El último de la fila

El presidente del PP de Málaga, Elías Bendodo, era el único que apostaba por Moreno como candidato

Bendodo, el último, mientras otros presidentes provinciales del PP andaluz felicitan el miércoles en Sevilla a Juan Manuel Moreno Bonilla.
Bendodo, el último, mientras otros presidentes provinciales del PP andaluz felicitan el miércoles en Sevilla a Juan Manuel Moreno Bonilla.
Antonio Méndez Málaga

16 de febrero 2014 - 05:04

En una esquina. Mientras los demás exhiben una gran sonrisa, él muestra un gesto adusto, como si soportara un trance. El último de la fila en la foto oficial de apoyo de los presidentes provinciales del PP en Andalucía a su futuro líder. Elías Bendodo intentó el miércoles huir de cualquier protagonismo. Aunque estaba al frente de la organización más poderosa del PP en la región, la de Málaga, que aportará 291 delegados al congreso del 1 y 2 de marzo en Sevilla. Y seguramente era el más feliz de todos los que participaban en la escena. El cónclave popular entronizará a su jefe, al hombre con el que entró a militar en el partido y su modelo: al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla.

"Él conoció la noticia minutos después de que le comunicaran la decisión de Rajoy, no lo supo antes aunque albergaba esperanzas", el entorno de Bendodo rechaza que estuviera en el secreto del sorpresivo desenlace y que incluso varios días antes ordenara comenzar a recoger los avales para presentar esos 9.000 apoyos -cien veces más de los requeridos- en favor del todavía secretario de Estado de Igualdad. Eso sí, esa misma noche Bendodo y Moreno se reunieron en un céntrico hotel de la capital hispalense, cercano a la sede la calle San Fernando, y comenzaron a planificar la estrategia.

El también presidente de la Diputación de Málaga puede presumir ahora de ser el que abriera las hostilidades contra Juan Ignacio Zoido, el presidente del PP andaluz y alcalde de Sevilla, y José Luis Sanz, su número dos. Y de conseguir su propósito final. El 28 de diciembre de 2012, Bendodo afirmó públicamente que "cuanto antes la sociedad andaluza pueda visualizar una cara será mejor para todos". Unos días antes, Sanz, el gran derrotado en este pugna interna, había emplazado la elección del candidato a finales de 2015, siempre después de las elecciones municipales de ese año. En ese momento, Zoido todavía pensaba que podría compatibilizar sus dos cargos, hasta que el calendario o las circunstancias le obligaran a decantarse por uno de ambos, según confiesa ahora un ex dirigente cercano al regidor hispalense.

Entonces aquella declaración se interpretó como un movimiento de Arenas para empezar a jugar sus cartas en la sucesión y en la guerra abierta que mantiene con la secretaria nacional del PP, María Dolores de Cospedal. A esa conclusión ayudaba el protagonista de la avanzadilla. Bendodo, se hizo con las riendas del PP de Málaga en 2008, tenía 34 años. Fue una operación fulgurante de Arenas, que decidió defenestrar al líder de entonces, el hoy senador Joaquín Ramírez con quien mantenía una nula sintonía. Incluso éste había reunido ya los avales para su reelección, que pasaron al sucesor. Bendodo le debe su carrera al anterior presidente regional del partido.

El dirigente malagueño no se conformó con la batería de declaraciones públicas que se fueron sucediendo durante meses para forzar el cambio. Su desafección por la dirección regional, sobre todo después de que Susana Díaz alcanzara la presidencia de la Junta, le llevó en octubre de 2013 a organizar un encierro de alcaldes populares en la delegación del Gobierno de la Junta en Málaga. El objetivo oficial era reclamar la deuda que el Ejecutivo andaluz mantenía con los ayuntamientos. Pero también perseguía dejar en evidencia a Zoido y Sanz, y su labor de oposición a la nueva presidenta. El problema es que Bendodo decidió desconectar y pasó aquel fin de semana en Alemania. Dejó al mando de las operaciones a su vicepresidente, Fran Oblaré. La protesta acabó en el polémico escrache a la presidenta el día en el que el Museo Picasso conmemoraba su décimo aniversario. Zoido no dudó en desmarcarse y Bendodo recibió la reprimenda de la propia Cospedal. Asumió públicamente la responsabilidad y prácticamente desapareció del primer plano de la escena durante un mes.

"El sólo le ha animado, pero la decisión ha sido suya", dicen las citadas fuentes cercanas sobre el papel del presidente del PP malagueño para que el futuro candidato aceptara el encargo. Moreno Bonilla siempre confesó en privado que estaría a disposición del partido, pero que no se daban las circunstancias para su regreso. Bendodo aseguraba en diciembre a su círculo que ya estaba convencido de dar el paso.

Durante las últimas semanas, Bendodo ha sido un hombre hermético, incluso para algunos de sus colaboradores. Apenas respondía con monosílabos a los mensajes. "La cosa va muy mal", cuando sospechaba que el ganador podría ser Sanz. "No está cerrado", cuando su optimismo le llevaba a vislumbrar posibilidades de éxito. Creía que las opciones para vencer en la batalla pasaban por un perfil bajo. Incluso Esperanza Oña asegura que el lunes pasado que éste le dio su apoyo si se decidía. No quiere desvelar cuál puede ser su papel ahora con Moreno Bonilla a los mandos. De momento, prefiere seguir el último de la fila.

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