El hartazgo ya es patente

  • Ni el regreso al banquillo de Eduardo Berizzo ni la consecución del récord de Jesús Navas condicionaron al sevillismo en su crítica

  • "El año que viene súbeme el carné", se oyó

Eduardo Berizzo sonríe ante los metas David Soria y Ondoa en el entrenamiento de ayer. Eduardo Berizzo sonríe ante los metas David Soria y Ondoa en el entrenamiento de ayer.

Eduardo Berizzo sonríe ante los metas David Soria y Ondoa en el entrenamiento de ayer. / sfc

Hartazgo, desilusión, frustración. Viendo lo vivo que está el Sevilla en los tres frentes competitivos que tiene abiertos, quinto en la Liga y en octavos de la Copa del Rey y de la Liga de Campeones, hasta chirría que el sevillismo esté pasando por este momento de desesperanza. Pero la realidad es que la afición ha perdido la fe en este proyecto, pese a haber cerrado el año 2017 sin haber visto en el Ramón Sánchez-Pizjuán ni una sola derrota, que se dice pronto. Sin embargo, la reacción del público durante el partido ante el Levante así lo confirma. El sevillismo, en el estadio, en las redes sociales, siempre tan prestas a la grandilocuencia y el oportunismo, en las conversaciones familiares o amistosas, está harto.

Fue especialmente doloroso el final del encuentro, con el equipo en el centro del campo uniéndose al homenaje del club a Jesús Navas por alcanzar el récord de los 416 partidos oficiales en forma de vídeo en el marcador mientras el público realizaba una sonora pitada. "El año que viene, súbeme el carné", se oyó como un hiriente eco que bajaba de las húmedas y desilusionadas gradas. Ni el regreso al banquillo de Eduardo Berizzo minimizó el efecto de la decepción generalizada.

Es la lógica cíclica del fútbol en una ciudad muy dada a los altibajos anímicos. Apenas 15 días después de la fiesta vibrante ante el Liverpool, la sensación generalizada es que el equipo, tras cuatro meses de competición, está sumergido en la indefinición. Todos buscan culpables y cada uno señala una causa distinta, desde algunos de los fichajes, hasta el modelo de juego o la ausencia de futbolistas con galones y personalidad.

El clan argentino está especialmente señalado, y de la crítica no se libra el entrenador, que tuvo la valentía de ponerse el mono de trabajo bajo la lluvia pese a estar aún convaleciente de su operación. Y la conclusión también generalizada es que ni convence su juego ni, quizá menos aún, satisface la planificación deportiva.

En este contexto, el futuro aparece negro actualmente y ni un sevillista quiere pensar que esa decepción estalle el día de Reyes en el derbi. Como tampoco ninguno ve posibilidad cierta de que, después de la imagen del Bernabéu y la incapacidad de doblegar al voluntarioso Levante, este Sevilla sea capaz de tutear al Manchester United en la Champions. Mientras, la Liga sigue su curso, pese a que la jornada no fue muy aciaga, y el quinto puesto se queda chico. Pero esto es fútbol y lo que un día es negro al siguiente es blanco. En enero habrá refuerzos, el capítulo de N'Zonzi debe cerrarse para bien o para mal y el convaleciente Berizzo -la dura ley del fútbol- ha de reaccionar desde lo táctico.

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