El duende contra el fantasma

  • Un minuto después de su salida, Jesús Navas dio un pase de gol como de otro tiempo

  • Ben Yedder surgió de la nada contra el mal recuerdo del Braga

Los escasos testigos de la reaparición del duende de Jesús Navas en el Basaksehir Arena. Los escasos testigos de la reaparición del duende de Jesús Navas en el Basaksehir Arena.

Los escasos testigos de la reaparición del duende de Jesús Navas en el Basaksehir Arena.

El Sevilla está obligado a mirar cara a cara a su destino. Está en la élite europea, pero ese grado debe mantenerlo superando el trance del play off de la Liga de Campeones, una previa con carácter de tabú por las frustraciones vividas en similares situaciones, sobre todo ante el Sporting de Braga hace siete años. También contra el Hannover 96 seis años atrás. El año que viene ya no habrá fantasma que espantar: el cuarto se clasificará directamente. Pero el empate en el minuto 83 en Estambul incluso recordaba al 1-1 en Moscú que derivó en otra frustración de Champions, con el CSKA, inmediato precedente europeo de la debacle del Braga. Entonces apareció Jesús Navas y zanjó con un pase de gol, otro más, todos los fantasmas.

Esa asistencia puede justificar su emotivo regreso después de un duro tira y afloja sobre su contrato. El palaciego tuvo una puesta en escena poco brillante ante la Roma. Pudieron con él las emociones, amontonadas en su cabeza: el recuerdo del amigo fallecido, ese dorsal 16 a la espalda en su regreso a Nervión, la ovación de la afición sevillista... Dicen que llegó a llorar de emoción al día siguiente de su presentación ante 15.000 aficionados en el Ramón Sánchez-Pizjuán, una vez que asimiló la dimensión de su esperado regreso.

Un minuto después de su ingreso en el campo, Jesús Navas recordó al de la noche de Glasgow, cuando conectó con Kanoute en otro partido jugado bajo la lluvia, mucho más fina que el aguacero turco, mucho más atlántica. Diez años han pasado ya desde aquel 16 de mayo en que se encumbró Palop bajo la cruz escocesa de San Andrés. Los mismos diez años que desde la muerte de Puerta. Curiosamente, el 0-1 al Basaksehir fue una especie de homenaje al inolvidable héroe del jueves de Feria. Escudero marcó con un zurdazo seco en el minuto 16 de un día 16 que debe hacer olvidar las frustraciones de aquellos malhadados 18 de agosto en Braga y Hannover.

En Estambul, Jesús Navas, al minuto de aparecer en su sempiterna banda derecha, se ofreció a Mercado por fuera y envió un pase raso interior que Ben Yedder, anticipándose en el primer palo, coló dentro con un sutil taconazo. El menudo francés fue otra aparición contra los fantasmas. Hasta ese momento había estado desaparecido, salvo en otro intento de taconazo a pase de Montoya en el primer periodo. La literatura de su gol requería un pasador de más pedigrí que el corajudo y esforzado volante argentino, un jugador que deberá ir cediendo paso a la calidad de Jesús Navas... y de Sarabia, ausente ayer en la convocatoria de Berizzo.

El técnico argentino apostó por la legión albiceleste. Puso en su primer once oficial como entrenador del Sevilla a todos los argentinos que tenía disponibles: Mercado, Pareja, Pizarro, Banega, Montoya y Correa. Sólo faltó Franco Vázquez, que permaneció en Sevilla para terminar de ponerse a punto. Su primer equipo presentaba dos únicos fichajes, Pizarro y Banega, que volvió a coincidir sobre el campo con cuatro compañeros de su primera etapa sevillista: Sergio Rico, Pareja, Escudero y N'Zonzi. El Sevilla es una montaña rusa de emociones, casi como un partido que tuvo controlado y que luego descontroló el aguacero turco. Cuando salió Jesús Navas amainó la lluvia y reapareció su duende, la inesperada sutileza que debe destruir cualquier fantasma.

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