El Circo del Sol abre su trastienda de lo imposible en Sevilla

Alrededor de 120 personas, entre técnicos y artistas, están implicadas en el nuevo espectáculo de la compañía canadiense

‘Kurios -Gabinete de Curiosidades’ se estrena esta tarde

Así son los ensayos en el Circo del Sol / Juan Carlos Vázquez

Esta tarde se abrirá la carpa del Circo del Sol para que Sevilla pueda disfrutar del espectáculo Kurios - Gabinete de Curiosidades, la nueva propuesta que residirá a orillas de Triana hasta el 8 de marzo. Ayer, la emoción y los nervios por el estreno en una nueva ciudad –después de un merecido descanso por Navidad– era palpable en cada rincón del recinto. Camiones entrando y saliendo del espacio sin cesar, personal sorteando los gigantescos charcos que la lluvia ha dejado a su paso en el Charco de la Pava y artistas cargados con mochilas para cumplir con su hora de entrenamiento. La disciplina y la organización milimétrica son una máxima de la compañía canadiense. Entrar en el backstage es sinónimo de encontrar una trastienda atestada de artistas haciendo uso de los diferentes tatamis. Un espacio para diferentes fines en el que conviven con un equipo de vestuario absorto en planchar cada pliegue y con los técnicos que transportan cachivaches hacia el escenario. Ningún fleco puede quedar suelto.

Los espectadores comprobarán en este nuevo espectáculo que lo imposible puede hacerse realidad en apenas un minuto. En sentido literal y –alerta, pequeño spoiler– metafórico. También observarán que los detalles campan a sus anchas por el patio de butacas. Lejos de lo que pueda parecer, todo en el Circo del Sol se cuida al milímetro. “El tiempo es muy importante para nosotros. Tenemos que hacer tantas cosas que los calendarios son nuestra herramienta principal para llegar a todo”, explican desde la organización. Nada más lejos de la realidad. Abundan por todo el backstage. Cada equipo tiene el suyo y cada artista también. Horarios marcados en diferentes colores que indican cómo, cuándo y dónde debe estar cada una de las 120 personas que giran. Pura precisión que se traslada, como no puede ser de otro modo, a escena.

Cuando uno pisa la trastienda en la que se fragua la magia, el ambiente cambia. Un forzudo estira sobre el tatami azul mientras mira de reojo al grupo de prensa que visita su templo. A unos metros, unos jóvenes rompen el silencio mientras preparan las herramientas para ensayar el número de banquine. En apenas unos minutos, piden a los presentes que guarden una distancia prudencial y arrancan varias secuencias de acrobacias perfectamente sincronizadas. En un abrir y cerrar de ojos, construyen una columna humana de tres personas a la que se van sumando acróbatas dando una única voltereta de espaldas. Como si la gravedad no existiera. Tan rápido como la torre se ha compuesto, se disuelve con una nueva tanda de acrobacias más impactantes que la anterior. El grupo está –simplemente– calentando antes de pasar al escenario, donde se celebra el ensayo general con música.

Ensayo del número de ‘banquine’.
Ensayo del número de ‘banquine’. / JUAN CARLOS VAZQUEZ

Arrinconada, una pantalla de plasma ubicada frente a dos sofás marrones de piel emite en directo cuanto sucede en el interior del patio de butacas. En ese momento, siete jóvenes están inmersos en el número de Acro Net. Una red inmensa queda suspendida sobre la inmensidad del escenario y los acróbatas saltan y rebotan alcanzando alturas de 14 metros. La red está ajustada de forma que los artistas, de pie sobre la superficie, pueden usar sus piernas para regular el movimiento de rebote. Así, son capaces de crear un efecto de resorte que impulsa a sus compañeros hasta prácticamente la cima de la carpa.

Uno de los siete es Mathieu Hubener, gimnasta de competición que ingresó en el Circo del Sol –para el espectáculo Saltimbanco– en 2010. En 2013, se unió al elenco de Kurios, donde desempeñó un papel fundamental al ser uno de los ideólogos del número que ahora ensaya con valentía. Resta peso a volar a casi 15 metros de altura y a velocidades de hasta 59 km por hora: “He hecho acrobacias toda mi vida y es lo que me gusta. Cuanta más altura alcanzamos, más divertido nos parece”. Lo compara –salvando las distancias para la mayoría de los mortales– con “caminar”, porque hacen “algo” que “controlamos al 100%”.

Lo cierto es que el acto de Acro Net es uno de los más espectaculares del show. De esos que quitan el habla a los espectadores. Lo que pocos saben es que nació de un fallo. Cuando una red de seguridad estaba floja para otro número de Kurios, en lugar de corregirlo nació la idea de crear uno completamente nuevo que funcionara a la inversa de un trampolín tradicional. Para conseguir este propósito, necesita a siete personas que consiguen alcanzar alturas impactantes. “Hasta hace unos meses éramos el único show en el mundo que lo hacía”, recuerda Hubener y explica que lo han exportado a México con ciertas modificaciones.

Siete artistas practican el número de Acro Net en el que una red inmensa queda suspendida sobre el escenario.
Siete artistas practican el número de Acro Net en el que una red inmensa queda suspendida sobre el escenario. / JUAN CARLOS VAZQUEZ

El joven no solo forma parte del número de Acro Net, también interpreta a uno de los personajes principales: el Sr. Microcosmos. Una figura que refleja el progreso en su propio traje. Su vestuario está inspirado las estructuras de edificios como la Torre Eiffel y en el avance que significaron eventos como el tren de vapor. De hecho, su armazón se parece la parte frontal de una locomotora del siglo XX. “Tengo la suerte de combinar ambas facetas. Normalmente, los personajes son personajes y los acróbatas son acróbatas”, recalca con una sonrisa y valora que estar “siempre sobre el escenario” supone “una oportunidad única”.

Eso sí, si de elegir se trata, lo tiene claro: “Interpretar al personaje es más difícil y, además, el disfraz es muy pesado... el número de Acro Net es un parque de atracciones”. No dice ninguna tontería. El traje del Sr. Microcosmos pesa algo más de nueve kilos y tiene sus propios sistemas independientes de luz y ventilación.

120 trajes y 8.000 piezas entre zapatos, pelucas y accesorios

Quien se encarga de que esta prenda, las 120 restantes que necesita el elenco y las 8.000 piezas entre accesorios, zapatos y pelucas estén a punto es la santanderina Mar González, jefa de vestuario. Diseñada por Philippe Guillotel, la ropa de este espectáculo nos traslada a finales del siglo XIX, con una estética steampunk. Guillotel escogió cinco o seis materiales que utilizó de diferentes formas. Además, se sirvió de la impresión 3D para crear volúmenes que dan la sensación de rigidez pero, en realidad, son tan ligeros como resistentes y duraderos.

El equipo de vestuario revisa el acabado de las prendas.
El equipo de vestuario revisa el acabado de las prendas. / JUAN CARLOS VAZQUEZ

Explicada la teoría, sobre el terreno está González liderando un equipo de nueve personas. Cada una sabe perfectamente lo que tiene que hacer –tampoco faltan los calendarios en esta parte del backstage– y cumple con disciplina. Las lavadoras no frenan, las planchas desprenden vapor y las pelucas se revisan con minuciosidad.

El quid del vestuario del Circo del Sol es, a su juicio, “encontrar ese equilibrio entre lo que los artistas necesitan para hacer sus acrobacias y lo que el diseñador quiere”. Esa “mezcla”, abunda, es la que hace que la compañía sea “especial”. Hasta que no entró en 2003 –con la obra Saltimbanco–, no fue consciente de “la cantidad de gente” involucrada en elaborar un solo traje, buscando los colores y las técnicas perfectas.

No duda en señalar la licra como el material más utilizado, sobre todo en los trajes de los acróbatas. “En Montreal se cortan los patrones de cada artista, se tiñen, se subliman y se le aplican un montón de procesos como añadir pegamentos especiales o telas plisadas”, detalla esta diseñadora cuya pasión por la moda nació cuando su abuela le regaló su primera máquina de coser y la apuntó a clases de sastrería. “Lo que podría empezar como un rollo blanco y una cremallera, se transforma en algo súper original y a la medida exacta del artista”, subraya.

Una de las acrobátas estira sobre el tatami antes de ensayar.
Una de las acrobátas estira sobre el tatami antes de ensayar. / JUAN CARLOS VAZQUEZ

Entre burros atestados de trajes dorados, azules, verdes y plateados, pone en valor las habilidades de un equipo que ha sabido incorporar a las prendas muchas piezas de utilería: “Necesitamos unos conocimientos que van un poquito más allá de la costura. Tenemos que aprender a trabajar con fibra de vidrio, con diferentes espumas y acabados”.

No solo pone en valor la destreza de sus compañeros, también la de los artistas que tienen que dedicar un tiempo diario a maquillarse. Reciben una formación en Montreal y, posteriormente, una guía detallada que alcanza los 20 pasos en algunos personajes. Tardan de una hora a hora y media en prepararse. “Ese momento antes del espectáculo” en el que se sientan delante del espejo sirve, según González, “como un momento de reflexión y de concentración” antes de subir a escena y mirar de cerca al respetable.

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