Crítica de Música

Haendel, una apuesta segura

Representación en concierto de la ópera de Haendel 'Rinaldo' en el Teatro de la Maestranza dentro del Festival de Música Antigua de Sevilla. Representación en concierto de la ópera de Haendel 'Rinaldo' en el Teatro de la Maestranza dentro del Festival de Música Antigua de Sevilla.

Representación en concierto de la ópera de Haendel 'Rinaldo' en el Teatro de la Maestranza dentro del Festival de Música Antigua de Sevilla. / juan carlos vázquez

En más de veinticinco años y tras más de cien producciones, el Teatro de la Maestranza tan sólo ha programado tres títulos de ópera barroca escenificada: L'incoronazione di Poppea, Giulio Cesare y Partenope. Escaso y triste bagaje que supone una escandalosa anomalía respecto a los teatros de su misma categoría en España y en Europa y que únicamente obedece al desinterés y el desconocimiento de los responsables de la programación sevillana.

Y público no falta, a la vista de la respuesta al espectáculo de anoche o al del recital Haendel/Vivaldi de hace unas semanas. Porque si hay un público fiel, entendido y activo en la ciudad es el de la música barroca, un activo social incomprensiblemente sin aprovechar por el Teatro de la Maestranza.

La ausencia de ópera barroca, anomalía que el Maestranza debería solventar cuanto antes

La reacción del público a este Rinaldo en versión de concierto fue entusiasta y acalorada, en justa correspondencia a la calidad del espectáculo disfrutado. A pesar de su carácter de ópera de acarreo, Rinaldo está llena de inagotables bellezas y de una sabiduría compositiva poco habitual en un joven de veintiséis años, que era la edad que Haendel tenía en el momento de su estreno.

Harry Bicket conoce bien el universo haendelianio, sus claves y sus señas de identidad estilística y lo sabe transmitir con ese sello tan nítidamente británico que lo califica a él y al English Concert. Todo funciona a la perfección, con exactitud, empaste y conjunción, con brillantez en los momentos necesarios y con delicadeza en otros. No hay riesgos en materia de articulación y fraseo y se busca más la belleza del sonido global que la riqueza de timbres, para lo cual cuenta con músicos de gran solvencia, incluso brillantes como la primer violín o la solista de flauta dulce.

El elenco vocal fue excepcional prácticamente en todos los papeles, empezando por una Maite Beaumont que puso su voz suave, acariciadora y cálida al servicio de un fraseo delicado, muy atento a la expresión de los afectos más tiernos y también a las efusiones de furia, en las que descolló por la maestría de su coloratura. Le daba la réplica la Almirena de Joélle Harvey: voz de bello timbre, delicada, penetrante y capaz de conmover con su forma pausada de paladear ese maravilloso momento que es Lascia ch'io pianga. De sonido profundo y graves engolados, Cooke hizo un Goffredo algo frío en la expresión de los afectos. Todo lo contrario que el impresionante Pisaroni, voz de impacto, agilidades perfectas y expresividad máxima. Sensacional resultó oír de primera mano a una futura estrella como Orlinski, de voz penetrante, potente y muy homogénea. Jane Archibal lució sensibilidad (Ah, crudel) a la vez que energía gracias a unos agudos refulgentes como rayos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios