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Una huelga que hizo felices a seis seguidores

  • El Sevilla montó en el avión con la plantilla a media docena de hinchas que habían visto cancelarse sus vuelos a Barcelona y Múnich por la huelga de Lufthansa

Víctor Marín llegó el lunes a las cuatro de la tarde al aeropuerto de Sevilla con las carnes abiertas. La compañía alemana Lufthansa le había comunicado la cancelación del vuelo del martes 10 de abril entre Barcelona y Múnich y eso ponía en peligro el viaje para ver al Sevilla contra el Bayern. Tenía que realizar las gestiones oportunas para tratar de llegar a tiempo y la alternativa que le ofrecieron fue hacer noche en Barcelona para volar al día siguiente. Eso sí, sin garantizarle que esos enlaces pudieran llevarse a cabo de manera taxativa, tanto que el vuelo entre Sevilla y Barcelona de las 06:45 se había cancelado de manera definitiva y que los desperdigaban por diferentes aviones.

Tanto él como cinco amigos más formaban parte de esos 2.800 sevillistas que están previstos en las gradas del Allianz Arena para pelear por un sueño que parece imposible para todos salvo para ellos. Luis Cea, empleado con su padre en una distribuidora de Cruzcampo y director de la escuela de fútbol Peloteros de la localidad de El Rubio, "casi en la provincia de Málaga", se había tenido que levantar a las tres de la mañana para llegar a tiempo al aeropuerto, pero al arribar a San Pablo se encontraba con que todo se estaba poniendo imposible. "Nos llegamos a plantear coger un coche para llegar a Barcelona, pero era una auténtica locura", comenta.

Él, como muchos otros sevillistas que se habían buscado mil alternativas para estar en Múnich, era una víctima más de una huelga que habían programado en la compañía Lufthansa y en los diferentes aeropuertos en los que opera la compañía aérea alemana. El resto de la expedición de estos amigos estaba conformada por Luis del Ojo, un miembro de la secretaría técnica del Sevilla desde los tiempos de Monchi en el cargo, que se montó en el otro avión fletado por el club y que no se esperaba ver a sus amigos tan pronto en Múnich; Álvaro Infante y Manuel, conocido como Flamenco, que ejercen como comerciales; Antonio Alcaide, empleado en un bar, y David Martín, un conductor de Tussam.

Estos amigos son un magnífico ejemplo, por tanto, de las dificultades que se presentan para ser fieles al amor a unos colores futbolísticos. Problemas por todos lados, gastos adicionales perdidos, como alquilar un piso en Barcelona para pasar la noche del martes, una infinidad de inconvenientes incrementados ahora por una huelga inesperada. Tanto que Cea ya estaba a punto de coger el coche de vuelta para El Rubio. Parecía imposible poder llegar a Múnich con garantías.

Sin embargo, la historia de estos siete sevillistas viró de manera repentina cuando llegó el presidente del Sevilla, José Castro, al aeropuerto. Una fotografía para el recuerdo, una pequeña conversación antes de la comparecencia del dirigente ante los medios de comunicación y ahí comienza a cambiar todo.

A partir de ahí, el director de Comunicación del Sevilla, Jesús Gómez, conversa con estos aficionados por indicación de Castro y todo se soluciona en un plis plas después de las pertinentes gestiones con los encargados del vuelo chárter fletado por la entidad nervionense. Los seis aficionados sevillistas se montaron en el avión con la plantilla y pudieron encontrarse prontito con Luis del Ojo en Múnich para sorpresa de éste, que no los esperaba ya hasta mañana. Ellos tuvieron mucha más suerte que cientos de seguidores, que viven con incertidumbre su llegada hasta Múnich. ¿Y el pronóstico? "Vamos a pasar seguro", concluye el rubeño Luis Cea.

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