Bipartito PP Ciudadanos Seis meses del Gobierno cápsula de Juanma Moreno

Elías Bendodo, Juan Marín y Juanma Moreno saludan a Alejandro Hernández. Elías Bendodo, Juan Marín y Juanma Moreno saludan a Alejandro Hernández.

Elías Bendodo, Juan Marín y Juanma Moreno saludan a Alejandro Hernández. / José Manuel Vidal / EFE

De las ocho acepciones que aparecen en el diccionario de la Real Academia Española cuando se busca la palabra cápsula, la que más se adecua al Gobierno bipartito de PP y Ciudadanos en Andalucía es la quinta. “Parte de la nave espacial donde se instalan los tripulantes, si los hay”. El popular Juanma Moreno comanda una nave, más terrenal que espacial, con dos contramaestres: Juan Marín y Elías Bendodo. José Antonio Nieto, portavoz del PP en el Parlamento, también ayuda en el manejo del timón.

Pero fue el propio presidente de la Junta quien acuñó la idea de “encapsular” las diferencias entre los tres partidos que soportan su Ejecutivo. Lo hizo cuando todavía no había tomado posesión de su cargo, en una respuesta a Vox en el debate de investidura que condujo a su toma de posesión, el 18 de enero.

Este jueves, cuando cumplen seis meses de esa fecha, se aprueban los primeros presupuestos no socialistas de Andalucía, que permitirán a Moreno aplicar su programa –y el de sus socios– sin las manos atadas. Y será posible gracias a un acuerdo de legislatura que despeja el futuro del líder popular, que ha sido capaz de encapsular las peticiones altisonantes del partido de extrema derecha en un documento de 34 medidas que se desarrollarán en los próximos años.

El Gobierno del cambio cumple seis meses con un vigor que, para muchos, es inesperado. En el primer viaje internacional de Juanma Moreno –que no será el último– hubo quien hizo comentarios sobre la seguridad que desprenden los miembros de un gabinete que, todavía, es bisoño.

En absoluto lo parece cuando, tras la aprobarse la reforma de RTVA y el resto de órganos parlamentarios, una de las figuras con mayor proyección del Gobierno se paseaba por los pasillos del antiguo Hospital de las Cinco Llagas mostrando su visible satisfacción.

En menos de seis meses y en la Cámara más polarizada desde los años de la pinza, PP y Ciudadanos han sido capaces de desbloquear la cúpula del ente público audiovisual y de encauzar unos presupuestos que tienen su punto débil en la escasa vigencia que tendrán.

Vox, elemento novedoso en Andalucía

Y todo ello con un elemento discordante en la política andaluza:un partido de extrema derecha que se caracteriza por defender posturas radicales en asuntos como violencia de género o igualdad entre hombres y mujeres. Vox hizo sonar las alarmas de la mayoría de centroderecha cuando, en plenas negociaciones, deslizó un documento de máximos que pedía acabar con lo que ellos consideran “leyes ideológicas”:la de violencia de género, la de igualdad, la de derechos LGTBI y la de Memoria Democrática.

Había entonces una propuesta con poca enjundia política, pero muy simbólica.La formación de Santiago Abascal apostaba por cambiar el Día de Andalucía al 2 de enero, cuando se conmemora la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos. El PP, con Teodoro García Egea a la cabeza, maniobró para convencer a su homólogo, Javier Ortega Smith y a los negociadores andaluces de Vox.

El acuerdo a dos bandas era una realidad y iba a hacer posible el histórico cambio de color en la Junta. El PP tenía un pacto de Gobierno con Ciudadanos y uno de investidura con Vox. Juan Marín dejaba las estancias por una puerta y por la otra entraba el hoy denostado Francisco Serrano.

Por momentos, en el PSOE hubo esperanzas de que los naranjas optasen por la vía liberal europea, donde mantienen un cordón sanitario contra la extrema derecha. Pero 36 años de gobiernos socialistas pesaron demasiado. Y siguen pesando, aunque Susana Díaz insista una y otra vez en que se trata de un Gobierno “débil” e “inestable” que depende de los caprichos de Santiago Abascal.

La enmienda a la totalidad de Vox

La líder de la oposición, que sigue buscando su espacio, tiene razón cuando asegura que Vox tiene poder de veto sobre el bipartito. Y durante ocho días Alejandro Hernández, que ahora es el referente andaluz del partido de extrema derecha, paseó el dedo por el botón de detonación.

El 3 de junio, lunes, el portavoz de Vox comparece anunciar una enmienda a la totalidad al proyecto de Presupuestos de la Junta para 2019. “No tienen espíritu de cambio”, dijeron. El diputado gaditano Manuel Gavira fue quien destapó el problema. “Ciudadanos no puede pretender aprobar cuatro presupuestos sin sentarse con nosotros”.

Nueve días después, Gavira y Hernández estampaban su firma sobre un acuerdo que salvaba las cuentas de este año y ponía los cimientos del Presupuesto de 2020. En la misma mesa estaban Juan Bravo, consejero de Hacienda del PP, y Rogelio Velasco, consejero de Economía, de Ciudadanos.

En el membrete, los logos de los tres partidos que soportan el Gobierno de Juanma Moreno, que figuraban juntos por primera vez en un documento.Y todo eso en plena negociación para la conformación de los ayuntamientos, con el Consistorio madrileño en el punto de mira.

Andalucía abrió en diciembre el ciclo electoral y se convirtió en un tablero experimental para la derecha española, por primera vez dividida entres gradientes. Entonces, los tiempos jugaron a favor del bipartito andaluz. En junio con los pactos locales, ocurrió lo contrario, pero hay varios hechos diferenciales al sur de Sierra Morena.

El principal, quizás, sea el pegamento que une a este Gobierno:alejar al PSOE de la Junta. En estos seis meses, las tempestades han hecho tambalearse la nave en varias ocasiones, pero el puente de mando sigue a buen recaudo. Sigue encapsulado.

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