laliga 1,2,3· Almería-Sevilla Atlético

Cada vez más pinta de perro flaco (3-0)

  • Dos errores arbitrales, la brutal agresión de Tino Costa y un penalti inexistente, lastran al Sevilla Atlético

La desolación del Sevilla Atlético frente a la alegría del Almería. La desolación del Sevilla Atlético frente a la alegría del Almería.

La desolación del Sevilla Atlético frente a la alegría del Almería. / J. Alonso

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Al Sevilla Atlético le va a costar mantenerse por tercera temporada consecutiva en Segunda División. Al joven equipo de Tevenet le ha tocado sufrir esta campaña. Mantener a un filial en la segunda categoría siempre es difícil y la mejor prueba es que el filial sevillista nunca lo ha conseguido. De momento, ya está anclado en la cola de la tabla después de no haber ganado ninguno de los seis partidos disputados. Y ya empieza a ponérsele pinta de perro flaco al que todo se le vuelven pulgas. En el estadio de los Juegos Mediterráneos tenía una ardua tarea, pues el Almería es un candidato al ascenso y está peleando en la zona alta de la jornada. Y a ese contexto se unió el pésimo arbitraje de Valdés Aller.

El colegiado castellano-leonés descentró al filial con sus desafortunado arbitraje durante la primera mitad, en la que se tragó una brutal y alevosa agresión de Tino Costa a Aitor Cantalapiedra y, ya en el alargue del periodo, cayó en la trampa de Pozo, que se tiró en el área tras un forcejeo con Yan Eteki. Es posible que no viera el puñetazo, o codazo, del argentino al jugador del filial, aunque tampoco lo vio su asistente ni el cuarto árbitro y esto es más grave. Pero la jugada del penalti fue a escasos cuatro o cinco metros de donde se encontraba y el piscinazo, tras el agarrón mutuo en carrera desde fuera del área, fue demasiado obvio.

Con Cantalapiedra fuera de combate por el knock out literal de Tino Costa –abandonó el campo con la nariz rota–, el Sevilla intentó y consiguió agarrarse al partido durante todo el primer periodo, si bien careció de llegada. Estuvo en cambio muy concentrado en la fase defensiva e impidió que el Almería, con más dominio del balón, conviertiese en peligro sus más asiduos acercamientos a la portería de Caro. Aun así, el filial se estiró con un juego bastante vertical, con pocos toques, y Carlos Fernández tuvo presencia en los tres cuartos y en el área. Justo antes de la agresión de Tino Costa, en el minuto 21, el espigado delantero cabeceó desviado un buen centro de Matos. Más allá de la media hora, realizó un bonito demarraje, con bicicleta incluida al central, y le dio un pase a la espalda de la zaga almeriense a Marc Gual, cuyo chut escorado detuvo René. Y al filo del descanso, tuvo otro remate de cabeza que sacó el portero a córner tras una apertura de Marc Gual y un centro de David Carmona.

Luego llegó el penalti y el Almería, pese a que apenas había amagado con un disparo duro y colocado de Tino Costa y algún centro sin excesivos problemas para los centrales sevillistas, se puso por delante y amansó al filial. Aun así, éste se rebeló en la segunda mitad. Se sobrepuso a los dos golpes anímicos producidos por los yerros del árbitro y percutió sobre todo por el centro, gracias a la movilidad de Carlos Fernández y Marc Gual. En el minuto 47, además, a punto estuvo de empatar con un golpe franco que Berrocal envió al pico de la cruceta. Olavide voleó en buena posición a las manos de René y Marc Gual, tras un robo en la salida del balón, casi sorprende a René. Le faltaba una pizca de precisión y de presencia arriba. Curro lanzó una falta junto a un poste inmediatamente antes de un aviso del Almería de Rubén Alcaraz.

El equipo local vio el peligro de dejar vivo al corajudo filial, que podía dañarlo en uno de sus arreones, y retomó el mando. Tras una buena combinación interior entre San Emeterio, Olavide y Marc Gual, que éste no supo resolver, llegó el mazazo del 2-0. Un jarro de agua fría porque, en una mala basculación defensiva, el que cabeceó solo fue Tino Costa, que tenía que estar expulsado. El tercer gol, ya en el descuento, fue un excesivo castigo para un filial que dio la cara y se la partieron de forma injusta.

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