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El ritmo cubano de Maeztu calma la "peleíta" de Chamizo

El Defensor del Pueblo andaluz pierde iniciativa pública y tarda más en resolver las quejas con el cambio de titular, aunque gana en conciliación.

Antonio Fuentes

05 de abril 2015 - 07:04

La velocidad de crucero que alcanzó la oficina del Defensor del Pueblo andaluz colisionó en mayo de 2013 con la decisión de la entonces consejera de la Presidencia y hoy presidenta en funciones de la Junta, la socialista Susana Díaz, de renovar de una tacada al titular de la institución y al responsable interino de la Radiotelevisión andaluza (RTVA), esta última propuesta todavía a la deriva.

José Chamizo llevaba casi año y medio de manera interina y el epílogo a sus 17 años de mandato lo comenzó a escribir cuando criticó las "peleítas" de los partidos políticos en contraste con la vorágine de la crisis económica. PP, PSOE e IU encontraron sustituto: Jesús Maeztu, también sacerdote, aunque secularizado, seis años mayor que Chamizo, y responsable hasta entonces del Comisionado del Polígono Sur de Sevilla.

Maeztu ha presentado esta semana el informe anual de la institución correspondiente a 2014, el primer año atribuible de forma íntegra a su mandato. En la memoria de 2013, el año de la transición, Maeztu excusó la bajada de intensidad en el segundo semestre del año a las vacaciones y el periodo de adaptación.

Aquella velocidad de crucero no se ha recuperado, a tenor de las impresiones de personas conocedoras de la institución y de las estadísticas. Es precisamente el ritmo lo que parece haber cambiado en la institución, de unos años en los que la inercia hacía rodar la actividad a un cierto encallamiento vinculado al perfil de Maeztu, al que definen como "de ritmo cubano", pausado y conversador largo.

Hay datos. La página web recoge numerosos indicadores de la actividad del Defensor del Pueblo, aunque probablemente la medida tipo de la institución sea la queja ciudadana.

Aquí se puede comprobar cómo el tiempo medio de admisiones de quejas en 2014 (36,1 días) o el tiempo medio hasta la finalización de la misma (261,2 días) son los más dilatados de una secuencia que comienza en 2006 (20,4 días y 166,4).

El incremento de personas que se dirigen a la institución como consecuencia de la crisis podría explicar esta demora, pero sucede que en 2014, por segundo año consecutivo, descendió el número de quejas presentadas ante el Defensor del Pueblo andaluz. Fueron 6.123, de las que 5.944 fueron escritos nuevos de los ciudadanos y 179 quejas de oficio emprendidas por la propia institución. En 2013 fueron 6.296 y en 2012, el año récord, un total de 7.239, un 15% más. Hay que remontarse a 2008 para encontrar un registro más bajo, 5.672 quejas.

La institución explica el descenso de quejas recibidas en una sensación de recuperación económica que incluso se traslada en las primeras páginas del informe, donde decide que en los años venideros no habrá capítulos específicos sobre la crisis económica como ha sido habitual en los últimos siete años. Pero hay otras voces que rechazan esta casuística y señalan que hay más problemas de exclusión social que nunca. Un ejemplo es el auge de quejas recibidas en el apartado de consumo por cortes en suministros de luz y agua, uno de los asuntos clave analizados en la memoria.

Hay según estas impresiones una ausencia de iniciativa en la vida pública y para ello sólo hay que comprobar el menguante impacto del Defensor del Pueblo andaluz en los medios de comunicación, unido a las dificultades de concreción de Maeztu que cualquier periodista que demanda concisión conoce. "Antes nos adelantábamos a los temas y ahora estamos al recibí", exponen. En este contexto se explica la decisión de Maeztu de limitar las investigaciones propias desde el inicio de su mandato. Las quejas de oficio descendieron en 2013 un 38%, de 247 a 152, y "por las críticas" se incrementó un poco el año pasado, un total de 179.

Otra de las decisiones de Maeztu al tomar posesión fue incentivar las labores de mediación, un aspecto que sí es muy valorado en su gestión. Un ejemplo de esta labor conciliadora es la ausencia de enfrentamientos con responsables políticos de la Junta o de los ayuntamientos. El Defensor no declaró en 2014 ninguna actitud entorpecedora, algo inédito. Maeztu, aficionado al consumo de gruesos habanos, ha optado por la conversación más que por la acción.

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