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La salud es lo primero

Berizzo, en el banquillo sevillista. Berizzo, en el banquillo sevillista.

Berizzo, en el banquillo sevillista. / Antonio Pizarro

Sólo cuando falta se valora la salud. Salvo en los hipocondríacos, estar sano es una bendición que hace olvidar algo tan primario como que la salud es lo primero. El fútbol, si se lleva bien, sirve para tener una buena salud, tanto si se practica como si se sigue con la pasión justa. Es el pararrayos de muchas frustraciones rutinarias y evita males mayores. Es uno de sus secretos. Pero precisamente por ese punto pasional que hace del fútbol una necesaria espita de evasión, el aficionado deja a un lado los sentimentalismos cuando le frustran sus expectativas. Así se explica la pitada final a un Sevilla que volvió a tener al frente a Eduardo Berizzo después de 17 días de su operación de cáncer.

El coraje del entrenador argentino lo situó de nuevo en el banquillo sevillista pese a que aún está convaleciente de su intervención quirúrgica. Fue la gran noticia del día, conocida horas antes del encuentro ante el Levante. No es una broma su dolencia y tiene bastante mérito someterse a las fuertes emociones de un partido, a la alta responsabilidad que implica dirigir un equipo con tantos seguidores como el Sevilla, pese a que aún no está del todo recuperado. De hecho no podrá viajar a Anoeta por prescripción facultativa... No puede volar aún.

Parte de esa responsabilidad es aguantar el chaparrón de las críticas cuando las cosas no salen. Berizzo se mojó entre aplausos y vítores cuando apareció en el banquillo nervionense, antes de guarecerse del aguacero con un paraguas, en una imagen algo extraña. Lo último que necesita un convaleciente con una herida fresca en el vientre bajo es un resfriado... Ni una tos, ni un estornudo. Pero esos mismos aplausos se volvieron pitos al descanso y al final del partido. Iban para el Sevilla y para su máximo responsable técnico: el convaleciente Eduardo Berizzo.

El partido traía guasa. Tenía demasiadas connotaciones sentimentales como para no pensar que tanto buen rollo no se pudiera torcer ante la necesidad de un rival dispuesto a aguar la fiesta. El entrenador ausente por su enfermedad volvía al frente de batalla, el Sevilla tenía a tiro la victoria mil en Primera División, Jesús Navas podía convertirse en el jugador que más veces ejerció de sevillista, como así fue, se podía cerrar el 2017 con un triunfo que diese lustre a la imbatibilidad del Sánchez-Pizjuán... Pero tantas pulsiones emocionales atoraron el fútbol.

No siempre un partido responde a la épica, como el día del Liverpool, cuando la noticia del cáncer de próstata de Berizzo estalló como un jarro de agua helada. No hubo guión perfecto en su regreso 17 días después de operarse. La estadística de imbatibilidad podía torcerse cualquier día y el Levante, con la necesidad del hambriento, se presentó como el antagonista ideal para un guión maniqueo, pese a que se congratuló con un cariñoso mensaje de la vuelta del técnico. Pero lo cortés no quita lo valiente y en el césped hizo su trabajo. La indefinición, la falta de eficacia, el buen partido del portero rival, la suerte ejerciendo de justicia ciega... La realidad frente al deseo. Al menos, Berizzo ya ejerce de pararrayos de las críticas, tras sólo tres semanas de obligada ausencia. No hay mejor noticia que ésa, que la salud es lo primero.

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