Genoveva Tusell. Historiadora del arte

"El 'Guernica' no pierde su capacidad para impresionar al espectador"

  • En el 80 aniversario de la obra más célebre de Picasso, la autora de 'El Guernica recobrado' recorre, con numeroso material inédito, la agitada historia del mural hasta su regreso a España

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Genoveva Tusell, doctora en Historia del Arte y profesora en la UNED, es la autora de uno de los libros más gozosos, esenciales y reveladores de 2017, El Guernica recobrado (Cátedra). A partir de numerosos documentos y material inédito, el volumen relata la agitada historia de la obra más célebre de Picasso desde su gestación en París, de la que se han cumplido 80 años, hasta su instalación definitiva en Madrid. Málaga -donde nació el artista-, Barcelona -sede del primer museo que se dedicó en España a su obra-, París -integrado en la dación al futuro Museo Picasso que contemplaban los herederos para evitar el pago de los impuestos de sucesión- y la localidad vasca bombardeada en 1937 reclamaban el mural que había custodiado el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York de forma ejemplar desde 1939. El regreso definitivo del cuadro como el último gran exiliado español supuso un verdadero triunfo de la diplomacia cultural y de la voluntad de diálogo de una serie de personalidades que, en una España que estrenaba su democracia, pusieron todo su esfuerzo al servicio de un proyecto de Estado que estuvo a punto de naufragar en varias ocasiones. Entre los artífices de la devolución tuvo un papel muy activo el padre de la autora y director general de Bellas Artes con Adolfo Suárez, Javier Tusell (1945-2005), como recuerda ella a vuelta de correo electrónico en esta entrevista.

-Por encargo de la II República, Picasso pintó el Guernica entre mayo y junio de 1937 en su taller de la rue des Grands-Augustins de París y, aunque hoy parezca inimaginable, varios de sus herederos eran partidarios de que no regresara a España, sino a la capital francesa. ¿Cómo se impidió que quedara integrado en los fondos del Museo Picasso de París?

Moreno Galván llegó a ser encarcelado por organizar un homenaje a Picasso en la Complutense"

-Las negociaciones para la devolución del Guernica se habían retomado tras la muerte de Franco en 1975. Poco antes había fallecido Picasso dejando una complicada sucesión al haber estado casado varias veces y tener hijos dentro y fuera del matrimonio. Gracias a su abogado Roland Dumas, Picasso redactó en 1970 una carta dirigida al MOMA de Nueva York dejando claras las condiciones de depósito de la obra, que sólo sería devuelta a España "cuando se hubieran restablecido las libertades democráticas". Dumas también consiguió que, a falta de testamento, los herederos excluyeran el Guernica y el conjunto de obras preparatorias del reparto de bienes de la sucesión, que finalmente firmó en 1979. Gracias a un cambio en la legislación francesa, se permitió la dación de obras en pago por los derechos sucesorios, dando lugar a la importante colección que sería el germen del futuro Museo Picasso de París.

-En su libro destaca diversos intentos frustrados por acercar a Picasso y su obra a España durante el franquismo a cargo de personalidades tan dispares como el torero Luis Miguel Dominguín y el crítico de arte sevillano José María Moreno Galván.

-La difícil relación del régimen franquista con el que entonces era el pintor español más reconocido en el panorama internacional se agrió aún más con su ingreso en el Partido Comunista francés en 1944. Por un lado, el franquismo buscaba atraer de nuevo al artista hacia su país natal mediante la realización de alguna exposición o la posibilidad de que realizara alguna donación de sus obras, pero las frecuentes manifestaciones políticas de Picasso hacían que acabase por ser considerado un enemigo político del régimen. El contacto entre ambas partes acabó por hacerse a través de personajes como el torero Luis Miguel Dominguín o los galeristas Joan y Miquel Gaspar. El crítico de arte José María Moreno Galván tuvo la iniciativa personal de visitar a Picasso en su casa de La Californie para proponerle la realización de una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid o la donación de alguna de sus obras. Picasso era un completo desconocido para el público español, ya que no se celebraban exposiciones del artista y sólo había una obra suya en las colecciones del Estado. Años más tarde de esta importante iniciativa, Moreno Galván sería encarcelado por organizar un homenaje a Picasso en la Universidad Complutense de Madrid.

-¿Qué aspectos del compromiso de Picasso con la República española le parecen más sugerentes?

-Picasso estuvo fuertemente comprometido con la causa republicana. En 1936 fue nombrado director del Museo del Prado por el gobierno de Azaña y poco después recibió el encargo para realizar un gran mural para el Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París. Cuando se clausuró la muestra, el artista supo ver el valor propagandístico que podía tener el Guernica para recaudar fondos para los refugiados republicanos y envió la obra a Gran Bretaña con este propósito para ser exhibida en Londres, Oxford o Manchester. En 1939 el mural llegó a Nueva York con la misma intención y, ante la inminencia de la II Guerra Mundial, quedó depositado de manera temporal en el MOMA. Picasso acogió y ayudó económicamente a los artistas españoles exiliados en París, colaboró en exposiciones contra el régimen franquista y diseñó carteles en los que se denunciaba la represión política en España. A una de estas exposiciones -hasta ahora prácticamente desconocida- se alude en el libro a partir de abundante documentación inédita. Titulada España Libre, esta muestra celebrada en Italia supuso una importante demostración de oposición hacia el régimen, que por entonces se disponía a celebrar los 25Años de Paz con los que se conmemoraría el final de la guerra civil.

