Andalucía

Una secta satánica amenazaba a sus víctimas con ataques del diablo

  • La Guardia Civil detiene en Chiclana a seis personas que expoliaban y esclavizaban a las personas captadas · Con los bienes incautados compraban vehículos de lujo que trucaban y revendían

El anuncio en el Cambalache decía: ""Profesor, vidente, brujo satán espiritual, experiencia y seriedad, poder en todos los ámbitos para solucionar problemas, especialmente de amor, recuperar pareja, quitar mal de ojos, impotencia sexual, etc. Garantizado 100%. Resultados 3 días". Y cuatro personas picaron. Tres de ellas porque tenían "mal de amores" y la otra porque necesitaba "quitarse de encima a un pesado que la agobiaba".

Pero detrás de ese anuncio ardía el infierno. Lejos de desembarazarse de esas cuitas, estas personas acabaron esclavizadas en el domicilio del anunciante. Los hombres haciendo toda clase de chapuzas y trabajos que se les ordenaba, y las mujeres -una de ellas hasta secuestrada- dedicadas a tareas domésticas. A destajo y sin cobrar. Y peor aún: en la ruina, porque los cuatro entregaron todos sus bienes.

¿Cómo habían llegado a esta situación? El escenario es Chiclana (Cádiz). En un chalé de la calle Buitre, de la urbanización Los Gallos, Carlos Javier R.L., de 34 años, y su pareja, María M.P., de 24 organizan, junto a cuatro personas más, una secta satánica con cuyos ritos -principalmente sanguinarios sacrificios de animales- amenazan y amedrentan a las cuatro personas captadas. Todos ellos, entre ellos un ciudadano chileno y otro alemán, fueron detenidos por la Guardia Civil, que puso así fin al martirio de las víctimas.

El brujo, el gurú, era Carlos Javier R.L., con antecedentes por estafa, y en teoría dedicado a la compraventa de vehículos de alta gama traídos desde el extranjero. Había organizado toda esta increíble y aterradora parafernalia para conseguir fondos para su auténtico negocio: el trucado de los cuentakilómetros de los turismos que revendía a precios muy superiores haciéndolos pasar por nuevos o seminuevos. Los otros miembros de la secta eran quienes se encargaban de importar los coches, manipular el kilometraje, falsificar la documentación y entregarlos a los compradores.

Era "el verdadero hijo de Satán". Así se autoproclamaba el cabecilla del grupo, que ayudado por su novia y mediante el aterrador espectáculo de los sacrificios de animales en el jardín de la casa, llegaba a anular la personalidad de sus víctimas, según fuentes de la Guardia Civil.

"Si no haces lo que te digo, antes de final de año el demonio te matará. A toda tu familia y después a ti". De esta forma amenazaba a las personas a quienes tenía a su servicio, captadas con su esotérico anuncio, y a quienes dominó por completo hasta convertirlos en esclavos. Estas personas sufrieron todo tipo de vejaciones, insultos y hasta privación de libertad -entre otros delitos, se les imputa detención ilegal-, y fueron obligadas a asistir a rituales satánicos, llegando a tener que pagar incluso por ello hasta más de 3.000 euros.

La dominación que los líderes del grupo ejercían sobre las víctimas -a ellas, empleadas de hogar a la fuerza, las llamaban "mujeres de Satán"- ha sido tal que por lo menos dos de ellas han llegado a vender todas sus propiedades y bienes para entregárselos a la satánica pareja que lideraba la secta. Ésta aceptaba de todo: pisos, vehículos, muebles y hasta aparatos de aire acondicionado.

Finalmente, una de las víctimas venció su miedo y acudió a la Guardia Civil a denunciar los hechos a principios de septiembre. El equipo de Policía Judicial de la Benemérita en Chiclana emprendió una operación, bautizada como Creador, que culminaba con la detención a la pareja y a sus compinches. Tras ser puestos a disposición judicial, tanto Carlos Javier como María, así como otro de los supuestos implicados en la fraudulenta venta de automóviles, fueron enviados a prisión. Los otros tres quedaron en libertad con cargos.

Mientras tanto, la sorpresa y la incredulidad dominaban las reacciones de los vecinos de la pareja detenida. El chalé donde practicaban esos rituales tenía ayer un aspecto descuidado y en su parte trasera podía verse el jardín con varias zanjas, una piscina con agua ya verdosa y una mesa con un tapete negro con un filo dorado, así como varias barritas de incienso desperdigadas por el suelo.

La propietaria de un bar de la referida urbanización los describía como una pareja normal que frecuentaba su local para cenar. Iban con una niña pequeña. "El comportamiento era como el de cualquier familia. No notamos nada extraño". Todo normal hasta que vio el trasiego de coches de la Guardia Civil por la zona y el traslado de varios coches de lujo en grúas custodiadas por los agentes. "Esta mañana me he dado cuenta de quién se trataba, pero pensábamos que era un asunto de drogas y nunca sospechamos que hacían ritos satánicos en esa casa", narró la mujer.

Otro de los vecinos relató que los detenidos "pintaron la fachada de la casa de negro, incluso la puerta. También añadieron un fuerte color rojo. Les dije que vaya color, y él me respondió que eran restos de pintura que quería aprovechar". No obstante, parece ser que los arrestados pensaron que ese aspecto llamaba mucho la atención y decidieron repintarla de amarillo.

Nadie de la calle Buitre podía imaginar a qué se dedicaban los detenidos. Ni siquiera levantaron la más mínima sospecha los ostentosos Mercedes con los que entraban y salían del chalé. "Me dijo que tenía un negocio de compraventa de coches en Palma de Mallorca y yo me lo creí", señaló un vecino. "Veíamos con cierta frecuencia la presencia de un taxi, siempre el mismo, que traía y llevaba a gente. Además, a cualquier hora ponían música discotequera a todo volumen", añadió.

Pero otra vecina sí había visto "algo menos normal". En los contenedores de basura encontró varios azulejos con la palabra Satanás y otros dibujados con la figura del diablo. Para ella, la pareja "no era muy sociable, pero nadie se podía imaginar que ambos se dedicaran a esas cosas tan misteriosas".

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