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Sin saber cómo poner la manta

  • Berizzo mandó a Pizarro a vigilar las contras del Valencia y generó espacios en el medio al hundirse entre los centrales

  • En la segunda mitad, la nula velocidad del repliegue lleva al caos

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Sin saber cómo poner la manta

En un nuevo desastre del sistema de vigilancias, Berizzo cumplió en Mestalla un extraño y dudoso logro; cómo salir con el equipo atrás cuidándose de conceder espacios a las temibles transiciones del Valencia y, sin generar apenas peligro (en Moscú sí puede decirse que lo hizo), encajar cuatro goles al contraataque. Los dos primeros en dos robos y los dos últimos a plena carrera tendida, una de ellas por tercer partido consecutivo en un saque de banda pésimamente defendido.

El entrenador del Sevilla trató de poner la manta de manera que tapase lo máximo posible la zona de influencia de los Zaza, Guedes y Rodrigo. Metió -encima lo anunció en rueda de prensa- a Pizarro casi entre los centrales, dejando mucho espacio entre su posición y los otros dos centrocampistas, ambos de creación, ambos de poco reprisse, Banega y Franco Vázquez. El resultado fue la manta rota por la mitad, lo que, junto a dos pérdidas de balón, propició dos contras del Valencia. Y si los espacios no aparecían en la zona de tres cuartos, sí aparecían más atrás. Lo suficiente para que las balas de Valencia cogieran velocidad y fueran imposibles de frenar para una defensa estática y lenta.

En la segunda parte, con 2-0, la manta Berizzo ya no sabía cómo ponerla. Un tímido paso adelante para no hacer ningún daño y otra vez una pasmosidad asombrosa para armar los repliegues. Un equipo con el norte perdido, sin saber lo que tiene que hacer en el campo y totalmente a la deriva.

Defensa

Berizzo eligió un triángulo de centrocampistas, que, aparte de su ubicación demasiado alejada entre los vértices superiores y Pizarro, no tienen precisamente chispa en sus traslaciones. Se generó un espacio amplio y generoso para los creadores del Valencia, Kondogbia empujando y Pareja buscando a los hombres rápidos de arriba. Y todo, ayudado por dos situaciones muy claras: Pizarro se hundía en la corona del área si no era Zaza quien lo sacaba y Guedes se metía para dentro arrastrando a Mercado. Los centrales ya tenían que empezar a salir de su zona, produciéndose el desequilibrio. En el caso del primer gol lo provocó Corchia.

En la segunda parte, la situación se agravó escandalosamente porque ya lo que se vio perjudicada fue la imagen del equipo. Mal las vigilancias, lentos los movimientos de repliegue y muy poca tensión defensiva.

Ataque

De mentira prácticamente todo. Si en Moscú puede decirse que encerró a su rival, en Mestalla no inquietó nada o casi nada. Berizzo apeló esta vez a Muriel y el colombiano no cambió la dinámica, más allá de que buscó cambios en las posiciones de ataque, algo que hacía el Celta y que en el Sevilla rara vez ha buscado el entrenador. Muriel se iba a la izquierda como hacía Guidetti para que Nolito entrase, pero Nolito no tiene la velocidad de movimientos de Guedes, Zaza o Rodrigo. Esto duró poco, además. En la segunda parte, sólo Corchia entró una vez.

Virtudes

Tímido empuje tras el descanso.

Talón de aquiles

La sensación es de equipo roto, física y mentalmente muy superado.

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