-¿Qué novedades principales aporta su libro sobre la etapa en que el mural estuvo expuesto en Nueva York?

-Desde su llegada al MOMA en 1939, el Guernica se convirtió en uno de los focos de atracción de la institución. Su director Alfred Barr solicitó la obra para exhibirla en la gran retrospectiva titulada Picasso: Forty Years of His Art. Por primera vez, el Guernica pudo ser contemplado no sólo como la plasmación de un conflicto bélico, sino como un hito importante en la evolución artística de Picasso. Con la voluntad de desentrañar su significado, Barr organizó en 1947 un simposio sobre el Guernica en el que contó con la presencia de Josep Lluís Sert o Juan Larrea. Barr terminó colocando una cartela junto al cuadro en la que deliberadamente se evitaba cualquier mención a su significado: "El propio Picasso -decía la cartela- ha negado cualquier significación política, indicando simplemente que el mural expresa su aborrecimiento de la guerra y la brutalidad". Durante los más de cuarenta años que el Guernica estuvo depositado en el MOMA, la institución cuidó con esmero el estado de conservación de la obra, que ejerció una importante influencia sobre los artistas del expresionismo abstracto norteamericano. Recientemente se ha descubierto en los almacenes del museo su primer bastidor, que fue sustituido en 1964 por otro más moderno y que conserva actualmente.

-¿En qué medida tiene sentido para Genoveva Tusell la afirmación de que el Guernica fue el último exiliado español?

-La llegada del Guernica tuvo sin duda una significación trascendental para la España de la Transición, constituyendo el final de un largo proceso que se inició con la gestación de la obra durante la guerra civil hasta su devolución al gobierno democrático. Creada como testimonio de la sangrienta división de los españoles, la obra llegó a nuestro país convertida en un símbolo de reconciliación. La mayoría de los editoriales de los periódicos madrileños relacionaron las libertades civiles recuperadas en España con la devolución del cuadro, al que se refirieron como "el último exiliado". Creo que, efectivamente, con la llegada de la obra a España se cerraba una etapa que se había iniciado con la guerra civil y continuó con los años de dictadura, y se ponía punto final a la transición en el terreno cultural. Resulta innegable que la llegada del Guernica a España tuvo también una importante significación en el terreno cultural, pues representó la definitiva recuperación de la vanguardia artística española. Picasso, Miró y Dalí, tres grandes artistas españoles del siglo XX, habían permanecido por distintos motivos ajenos al panorama expositivo en España, así como a las colecciones de los grandes museos estatales. La recuperación de estos artistas así como la de otros muchos que habían permanecido en el exilio, resultó clave para la culminación de la transición cultural.

-¿Por qué hubo tantas discrepancias internas con respecto al cuadro en las políticas culturales y de exteriores del franquismo y la Transición?

-El primer intento de recuperación del Guernica tuvo lugar en 1968, cuando con el propio general Franco encargó a Carrero Blanco las gestiones para conocer las condiciones de depósito de la obra y las posibilidades de su traslado. El Guernica se había convertido en el símbolo de la lucha contra la dictadura franquista que el régimen veía como la interpretación de un hecho de guerra realizada por sus enemigos. Pero a finales de los sesenta, cuando se estaba construyendo el edificio del nuevo Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid, la obra podía ser la estrella de la institución, un tesoro artístico que debía recuperarse como homenaje al artista y como símbolo de que no existía objeción política alguna. Esta iniciativa estaba necesariamente condenada al fracaso mientras se mantuviera el régimen político dictatorial y Picasso no tardó en establecer a través de su abogado las condiciones de la hipotética devolución: cuando en España se restableciera el régimen democrático. Con la muerte de Franco, la recuperación de la obra cobró otro significado, pues cumplir con el requerimiento impuesto por el artista significaba la existencia de una democracia sólida en España. La consecución de la devolución del Guernica fue una tarea colectiva que transcurrió paralela al restablecimiento de la democracia.

-Su libro homenajea a muchas personas pero especialmente a tres: Joaquín Tena, Íñigo Cavero y su padre, Javier Tusell.

