El módulo como argumento | Crítica Manuel Barbadillo: un investigador de la forma

  • La galería Rafael Ortiz ofrece hasta el 14 de junio una completa panorámica de la obra de Manuel Barbadillo, silencioso y fundamental pionero del arte geométrico en España

'Cartulina núm. 1' (1963-1964), una de las obras fundamentales de Manuel Barbadillo. 'Cartulina núm. 1' (1963-1964), una de las obras fundamentales de Manuel Barbadillo.

'Cartulina núm. 1' (1963-1964), una de las obras fundamentales de Manuel Barbadillo. / D. S.

Quiso desde niño dedicarse a la pintura pero estudió Derecho para mantener, decía, la paz familiar. Pese a ello, Manuel Barbadillo (Cazalla de la Sierra, 1929-Málaga, 2003) se las ingeniaba para asistir a la Escuela de Artes y Oficios. Escondía en casa de un amigo una caja de pinturas y nunca olvidó al escultor y ceramista Emilio García y al pintor Miguel Ballesta, quienes orientaron sus primeros pasos. Al acabar Derecho, pide hacer la milicia universitaria en Marruecos.

Allí pintó a sus anchas, recorrió en una scooter tierras que dejaron en él una honda huella y con el arquitecto Eduardo Caballero realizó murales para una iglesia y un centro docente. De vuelta a la península, se instaló en Torremolinos, entonces un pueblo de pescadores, donde conoce a Jane, una joven americana que estudiaba en París. Ella lo animó a viajar a Estados Unidos. Allí vivieron, ya casados, de 1958 a 1962. Nueva York acogió su primera muestra individual, a la que asistieron Gala y Dalí.

Pero estos agitados años son el prólogo de una vida austera dedicada a indagar la forma con método, rigor y sin concesiones. La galería Rafael Ortiz ofrece ahora una apretada panorámica de su trabajo.

Al fondo de la primera sala, a la izquierda, cuelga una de sus primeras obras. Pasaba por ser informalista. En Gris, título del cuadro, fechado en 1963, hay en efecto ecos de Soulages y Tàpies: la abundante materia acerca la obra al bajorrelieve. Pero el orden y la simetría la separan del informalismo que prefería la inmediatez del gesto al orden acabado de la forma.

Barbadillo era un apasionado de la forma. Ese mismo año 1963 y el siguiente experimenta con tinta sobre papel, sin atreverse a llevar al lienzo sus hallazgos. Es una geometría sencilla: rectángulos, afilados triángulos y rombos, dúctiles formas curvas que modelan el espacio. Lo decisivo es el ritmo pero lo busca de forma intuitiva. A esos años pertenece Cartulina núm. 1, colgada justo enfrente de Gris.

'Ailán', acrílico sobre lienzo de la etapa 1968-1979. 'Ailán', acrílico sobre lienzo de la etapa 1968-1979.

'Ailán', acrílico sobre lienzo de la etapa 1968-1979. / D. S.

Todo cambia cuando, en Sevilla, en una Feria del Libro, tropieza con el libro de Robert Wiener Cibernética y sociedad. Comienza entonces a trabajar con módulos. Al principio, sólo uno: cuatro cuadrados, uno plano (blanco o negro) y los otros tres con cuartos de círculo inscritos. Juntos forman una suerte de cuernecillo (así solía llamarlo). Alternando el blanco y el negro y orientando el módulo en las cuatro direcciones del espacio construye piezas tan potentes, en formato y ritmo, como Roseta (Museo Reina Sofía) o Flecha (Centro Andaluz de Arte Contemporáneo). Sabe qué es la cibernética pero nunca ha visto una computadora. Son años (1964-1968) pacientes: traza sus combinatorias con rotring sobre papel milimetrado.

En 1968 celebró haber terminado Derecho: ser licenciado era imprescindible para entrar en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid. Las enormes IBM 7090 e IBM 1401 y la impresora de puntos, compradas por la entidad (estaban en el mercado desde 1958/59) facilitaron considerablemente su trabajo. Idea entonces otros tres módulos. Unidos al primero, forman, digamos, su léxico, y los usa según reglas (su sintaxis) que fija de antemano. No trabaja a ciegas.

Lleva a la computadora sólo las alternativas que le parecen fértiles. La laboriosa práctica de los años anteriores son su hilo de Ariadna. Terminado el proceso, examina los resultados de la computadora y selecciona los que merecen llevarse al lienzo. Así surgen obras como Sin título (primero a la izquierda de la primera sala) y Sirenia (primero, también a la izquierda, de la segunda). Dos breves piezas cuadradas, Sin título y Ailán, del mismo período 1968-1979, se antojan estudios o ensayos de formas de especial interés.

'Zusiana' (1996), de su última etapa, comprendida entre 1984 y 2003. 'Zusiana' (1996), de su última etapa, comprendida entre 1984 y 2003.

'Zusiana' (1996), de su última etapa, comprendida entre 1984 y 2003. / D. S.

En 1979 añade dos nuevos módulos, derivaciones –hasta cierto punto– de los anteriores. Los trabajos de esa etapa (1979-1984), menos dinámicos que anteriores, tienen la virtud de definir el espacio pictórico (extenderlo, comprimirlo, horadarlo...) usando sólo los no-colores: negro y blanco. Esta cualidad se advierte fácilmente en las cuidadas correspondencias de Zorjane, políptico que preside la segunda sala. Le permite además construir relieves en madera (hay uno en la muestra) e incluso proyectar esculturas, como se advierte en los esbozos de sus inseparables papeles milimetrados.

Desde 1984 amplía a diez los módulos. Elaboración de los precedentes, son variaciones de círculos inscritos en cuadrados. De la potencia de esta época (que dura hasta su inesperado fallecimiento) da fe otro políptico, Zusiana, colgado justo enfrente de la puerta de la galería.

La obra de Manuel Barbadillo, como la de Elena Asins, es doblemente fértil. Posee, primero, un valor crítico: enseña a mirar con cautela evitando la seducción de la imagen. En segundo lugar, la importancia que concede al ritmo permite examinar, desde ese punto de vista, el arte de cualquier época. Son dos razones para conocer bien a este silencioso artista.

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