jamie bernstein. escritora, directora y actriz

"Mi padre hizo la música que le gustaba, sin preocuparse por su reputación"

  • La hija de Leonard Bernstein estará mañana en el Maestranza con un concierto didáctico sobre la obra de su progenitor, un programa que analiza el ritmo en las composiciones del maestro

Jamie Bernstein (Nueva York, 1952), fotografiada ayer en el Hotel Vincci La Rábida. Jamie Bernstein (Nueva York, 1952), fotografiada ayer en el Hotel Vincci La Rábida.

Jamie Bernstein (Nueva York, 1952), fotografiada ayer en el Hotel Vincci La Rábida. / RAFAEL BELTRÁN DE TORRES

En los homenajes que Sevilla dedica a Leonard Bernstein (1918-1990) en su centenario no podía faltar una mirada a una faceta a la que el director de orquesta y compositor se entregó con pasión: la de divulgador de la música entre los jóvenes. The Bernstein Beat, un concierto que acoge mañana el Maestranza, y para el que se han agotado las localidades, reúne a talentos emergentes -los alumnos del máster de interpretación que organiza la UNIA y la Fundación Barenboim-Said actuarán como solistas; les acompaña la Orquesta Sinfónica Conjunta, integrada por el Conservatorio Manuel Castillo y la Universidad de Sevilla- con el legado del autor de West Side Story y Candide. Este programa centrado en el ritmo tiene una narradora de excepción: Jamie Bernstein, la hija del creador, que en esta entrevista evoca a su progenitor como un hombre enérgico y luminoso que siempre se preocupó por las generaciones que venían tras él.

-Usted dice que cuando oye la música de su padre tiene la sensación de que ésta quiere bailar.

-La música de mi padre era alegre, tiene tanta energía... Es perfecta para niños, por eso a mí me encanta compartir su obra con los jóvenes, porque les va a gustar. No se van a quedar quietos, yo les doy permiso para que se muevan en el asiento si les apetece.

-The Bernstein Beat sigue la estela de aquellos Young People's Concerts (Conciertos para jóvenes)en losque su padre dirigía a la Filarmónica de Nueva York.

-Ésa fue mi inspiración, sí. Aquellos conciertos fueron tremendamente populares. Todavía hoy, tras alguno de los conciertos donde soy narradora la gente me dice que gracias a los Young People's Concerts les gusta la música. Los mismos intérpretes me cuentan que su vocación viene de ahí, que vivían en ciudades donde no había orquestas y que si no hubiese sido por la televisión no habrían descubierto este mundo.

-La CBS retransmitió esos conciertos entre 1958 y 1972. Ahora parece difícil que una cadena de televisión haga una apuesta tan prolongada por la música...

-Todo ha cambiado. Cuando hablo con jóvenes de aquellos conciertos, les explico que lo que ocurrió fue que la televisión y Leonard Bernstein llegaron a la misma vez. En esos días toda la familia se sentaba delante de la única pantalla que había en la casa, así varias generaciones se enamoraron de la música y de mi papá al mismo tiempo. Si mi padre apareciera hoy, no ocurriría lo mismo. Ahora, ¿cuántas pantallas hay en una casa? Con los portátiles, los teléfonos, las tablets y los televisores... Es otra realidad. Y aunque se juntara toda la familia para ver un programa, los jóvenes estarían mandando mensajes con su móvil... La situación era muy distinta antes, por eso mi padre causó ese impacto.

-A Bernstein se le recuerda por su entusiasmo y su gestualidad a la hora de dirigir. ¿Tenía el mismo ímpetu en la intimidad?

-Sí, era así. Supongo que pudo hacer tantas cosas como hizo por un motivo, porque tenía problemas para dormir. Por eso pudo dirigir, estudiar la música de otra gente, componer su propia obra, redactar libros y poemas... y cartas. Él respondía uno por uno a quienes le escribían. Y, claro, todo eso se puede hacer si uno no duerme. Él poseía una especie de motor que no sabía apagar, una fuerza que no era normal.

-En The Bernstein Beat repasa algunos éxitos de la carrera de su padre como On The Town o West Side Story. ¿Cómo fue el proceso de selección del repertorio?

-Ideé este concierto con mi amigo Michael Barrett, un pianista y director de orquesta que fue alumno y asistente de mi padre. Necesitaba a alguien como él, que es músico, yo no lo soy. Pero elegir las diferentes piezas fue fácil, porque se trata de explicar el ritmo, ese asunto nos guió y sólo hubo que coger las composiciones que tenían más energía.

-Sevilla acoge esta temporada varios conciertos dedicados a su padre, y desde la ROSS aseguran que Sevilla es el "epicentro" europeo del centenario de su nacimiento. ¿Cómo va la conmemoración a escala mundial?

-En la oficina tenemos una base de datos donde ponemos todos los actos que se están celebrando con motivo del centenario, y ya hemos pasado los 3.000 en el mundo, y todavía llegan propuestas cada día. Es una celebración mundial, sí.

-Quizás porque hay creadores que sólo brillan en su momento, pero no es el caso de su padre. La modernidad de su música ha permitido que hoy se le aprecie.

-Su obra suena más moderna ahora que antes. En el siglo XX, la música seria tenía que ser dodecafónica, sin melodía, y mi padre no quiso escribir de esa manera exclusivamente, aunque sabía cómo hacerlo y lo hacía de vez en cuando. Él decidió hacer la música que le gustaba, sin preocuparse por su reputación. Los compositores de hoy trabajan con la misma mentalidad de él, y creo que la música de mi padre parece inventada ayer mismo. La que hizo para Broadway tiene mucha alegría, mucha emoción, es sorprendente.

-Otros espectáculos que usted narra están dedicados a Mozart y a Aaron Copland, un compositor que solía interpretar su padre.

-El de Mozart no lo represento desde hace unos diez años, porque creo que ya tengo mucha edad para encarnar a Mozart niño, pero aquello lo gocé, debo admitirlo: con ese disfraz, la peluca... Copland era amigo de mi padre, pero, como era algo mayor que él, le daba muchos consejos sobre cómo componer, que era algo en lo que mi papá no se había formado, porque estudió para dirigir.

-Usted realizó en 2014 Crescendo! The Power of Music, un documental sobre El Sistema, la red de orquestas juveniles que se creó en Venezuela, un proyecto muy afín a la sensibilidad de su padre.

-Siento que el maestro [José Antonio] Abreu y mi papá no se juntaran nunca, porque tenían mucha conexión. Entre las cosas que más le importaban a mi padre estaba buscar la forma de ayudar al mundo, de perseguir la injusticia, y compartir la alegría de la música con los jóvenes. En Crescendo, Elizabeth Kling y yo tratamos la llegada de El Sistema a Estados Unidos, y nos fijamos en dos programas, uno ubicado en Filadelfia y otro en Nueva York. No tengo tiempo en este momento para otro documental, pero tal vez algún día... Acabo de escribir unas memorias, se publican en junio, y ahora estoy ocupada con eso. Cuando era pequeña tenía una amiga que me llamaba Famous Father Girl [La niña del padre famoso] y he elegido ese título para el libro.

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