-La recuperación del Guernica fue resultado de una labor colectiva en la que estuvieron implicadas una gran cantidad de personas de muy distinta procedencia y signo político. En mi libro he querido rendir un homenaje a estas tres personas que, lamentablemente, se fueron muy pronto. El abogado del Estado Joaquín Tena era entonces el Secretario General técnico del Ministerio de Cultura y su papel fue determinante en el momento en el que, una vez demostrada la propiedad por parte del Estado español, se vislumbró la posibilidad de acudir a los tribunales para conseguir su devolución. El entonces ministro de Cultura Íñigo Cavero supo ver la importancia que podía tener la llegada a España de la obra y centró sus esfuerzos en su consecución. Por último Javier Tusell, como director general de Bellas Artes, fue el encargado de conducir las negociaciones con el MOMA y los herederos. Su cabezonería hizo que no cejara en su empeño a pesar de las numerosas complicaciones que surgieron en todo el proceso. En este sentido, este libro tiene un aspecto personal muy importante, pero era necesario narrar la historia con objetividad, por eso desarrollé una larga y profunda investigación previa. Pero hubo otros personajes cuyo papel fue determinante -como Rafael Fernández Quintanilla o José Mario Armero- a los que se alude de manera pormenorizada en el libro.

-¿Qué papeles o documentos destacaría entre el material que ha sacado a la luz sobre la llegada de la obra a España?

-El libro es el resultado de una investigación que se inició hace quince años pero se intensificó en los últimos cinco a partir de la consulta de archivos y bibliotecas de todo el mundo, especialmente España. La necesidad de realizar un relato objetivo de toda esta historia hace que se emplee abundante documentación: cartas, fotografías, informes o testimonios orales. Si tuviera que destacar alguno, sería la correspondencia mantenida entre Maya Picasso y Javier Tusell, en la que se puede ver el alcance de las negociaciones con los herederos del artista. O los informes internos del Ministerio de Cultura, entre ellos los que se refieren a la necesidad de realizar el traslado de la obra de una manera lo más discreta posible por motivos de seguridad, lo que hizo que en las comunicaciones se refirieran al Guernica con un escueto cuadro grande. Hay documentos que podrían haber cambiado muchas cosas, como el recibo del pago de 240 francos a Dora Maar por el conjunto de fotografías sobre los diferentes estados de realización del Guernica. En 1997 el Estado Español pagó una importante cantidad de dinero por una parte de estas fotografías que, sin saberlo, eran ya de su propiedad.

-¿Qué le resulta más llamativo del compromiso de los intelectuales catalanes y de las galerías de Barcelona con la obra de Picasso durante el franquismo?

-Picasso mantuvo siempre una relación muy especial con Barcelona, ciudad en la que no sólo dio sus primeros pasos como artista, sino en la que también estableció un círculo de amigos, intelectuales y artistas que conservó el resto de su vida. Entre estos amigos destacaban Manuel Pallarés, Joan Vidal i Ventosa, los hermanos Fernández de Soto, Sebastià Junyer-Vidal, los hermanos Raventós, Manolo Hugué o Carles Casagemas. En los años 50 la Sala Gaspar desempeñó un papel esencial para dar a conocer la obra de Picasso en su país de origen. Fue entonces cuando los galeristas Miquel y Joan Gaspar, junto con la esposa del último Elvira Farreras, conocieron al artista a través de su secretario personal, Jaume Sabartés. A partir de ese momento entablaron una relación de amistad muy estrecha, pues los galeristas visitaban con frecuencia a Picasso en la Costa Azul y le mantenían al tanto de lo que sucedía en España. A partir de entonces, la Sala Gaspar tuvo como costumbre organizar anualmente una exposición de obras de Picasso, procurando hacerlo alrededor del mes de octubre, coincidiendo con la fecha de su cumpleaños. Esta estrecha relación de Picasso con la ciudad explica que Barcelona fuera la primera en acoger un museo dedicado exclusivamente al artista, que fue inaugurado en 1963 y se debió a la iniciativa de Jaume Sabartés y el empuje de su alcalde José María de Porcioles. Una institución a la que la administración franquista se refería como "Colección Sabartés" y que tardaría en tener la denominación oficial de Museo Picasso.

-Por último, a título personal, ¿por qué cree que este cuadro ha generado tantos relatos y ha sido tan influyente?

-El Guernica se ha convertido en una de las obras más importantes del siglo XX que ha trascendido el hecho histórico para convertirse en un icono por la paz y contra la guerra. El poder del Guernica, que nos permite reconocer con mayor claridad los crímenes de nuestro tiempo, es un tributo a la eficacia moral que poseen algunos ejemplos del arte universal. Aunque tras la matanza de la localidad vasca se produjeron otros mortíferos ataques aéreos durante la Segunda Guerra Mundial, todo el mundo reconoce el Guernica como la imagen que representa la barbarie de un bombardeo, precisamente gracias a que Picasso decidió plasmarla sobre el lienzo. Pero es una imagen que ha trascendido el hecho histórico para convertirse en una denuncia de las matanzas de inocentes, como ha sucedido con los conflictos bélicos en Vietnam, Irak o, más recientemente, Siria. Desde su creación en 1937, la obra de Picasso no ha perdido su capacidad para impresionar al espectador, convirtiéndose en una poderosa imagen que habla de la reconciliación y la esperanza en el advenimiento de una paz estable y duradera.

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