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Andalucía

El cardo, una "planta botijo" que mantiene las flores más frías en verano

Un ejemplar de cardo borriquero en una tierra de Andalucía.

Un ejemplar de cardo borriquero en una tierra de Andalucía. / M. G.

El cardo es capaz de mantener la temperatura interior de sus flores hasta diez grados por debajo en verano, con lo que evita la muerte del polen, según ha descubierto Carlos Herrera Maliani, profesor investigador del CSIC, por primera vez en una planta.

"Yo la defino como efecto botijo, pues gracias a la evaporación se protege del tórrido verano andaluz", señala el investigador, que explica que la especie estudiada, el cardo borriquero, es la más común en su género, habitual habitante de cunetas y baldíos.

El trabajo de campo, efectuado en el parque natural de Cazorla (Jaén), surgió al notar con el tacto el frescor que existía dentro de la flor. Con unos microsensores fue tomando datos de temperatura y comprobó que al mediodía tenía diez grados menos.

"Es por evaporación, como un botijo, que con aire muy seco en el exterior produce evaporación dentro", señala Herrera, que apunta que en una de las olas de calor de agosto las mediciones demostraron que a 48 grados en el ambiente, el cardo estaba a 35 grados.

Primer caso de comportamiento adaptativo al calor

La investigación acaba de ser publicada en la revista de la Sociedad Americana de Ecología –Ecology-, y supone el primer caso de un comportamiento adaptativo de este tipo. Al enfriar el interior de sus flores, la planta logra la supervivencia del polen.

El científico estima que a partir de los 32 grados el polen muere, haciendo inútil el esfuerzo reproductivo, aunque este aspecto lo verificará en la próxima campaña de verano.

Los efectos beneficiosos son dobles: los polinizadores encuentran un punto de frescor durante el periodo veraniego de bochorno, cada vez más prolongado verano tras verano y, por tanto, la planta recibe más abejas, que evitan un sobre calentamiento en sus vuelos bajo el sol.

"Las abejas prefieren explorar flores más cálidas a temperaturas ambiente bajas, pero sus preferencias cambian hacia flores más frías a temperaturas ambiente superiores a unos 30 grados", indica Herrera Maliani.

Un hallazgo por casualidad

"Descubrí por casualidad que presionar la yema del dedo sobre la superficie amarilla de las flores durante el período más caluroso del día transmitía una sensación de frescor", explica científico. "Esta observación me llevó a articular la hipótesis, bastante contraria a la intuición, de que durante el verano, y en el momento del día en que la temperatura ambiente es más alta, las flores de los cardos tienen un interior más fresco que el ambiente circundante".

El cardo (Carlina corymbosa) es de las pocas plantas mediterráneas con flores en pleno verano. Su "efecto botijo" lo consigue a partir del sistema de transporte de la planta, a base de agua, y de ahí proviene el frescor, cuando abre los estomas de las flores.

El investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD) –perteneciente al CSIC- ya verificó en su día algo popularmente conocido: los botijos de barro blancos, al ser más porosos, enfrían más que los rojos. El descubrimiento en el cardo es inédito. Sí se tenía constancia de lo contrario en diversas flores: se calientan en su interior durante el invierno. En la tundra se comprobó que los polinizadores, allí normalmente moscas, se ubicaban en el centro de las flores pues estaban más calientes.

"Yo lo encontré en Andalucía en flores cerradas, como los narcisos, al producirse un efecto invernadero a través de los pétalos de la flor, lo que permite un ambiente de 4 a 5 grados más", indica Herrera Maliani. La consecuencia en este caso es que aumenta el número de granos de polen.

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