Una feria de arte actual para Sevilla

  • Fibes acoge hasta el domingo la primera edición de ArtSevilla, una cita preocupada por la reflexión y la teoría que acoge además un congreso y debuta con una correcta organización

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ArtSevilla es el tercer intento de establecer en Sevilla una feria de arte actual. De los dos anteriores, el más coherente fue Arte y Hotel. Confluyeron en ella galerías de calidad de Sevilla y de diversas ciudades del Estado español con obra reciente de autores contemporáneos reconocidos, sin que faltaran tampoco los jóvenes. Pero la feria siempre parecía estar en precario, sin que se supiera muy bien por qué. De hecho, la última edición, celebrada en el Pabellón del Futuro, en la isla de la Cartuja, pese a su calidad, estuvo cada día cruzada por un indefinible canto del cisne.

La otra feria, impulsada por Forum Filatélico y desaparecida con esa misma entidad, fue mucho más gris. En alguna edición participaron diversas galerías de Sevilla, con lo que la propuesta ganó calidad y sobre todo actualidad. En casi todas las demás ediciones concurrieron galerías de escaso relieve junto a otras de mayor interés pero centradas sobre todo en obras y firmas consagradas pero nada actuales: no eran galerías con una nómina de artistas que trabajaran en ellas, sino firmas que adquirían obras, valores seguros, para ponerlos a la venta. Una suerte de anticuarios de arte moderno.

ArtSevilla parte con novedades respecto a los anteriores proyectos: una estrecha relación con las facultades de Bellas Artes de las universidades andaluzas y un contexto teórico concretado en revistas, como la de la propia feria (Arts) y otra, El Respirador, que, con ocasión de la feria presenta en papel un inquieto grupo de graduados en Bellas Artes. De esta preocupación por la teoría surge también el congreso de arte contemporáneo que transcurre paralelamente a la feria.

Yendo ya a la obra ofertada por las galerías, es preciso reconocer que es sin duda desigual, siendo de interés sólo en ocasiones. Destacan algunos jóvenes autores, como Antonio Barahona, un pintor que se acerca a la naturaleza como investigador del color y el ritmo, por lo que su trabajo puede (favorablemente) desconcertar al desbordar los valores estrictamente pictóricos a los propios del paisaje. En la misma galería, ArteFactory7, un laborioso cuadro de un autor sobradamente consolidado, Juan Ángel González de la Calle, va en parecida dirección: las formas del gran árbol se han recortado de modo que es el muro lo que proporciona fondo a la figura. Junto a ambos, novedosas obras de Paco Pérez Valencia, piezas gestuales con aire de pasquín, y los limpios y exactos interiores arquitectónicos de Norberto Gil.

En Espacio 1 de 7, destacan de manera especial las fotografías de Borja Moreno, cuidados estudios espaciales que subrayan el valor de la línea, el plano o el pliegue con notoria exactitud y una cuidada gama de grises. También poseen interés, aunque casi exclusivamente por su técnica, los dibujos de Cristina Vela. En la Galería de arte Haurie, sevillana, como las dos anteriores, pueden verse unos lienzos correctos de David Morago cuyo protagonista es el libro.

En la galería colombiana, Sabine, merecen subrayarse las pinturas de Joan Casas, un joven autor que se sitúa en la estela del arte pop con piezas que despiertan la memoria del cómic. También merecen citarse, ya en el stand de la Fundación Acuda, de Valencia, los fotomontajes de Fernando del Real y las fotografías de objetos industriales de Sergio García Monge.

Es necesario finalmente citar a Lorenart, una galería madrileña con casi 30 años de ejecutoria, centrada en obras aisladas de autores reconocidos. El visitante puede encontrar en ella un excelente Millares de amplio formato y piezas de técnicas diversas debidas a Lucio Muñoz, Jorge Oteyza, Benjamín Palencia o Miquel Barceló. Por completar la nómina de autores, digamos, históricos, en el recinto de García Aguilar hay algunos paisajes de Quirós.

El recorrido por la feria no puede olvidar la presencia de obras seleccionadas por los propios organizadores. Una de ellas son las interesantes fotografías de Sara Novovitch que, valiéndose de las estructuras del tangram, ofrece una sugerente combinatoria del cuerpo humano.

Cualquier comienzo tiene siempre algo de aventura. El de ArtSevilla es ciertamente arriesgado porque la ciudad no destaca por su mercado de arte. En esta perspectiva hay que situar la feria, subrayando su conexión con la reflexión y la teoría, su correcta organización y un puñado de obras que justifican sobradamente la visita.

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