'Goza cuello, cabello' | Crítica Un aventurero del color

  • Pablo Merchante despliega en Di Art Gallery un cromatismo muy personal con una obra que sigue la senda de la tradición artística para romperla

'Siete hermanas', uno de los trabajos de Merchante. 'Siete hermanas', uno de los trabajos de Merchante.

'Siete hermanas', uno de los trabajos de Merchante.

El color, como la música, son sensaciones que resisten a la palabra. Lo reconocemos, le ponemos un nombre, rojo, azul o verde, pero sabemos que eso no es suficiente, El color, cuando es intenso, suscita una atmósfera que nos invade y casi nos paraliza. Como decía cierto pensador francés, uno está tentado, en esos casos, de expresar la impresión del color en impersonas: hay rojo, ante el estallido de una puesta de sol, o hay azul-verde, si estamos frente al mar en un mediodía de verano. El color, así, levanta acta de que somos cuerpos, sensibles y sensuales.

Pero si nos perdemos en el color, no llegamos a naufragar en él. A la sensación que no encuentra la palabra adecuada acompaña una consciencia: la de saber que somos nosotros los invadidos. Nos sabemos afectados. Por eso, aquel pensador francés, decía que el color sólo se hace consciencia en nuestros cuerpos, cuerpos, al fin, inteligentes que, aunque no den con la palabra exacta para nombrar los variados matices amarillos, ocres y naranjas de una arboleda tocado por el otoño, sí pueden dar vida y memoria al color. De este modo, longitudes de onda y un entramado de células nerviosas se traducen en el gozo del color.

Estas ideas surgen al compás de los trabajos que expone en Di Gallery Pablo Merchante (Bollullos Par del Condado, Huelva, 1982), generosos en el uso del color. Así se advierte en los rojos de Oasis Horror, en los amarillos y azules de That’s Swaggy o en la estructura cromática de Siete hermanas.

Su empleo del color es, sin embargo, muy personal. No hay propiamente un naturalismo, aunque se mantienen sus ecos, y tampoco amplios campos de color plano que pudieran recordar a ciertos maestros del pasado. El color en Merchante asalta a las figuras para en cierto modo destruirlas y celebrar, con su brillantez, su victoria. Las obras de este joven autor se estructuran con claridad sobre la figura. Con frecuencia el retrato, en alguna ocasión el paisaje (Ser polvo, ser tierra, ser sombra, nada) o la naturaleza muerta (Siete hermanas). En ese sentido toma la senda de la tradición artística pero la sigue para romperla o al menos cuestionarla con el color que deforma e incluso destruye la figura, de modo que ésta casi no interesa porque la mirada se detiene en el color que la altera y los ojos siguen un itinerario marcado por el color y no por el perfil de la imagen. Esta reflexión crítica, a la vez, sobre la figura y el color es base y línea del trabajo de Merchante.

'Fragmento'. 'Fragmento'.

'Fragmento'.

He dicho antes que la figura casi no interesa. Casi, porque en ocasiones se tropieza con rasgos figurativos de empaque fotográfico, como los ojos y la frente de La moldava, por citar sólo un ejemplo. Estos rasgos, no obstante, sugieren un segundo componente de la pintura de Merchante, la sensualidad. Aspecto, por lo demás, muy afín al color. De ahí que la mayoría de las obras expuestas compongan un todo homogéneo, un ejercicio coherente.

Hay todavía un aspecto del trabajo de Merchante que merece destacarse y es el valor táctil de las obras. La aplicación de la materia pictórica, del pigmento, a veces líquido, como en el fondo de Pink in the Deep, y la mayor parte de las veces mostrando la textura del óleo, reforzado con el uso de collage, confieren a sus cuadros esa atractiva condición de una pintura que parece dirigirse a las yemas de los dedos. Con esa cualidad se fortalecen las otras dos: la fuerza del color y la sensualidad.

Quiero finalmente referirme a un pequeño cuadro que parece estar en una dirección algo diferente al resto de las obras. Me refiero a Fragmento. Modesto en sus dimensiones (41 x 27 cm), unas horizontales lo dividen en tres partes, prácticamente iguales, mientras, a la derecha, se ha trazado una una línea vertical señalando casi una cuarta parte del lienzo. Esta geometría, frágil en apariencia, se sobrepone a unas manchas de color cuya timidez no oculta su indudable fuerza.

Cultivadores del color, como Matisse, redujeron al mínimo la figura, como en La clase de piano o la asimilaron al campo de color (Estudio rojo). Otros prescindieron sencillamente de la figura e hicieron que el color, sobresaliendo del lienzo, invadiera el estudio o la sala de exposiciones (eso escribió Greenberg de Rothko y Newman). Aún cabe recordar a unos terceros, más humildes, que contrastan figuras, breves y expresivas como aforismos, con campos de color en los que están sumergidas. Tal vez sea esta observación inoportuna pero aquel breve, Fragmento, ¿podría abrir otro sendero para una nueva exploración del color? El encuentro entre geometría y pintura, y la potencia de las manchas crean ciertas expectativas. Merchante trabaja el color apoyándose en la figura. Ese buen hacer ¿podría ser aún más ambicioso aunque más arriesgado?

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios