El balcón

Ignacio / Martínez

Lo que es debido

31 de enero 2016 - 01:00

RAJOY se mueve. De momento no en dirección a la puerta de salida, como propugna cada vez más gente. Pero al menos da señales de vida. Ha inspirado la leyenda de que ni sufre ni padece; que no se inmuta. Pero no; emergido de su ensimismamiento tradicional, don Mariano el viernes en Valladolid dijo cosas de porte, aunque mayormente para salvar su piel. Frases como que al PP nadie le va a decir lo que tiene que hacer o que poner al quinto de la lista es un invento. También sostuvo con énfasis que en el Partido Popular quien no haga lo que es debido, se va.

Lo explicó ronco perdido. Si fuese verdad el dicho popular de que cuando critican a alguien, al interesado le pitan los oídos, también podría ser cierto que cuando se habla bien de quien no lo merece el desafortunado adulador debería quedarse ronco. Rajoy estaba ronco en Valladolid por las veces que había dicho durante todo el día, como si fuese en directo, en todas las televisiones, móviles o tabletas, aquello de "¡yo te quiero Alfonso, coño, te quiero, coño!". La frase, grabada en 2007, estaba dedicada a Alfonso Rus, el cacique local de su partido en Valencia, acusado por la policía y por un juez de ser el jefe de una organización criminal, en el último episodio de corrupción conocido en el seno del Partido Popular.

"Quien no haga lo que es debido" es una magnífica sentencia moral. Rajoy podría aplicarse el cuento. No hizo lo que era debido confiando en un tipo zafio como Rus a quien declaró su intenso cariño en público. Tampoco hizo lo que debía al mandar mensajes de móvil a Bárcenas con abrazos, "se fuerte" o "hacemos lo que podemos", cuando ya se conocían las cuentas de Suiza. Tampoco estuvo fino cuando dijo que el expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, condenado por delito fiscal, era un político ejemplar. Ni cuando dio su apoyo a Camps, a quien consideraba un extraordinario y honrado dirigente. Ni cuando afirmó que quería un Gobierno para España como el que presidía Jaume Matas en Baleares.

Más le valdría haber sido más prudente. También cuando hizo aquella manifestación, tres en uno, de que estaba convencido de la inocencia de la Infanta Cristina, que no debía renunciar a sus derechos dinásticos y que le iría bien. Será casualidad, o no, que en esa tarea hayan puesto todo su empeño varias instituciones dirigidas por el Gobierno: Fiscalía, Abogacía del Estado y Agencia Tributaria. Han fracasado, pero hemos tenido que oír el vergonzoso alegato de una abogada del Estado que pretendía que eso de que Hacienda somos todos era sólo un eslogan publicitario. Ahora sabemos que sí somos todos. Todos, menos el banquero que da nombre a la coartada, claro.

En fin, de todo esto debería hacerse responsable el presidente en funciones, en virtud del principio magníficamente enunciado por él mismo en Valladolid, ronco perdido. Quien no haga lo que es debido, se va, señor Rajoy.

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