"Tenía pánico a dormir allí porque sabía lo que tocaba por la noche"

'Daniel', el joven que denunció al clan de los Romanones, declara en el juicio durante cinco horas

Lola Quero

Granada, 09 de marzo 2017 - 02:36

Llanto, miradas de reproche, insultos y reprimendas del magistrado se vivieron ayer en la tercera jornada del juicio del caso Romanones. La extensa declaración de Daniel, el joven que asegura haber sido víctima de abusos sexuales por parte del padre Román M. V. C. y de otros sacerdotes y religiosos cuando él era menor de edad provocó momentos de enorme tensión en la Audiencia Provincial de Granada.

"Han sido años de muchos abusos y situaciones que me han partido por dentro", declaró entre lágrimas Daniel, que pasó cinco horas contestando a las preguntas de los abogados y los jueces. El joven contó con todo detalle sus supuestas experiencias sexuales desde un banco a escasos dos metros del único acusado, el padre Román.

La presencia de varios curas del grupo generó momentos de una gran tensión

"Yo no quiero ser famoso por esto. No necesito nada, tengo trabajo estable y una novia", dijo. Sobre sus motivos para denunciar, casi siete años después de finalizar su relación con el acusado, el joven aseguró que era "parar esto como sea". "No quería que otros pasaran por lo mismo que yo", declaró al fiscal. Daniel ratificó los hechos que ya había denunciado, pero reveló algunas contradicciones e incoherencias que su abogado atribuyó al paso de los años.

"Son muchos años, que le condenen o que se vaya a su casa, pero que acabe ya", respondió el joven al fiscal. Daniel tuvo que salir para tomar aire y, dado que varios de los sacerdotes denunciados estaban cerca de la puerta, entre el público, Daniel les increpó llamándoles "hijos de puta, asquerosos".

El joven detalló ayer episodios de "masturbaciones", "penetraciones" e "intentos de felaciones" cuando tenía entre 14 y 17 años, sintiéndose "vulnerado y pisoteado". Su relato comienza a los 7 años, cuando conoció al padre Román, párroco de San Juan de Vianney, una iglesia ubicada en el Zaidín. Al principio acudía para la catequesis de la Comunión y poco a poco su relación con la parroquia y el sacerdote se fue haciendo cada vez más estrecha. Monaguillo, catequista, asistente a la misa diaria... Hasta que comenzó a ser invitado a compartir ratos de ocio con los sacerdotes que vivían o frecuentaban la iglesia. "Me quedaba a cenar, a ver películas y hasta a pasar las primeras noches de sábado".

El joven aseguró ayer que él siempre quería dormir en una cama propia, pero que le "tocaba" compartir colchón con el padre Román y que sentía pánico a dormir allí "porque sabía lo que tocaba por la noche". En la primera de ellas dijo que el acusado comenzó a hacerle los primeros tocamientos bajo el calzoncillo, le masturbó y le pidió que también se lo hiciera a él. Esto ocurriría por primera vez, según sus cálculos, en 2004 y a partir de entonces aseguró que intercambiaron "cientos" de masturbaciones hasta 2008, año en el que el joven abandonó la parroquia y el grupo de los Romanones. Según su relato, a veces había masajes, visionado de películas pornográficas y relaciones sexuales entre miembros del grupo en su presencia.

El denunciante aseguró que el padre Román le introducía el dedo en el ano durante esas masturbaciones y que dos veces comenzó a penetrarle con su miembro, pero no continuó por el intenso dolor manifestado por Daniel. Esta parte de los supuestos abusos se trató ayer con enorme detalle, al objeto de comprobar la verosimilitud de la declaración, dado que se trata de un elemento crucial para la posible condena del sacerdote. De hecho, las denuncias contra el resto de religiosos se han considerado prescritas al no haber penetración en las relaciones sexuales que el joven aseguró haber mantenido con tres de ellos y que el resto habrían encubierto.

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