Crítica de Teatro

Lorca, más vivo que nunca

¡menudo año! Esta temporada de teatro pasará a la historia sin duda. Con Histrión Teatro se mantiene la racha ya respaldada por los estrenos del resto de compañías referenciales de Andalucía. Y, aunque, la obra obtuvo el Premio al Mejor Espectáculo de la Feria de Teatro de Palma del Río, Lorca siempre es una hidra (en sentido positivo) de mil cabezas. He visto cientos de acercamientos a su figura, a su obra, y se suceden los aciertos y los disparates, el amor entregado y el amor traidor. Histrión nunca defrauda, pero, de nuevo, se ha conjuntado la excelencia. A la incontestable sabiduría como actriz de Gema Matarranz, nuestra Xirgu, se suma la dramaturgia de Juan Carlos Rubio (viejo conocido de la compañía granadina), la escenografía de Curt Allen, la iluminación de Juan Felipe Tomatierra, y la música de Miguel Linares. De nuevo, la fórmula de trabajar con los mejores ha dado el resultado lógico.

Lorca es el mejor retrato que se ha hecho de la figura del granadino de todos los tiempos. Juan Carlos Rubio se ha metido en la piel del autor de Fuente Vaqueros. Ha diseccionado su vida y sus escritos. Ha construido un Frankenstein y su criatura tiene vida. Tanta vida que es la primera vez que he sentido que Lorca se me hacía corpóreo, la primera vez que he vivido, junto a él, sus anhelos y sus miedos, su profunda entrega a la poesía, el rechazo de su homosexualidad -¡ya era hora de que este tema adquiera su importancia real cuando se habla de Lorca!-, su amistad con Dalí y sus amantes, su dependencia familiar, su actividad política. Hoy, por primera vez, el mito ha bajado a la tierra y se ha hecho carne. Gema Matarranz y Alejandro Vera bordan esta doble versión del poeta desde el hombre y la mujer.

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