Las aceiteras retornan a las barras de los bares
La picaresca y la falta de control propician que no se cumpla la norma de envases irrellenables.
Pocas inspecciones y menos multas han mermado los efectos de la normativa que desde enero de 2012 prohíbe a bares y restaurantes ofrecer aceite de oliva en envases rellenables. La norma dice que el aceite de oliva -sea cual sea su categoría- tiene que ser presentado al cliente en un envase etiquetado y de tapón inviolable.
Cristóbal Gallego, responsable sectorial de Cooperativas Agro-alimentarias, afirma que, mientras que "ha habido establecimientos que lo han hecho muy bien" y han aprovechado la norma para ofrecer a sus clientes "una amplia oferta de aceites de calidad, revalorizando así su oferta gastronómica", otros muchos se han apuntado a "la picaresca" para eludir el cumplimiento de la norma. Así, dos años después de la entrada en vigor del real decreto que prohibía las "aceiteras", lo cierto es que están de vuelta en la barra de muchos bares, unas veces tal cual y otras con el añadido de un ajo o una guindilla, que es la forma más fácil de eludir la ley, pues al llevar mezclado otro ingrediente, además del aceite, se puede considerar "aderezo" y no aceite de oliva.
El representante de Cooperativas considera que esta actitud "pícara" de los hosteleros no tiene sentido, pues el "ahorro" es insignificante: "Ni usando un aceite de los más caros supone un sobrecoste por tostada que llegue ni a los 10 céntimos". Por esta razón, indica que los consumidores deben de ser conscientes de que se va contra sus derechos y que "de un establecimiento que se salta la ley en algo que cuesta tan poco se puede sospechar que haga cosas peores".
Para el sector del aceite el asunto es relevante y no tanto por lo que pueda significar de ganancia en ventas sino por lo que supone "en un país tan turístico como España el presentar bien un producto en el que somos líderes mundiales". En definitiva, se trata ante todo de proteger al consumidor, que tiene derecho a saber qué aceite le sirven -"tanto como a ver la botella de vino que le van a abrir"- y también de revalorizar el aceite de oliva.
El grado real de cumplimiento de la Ley es difícil de saber en tanto que la Junta de Andalucía que es la encargada -desde la Consejería de Salud que tiene las competencias de Consumo- de vigilar e inspeccionar los bares y restaurantes tiene pocos medios para hacer una inspección masiva. De hecho, a lo largo del pasado año, según datos de la Consejería, se realizaron un total de 654 controles en toda la comunidad autónoma y en ellos detectaron 13 incumplimientos, lo que significa un 2%. Y sin embargo, la percepción en el sector aceitero es que son muchos los establecimientos en donde o la tostada viene con el aceite puesto desde la cocina o lo que se ofrece en la barra son aceiteras con ajo o guindilla o en un envase que fue irrellenable en su día pero que ahora muestra manipulado el precinto.
En este sentido, fuentes de Dcoop, la mayor productora mundial de aceite de oliva, destacaban -en declaraciones a Efeagro- que la acogida de la normativa "fue bastante positiva y creció la demanda de envases irrellenables", pero que en la actualidad "se ha relajado esta tendencia". A pesar de la normativa, desde Dcoop explican que "la realidad es que la mayoría de los envases siguen siendo rellenables de una u otra manera". "Se echan de menos -dicen- inspecciones que velen por el cumplimiento de la normativa".
También desde Oleoestepa consideran que "es decepcionante que el hostelero no haya entendido la normativa", que desde su origen pretende mejorar el servicio y la calidad en los establecimientos. A juicio de Oleoestepa, parte de la restauración ha interpretado la prohibición de los envases rellenables sólo en términos de sobrecoste. En ese sentido, desde Oleoestepa afirman haber detectado locales que utilizan envases que describen como "cutres" de plástico y "alegales".
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