Andalucía

Díaz a la expectativa y el PP con resaca

  • Geometría variable. En el Parlamento las alianzas y enemistades están cruzadas con las del Congreso. El PSOE se entiende mejor con Ciudadanos que en Madrid y con IU pasa justo al revés

Juanma Moreno durante su interpelación de ayer a la presidenta de la Junta. Juanma Moreno durante su interpelación de ayer a la presidenta de la Junta.

Juanma Moreno durante su interpelación de ayer a la presidenta de la Junta. / JOSÉ MANUEL VIDAL / EFE

El cambio de Gobierno estuvo ayer presente en casi todos los lances de la sesión de control a la presidenta de la Junta. Tres estampas resumen el debate. 1. Hay una geometría variable en el Congreso y en el Parlamento de Andalucía. Ayer Susana Díaz estuvo exquisita, como suele, con su socio Ciudadanos, mientras que la semana pasada en el Congreso Pedro Sánchez le sacudió como a una estera a Albert Rivera. En la Carrera de San Jerónimo, Unidos Podemos trató a Sánchez con guante blanco y ayer Maíllo la emprendió contra Díaz sin contemplaciones. 2. No se vio afectada a la presidenta por el éxito de su rival dentro del Partido Socialista, se mostró a la expectativa y dominando la situación. Y 3. A quien sí se le notó tocado es al presidente regional del PP. Un Juanma Moreno apocalíptico respiraba por la herida del desalojo de su partido de la Moncloa.

Empezó Moreno recordando unas palabras de Díaz en septiembre de 2016: "Con 84 diputados no se puede gobernar, los españoles nos han puesto en la oposición". Dicho lo cual convino que las ansias de poder de Sánchez habían dejado en entredicho a la presidenta de la Junta. No se paró ahí, pronosticó concesiones a independentistas y populistas que pondrían en cuestión la unidad de España y la igualdad entre sus ciudadanos. Recordó las mofas que soberanistas catalanes han hecho al acento andaluz y muy enfático dijo que por ahí él no pasa, mientras que ella ya había pasado.

En su respuesta, Díaz obvió sus declaraciones sobre el resultado electoral, hechas en vísperas de defenestrar a Sánchez como secretario general del PSOE. Pero entró a preguntar a su adversario qué ministros populistas o independentistas había en el Gobierno que tomaba posesión en ese momento. Tiró de memoria y le recordó unas declaraciones de Ana Mato llamando analfabetos a los niños andaluces.

Moreno hizo un canto a los méritos de Rajoy: baja prima de riesgo, crecimiento, creación de empleo, etcétera, etcétera. Para pararse a preguntar a la jefa del PSOE andaluz qué opinaba ahora de los Presupuestos Generales del Estado del PP, que Sánchez va a mantener. "Usted dijo que eran malos para Andalucía, un atropello, un castigo y un agravio; pues son los que va a gastar su ministra de Hacienda". Aquí introdujo un doble juego, hablaba de su amiga la señora Montero, se supone que en buena lid, y de su amigo el señor Sánchez, se infiere que con ánimo de molestar.

Pero su interlocutora no se inmutó. Dijo alegrarse del Gobierno de Sánchez, del Ministerio de Montero e incluso de la cartera de Agricultura en manos de su rival interno Luis Planas. Sostuvo que eso sería bueno para la región: "Todo lo que sale de Andalucía para Madrid me agrada, usted preocúpese de lo que viene de Madrid para Andalucía en sus filas". Simbolizó en el AVE a Granada, que todavía no está operativo, los incumplimientos de Rajoy y le volvió a repetir que los PGE que deja el Gobierno saliente son malos y un castigo más para Andalucía.

Juanma, nervioso, pedía y pedía. La resaca de la pérdida del poder: reunión urgente del Consejo de Política Fiscal y Financiera, los 4.000 millones de financiación extraordinaria que hasta ahora reclamaba la Junta a Rajoy... Si Andalucía no podía esperar ni un minuto antes, ahora tampoco, concluía. La presidenta, en tono zumbón, le contestó que los nuevos ministros estaban tomando posesión en ese momento, que les diera unas horas al menos.

El jefe popular lo que sí quiso dar es un golpe bajo a la presidenta, a la que veía demasiado entera: "Usted no se ha recuperado del fracaso en las primarias". Sólo le falló a Moreno que su duelo propio es mucho más cercano que el de su rival. No obstante insistió por la vía irónica. Afirmó que se le notaba en la cara lo contenta que estaba y la alegría que le producía el triunfo de Sánchez. Ella recogió el guante y el sarcasmo. Le respondió que salen del Gobierno y en las caritas se les veía dolientes. Y les reprochó que no sean conscientes de por qué. A continuación desgranó una lista de cargos: "Una reforma laboral infame, la ley Wert de educación, la subida de las pensiones un 0,25%...". Y remató con otra demostración más de la geometría variable andaluza. Dijo que le importa poco lo que le pase al PP. Mientras que en Madrid a Sánchez se le notó mucho en la moción su interés en que se rehaga el Partido Popular para que frene el ascenso de C's.

Con su socio Juan Marín el intercambio fue, como de costumbre, blandito. Marín hace los reproches en voz baja, para no molestar. Pero lamentarse, se lamenta. Por ejemplo de que no se haya reformado el Reglamento de la Cámara o que la Ley de la Función Pública pactada en el acuerdo de investidura" no haya visto la luz. También se quejó de que haya más de dos mil puestos de libre designación en la Junta, que se evitarían si esa Ley existiese. Díaz se salió por la tangente y explicó cómo se va a dar estabilidad a decenas de miles de interinos y las muchas plazas de reposición que han salido en los últimos tres años.

Marín, todo cortesía, dijo que deseaba suerte a la ministra Montero y -no se sabe si en tono irónico o en serio- añadió que estaba seguro de que encontrará los 16.000 millones que hacen falta para una buena financiación autonómica. Y aquí lo pilló su socia. Le preguntó, sin duda con sorna, si eso significaba que Ciudadanos iba a cambiar su opinión y apoyar las reclamaciones financieras del resto de grupos.

Por Podemos no preguntó Teresa Rodríguez; una lástima en semejante día. Lo hizo una solvente Esperanza Gómez Corona, que se interesó por las prestaciones de dependencia. Se mostró encantada de debatir y felicitó a la presidenta por el triunfo de su partido. Susana le agradeció el tono, como suele hacer siempre que su antagonista no es Teresa. Después de los juegos florales, Gómez no ahorró descalificaciones a la gestión de la dependencia. Díaz se resintió y sacó el escudo de la Andalucía negra: dijo que hablar de caos, fallecimientos y desastre es pintar una imagen negra, que es el discurso de la derecha.

Maíllo empezó acelerado. Resumió los tres años de Legislatura en tres palabras: propaganda, quejíos e incompetencia. Díaz sacó la artillería: el jefe de IU estaba en campaña, impaciente y usando clichés antiguos. Y contraatacó con argumentos habituales en estas sesiones. Se ha creado medio millón de empleos desde que ella es presidenta y la economía sube un 3% anual.

Pero Maíllo traía más metralla: usted no es la del "no es no", sino la que facilitó la investidura de Rajoy. Usted no habría hecho la moción de censura. "Vienen vientos de cambio, salga de su inmovilismo; deje de ser un freno a los cambios del país". Hubo viento huracanado. Díaz le acusó de la demolición de IU y de que Unidos Podemos votara contra la investidura de Sánchez en 2016. Tablas.

En breve, resaca en el PP, sin euforia en el PSOE andaluz. Y con la presidenta templada ante un eventual repunte de la marca socialista.

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