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Montella y un edificio a levantar

  • El italiano debe dar cierre al derbi e iniciar la reconstrucción

  • Ya usó el 3-5-2 en Florencia, Génova y Milán

Vincenzo Montella, en el entrenamiento junto a Maresca y ante Carole, Lenglet y N'Zonzi. Vincenzo Montella, en el entrenamiento junto a Maresca y ante Carole, Lenglet y N'Zonzi.

Vincenzo Montella, en el entrenamiento junto a Maresca y ante Carole, Lenglet y N'Zonzi. / víctor rodríguez

La planificación del Sevilla ha quedado señalada, tanto por el cambio de entrenador como por una derrota en la que volvieron a ponerse de manifiesto los graves problemas físicos y defensivos del equipo. Y la mejor prueba de ello es que la plantilla será reforzada en enero. Para ello tendrá Óscar Arias que consensuar con Vincenzo Montella cuáles son los puestos más deficitarios y la dolorosa derrota del derbi les puede venir bien porque desnudó muchas carencias. Pero el urgente diagnóstico no debe implicar precipitación en la elección de esos refuerzos. La premura va de la mano del napolitano desde que aterrizó en Sevilla, pero, tras el abrupto choque con la realidad, llega la hora de la tranquila reconstrucción.

Recién llegado, Montella apostó por un once de galones en el que repitieron en apenas cuatro días futbolistas fuera de forma, como N'Zonzi, o sin la capacidad para tanto minutaje, como Nolito o Jesús Navas. En el ataque hubo la única alternancia real, pues sólo entró por necesidad Franco Vázquez, en un giro más ofensivo al once del Ramón de Carranza, ante la baja de Pizarro, y Ben Yedder por Muriel. Y ahora, Montella debe iniciar la reconstrucción abriendo opciones. Sobre todo porque ya tiene más conocimiento de causa, viendo cómo rinden bajo presión y esfuerzo continuo algunos futbolistas que, desde fuera, tienen la etiqueta de titulares y que, desde dentro, deberían tener un rol más secundario o parcial.

Del derbi se pueden sacar varias conclusiones sobre cómo han actuado, sin tiempo, Montella y su cuerpo técnico. La primera es esa apuesta por repetir un once de galones sin apenas refrescar. Era algo lógico en un recién llegado que a partir de ahora podrá ir definifiendo mejor su equipo e ir repartiendo los roles por el rendimiento más que por nombres o etiquetas.

Llamó la atención también que no supiera leer mejor el partido, por unos cambios mal ejecutados. El primero, Muriel por Franco Vázquez, terminó de desestructurar la desfondada medular. El segundo, Correa por Nolito, resultó tardío, por el cansancio del sanluqueño, e inútil por la apatía del argentino. Y el tercero, el de Sarabia por Corchia, extrañó por lo postrero, minuto 84, siendo el madrileño uno de los futbolistas que, sin estar fino, tiene virtudes como el balón parado y el empuje para jugar por dentro y ayudar. Como extrañó que dos de sus ayudantes tampoco vieran desde la grada lo que él no veía a pie de campo. Daniele Russo y Enzo Maresca, sin licencia aún para estar en el banquillo, tampoco supieron ver el entuerto.

Señalados los yerros de la planificación, es hora de ver que hay mimbres para levantar el edificio sobre otro esquema. Una de las bazas con las que llegó Montella al Sevilla fue su versatilidad táctica. En la Fiorentina despuntó con un 4-3-3, pero hubo partidos en los que usó el 3-5-2, o el 4-3-1-2. Es más, en el Sevilla dibujó claramente un 4-4-2 tanto en Cádiz como ante el Betis, sobre todo en la fase defensiva. Para salvar la crisis en la que cogió a la Sampdoria también usó el 3-5-2, al igual que en la última época en Milán. Y por ahí debe escudriñar el napolitano cómo sacarle jugo a una plantilla que, con sus defectos y al margen de los refuerzos, tiene más de lo ofrecido.

La zaga de tres es una opción en busca de solidez. Ante una apuesta por los carrileros, en la izquierda están Escudero y Arana y Corchia tendría menos problemas defensivos. La medular quedaría mejor estructurada y, sobre todo, sería la mejor manera de darles cabida a los dos delanteros, como pareció buscar Montella con su primer cambio. Es una mera especulación, pero lo cierto es que el napolitano tiene ahora algo de más margen -el 0-2 del Carranza debería ser un colchón para que el partido del jueves no sea un avispero- y conocimiento de lo que tiene entre manos y de las posibles soluciones.

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