laliga santander | Sevilla-Getafe

Dos puntos al sumidero (1-1)

  • Una falta de Cala a Sergio Rico en un salto, ya en el alargue, que el árbitro no sanciona priva de la victoria a un Sevilla que va a más

  • Muriel y Nolito habían roto antes la telaraña de Bordalás

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Alberola Rojas, un colegiado castellano-manchego recién ascendido que bebe de las mismas fuentes que Mateu Lahoz, privó al Sevilla de una victoria merecida e importantísima en su propósito de acercarse a los puestos de Liga de Campeones. Este joven nacido hace 26 años en Ciudad Real se ha abierto paso en Primera con sus anchísimas espaldas y un estilo que sublima el contacto. Tanto deja jugar, que a veces olvida el reglamento. Y aunque Sergio Rico debió salir con más firmeza a por ese balón llovido y debió soltar el puño en lugar de blocarlo, el hecho de que estuviera fuera del área pequeña no legitima a Juan Cala a soltarle el brazo para desequilibrarlo en el salto, que fue lo que hizo. Falta de libro. Al árbitro lo pudo confundir esa tibieza de un portero que debe imponer con más determinación su 1,94 de estatura. Sergio Rico no pudo blocar la pelota, ésta se convirtió en una moneda al aire y salió cara para el Getafe, pues Ángel Rodríguez chutó a puerta vacía.

El fútbol no entiende de justicia ni méritos, hasta ahí podíamos llegar, y si tu dominio, tu insistencia y tu mejor juego no cristaliza en la única verdad de este caprichoso juego, que es el gol, puede ocurrir lo que este domingo ocurrió en Nervión, que la victoria penda de una jugada poco clara y sujeta a la interpretación del árbitro.

Al Sevilla se le fueron dos puntos por el sumidero mientras al Getafe le llovía uno del mismísimo cielo. Y no hay más que hablar. Alberola no va a cambiar ese 1-1 de su acta por mucho que vea repetida esa acción en la que Cala, que sabe que va a llegar tarde a la pelota, saca el brazo y va a entorpecer el blocaje de Sergio Rico. Este portero cubre mucha portería, se estira y tiene reflejos, pero el carácter y la determinación en las salidas no están entre sus virtudes, al menos todavía, y a veces lo paga y con él, su equipo.

Un equipo, por cierto, que está trazando una poderosa línea ascendente en su juego. Esa apuesta de Vincenzo Montella por dinamizar el juego a costa de sacrificar parte de la precisión y la seguridad en los pases redunda en un colectivo más vertical y profundo. Con las ideas más claras sobre cómo acercarse a la portería contraria.

Todos los de blanco trataban de escupir la pelota tal como la recibían. Por el propio consejo de su técnico, tan distante del fracasado manual de Eduardo Berizzo, y por la actitud del Getafe, un grupo concentradísimo, ordenado y solidario que obliga al enemigo a actuar rápido si quiere hacerle daño y evitar, al mismo tiempo, esas fulgurantes salidas de los azules.

La ventaja de que Montella disponga a los mismos una y otra vez –este domingo el único retoque fue Ben Yedder por Muriel– es que el ensamblaje se acelera. Y así es. En cambio, esa sucesión de esfuerzos, con dos partidos cada semana, ya está mermando la frescura de algunos. De su fuente más creativa, sobre todo. Y el eje que integran N’Zonzi, Banega y Franco Vázquez no tuvo ante el Getafe la precisión que la tupida telaraña de Bordalás exigía.

El Sevilla-Getafe en imágenes El Sevilla-Getafe en imágenes

El Sevilla-Getafe en imágenes / Antonio Pizarro

Aun así, el Sevilla encauzó el partido por los derroteros adecuados para que la victoria cayera de su lado. Jesús Navas y Escudero se desdoblaron con sentido, bien coordinados con Sarabia y Correa para aprovechar los movimientos que éstos trazaban hacia dentro.

Una lectura prejuiciosa del partido defendería que si el Sevilla se fue al intermedio con empate a cero, fue porque la cabeza de más de uno estaba en Leganés. Pero nada de eso sucedió. Los sevillistas fueron con todo. No se ahorraron ni una carrera. Ni un choque. Pero el Getafe es un hueso que hay que roer y roer con paciencia.

Hasta el descanso, el Sevilla puso mucho más juego que ocasiones. Clara de verdad, fue un cabezazo en plancha de Ben Yedder a centro de Jesús Navas (27’) y otro pase del palaciego a Sarabia en otro testarazo que impacta en el codo de Bruno. Ni hubo gol, ni penalti.

En esa primera mitad, echó de menos el Sevilla un punta que se peleara con los centrales, que las ganara de espaldas y lanzara a los que llegaban desde atrás. Ben Yedder se ha hecho futbolista, y goleador, por otro camino.

Montella lo vio claro y no esperó mucho: en el minuto 56, Muriel a la hierba por el menudo punta galo. Y el ataque se afiló. El colombiano apareció por fuera, dio un balón a Sarabia que acabó en un cabezazo cruzado que no fue gol por poco (58’).

El entrenador volvió a acertar con Nolito por el Mudo. El sanluqueño actuó por dentro y de él salió la apertura a Sarabia que acabó en el 1-0. Muriel, cuya confianza se ha disparado, recibió una pelota rasa con el cuerpo mal perfilado para el remate a portería, pero giró con habilidad el pie para desviar a la red la pelota (72’). Pudo hacer el segundo tres minutos después y Banega tuvo la sentencia en el 85, pero la cepa repelió el balón.

El partido siguió en el aire. Como esa pelota que Sergio Rico no blocó y quedó a criterio del ultrapermisivo Alberola.

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