Aute Retrato | Crítica El cantautor elegante

Si este país no fuera tan cainita, si la progresía oficial no se hubiera apropiado unilateralmente de ciertos iconos de la cultura y la derecha no mirara con recelo o desprecio a ciertos artistas comprometidos, se reconocería sin prejuicios la grandeza y la importancia incuestionables de Luis Eduardo Aute.

No queda otra conclusión después de ver este documental nacido del propio silencio del cantautor tras el infarto de 2016 que lo mantiene alejado de los escenarios y la vida pública mientras se recupera de las secuelas rodeado de su familia y amigos. Muchos de ellos desfilan precisamente por este trabajo retrospectivo y a favor de cariño que recorre la vida del cantante, poeta y artista nacido en Manila en 1943 a través de sus poemas, discos, cuadros, dibujos o películas, facetas múltiples de un creador discreto, seductor y elegante, persona de grandes cualidades humanas tal y como lo describen quienes lo han tratado, y autor de un puñado de canciones memorables (Rosas en el mar, Al alba, Sin tu latido, De alguna manera, Anda, Pasaba por aquí, No te desnudes todavía, Una de dos, Cine, cine, La belleza, Siento que te estoy perdiendo…) convertidas en himnos generacionales para aquellos que vivieron los estertores del franquismo y los primeros años de la democracia con ánimos renovados y fugaz espíritu libertario.

Reunidos en torno al concierto-homenaje celebrado en Madrid a finales de 2018, los amigos, colegas y herederos Sabina, Ana Belén, Massiel, Azucena Rodríguez, Forges, Serrat, Drexler, Martín, Guerra, Serrano, Rozalén, García-Pelayo, Mendo, Chávarri, Bellver o Escohotado, completan y matizan este retrato múltiple del hombre y el artista que arranca en una infancia sublimada y bilingüe hasta una edad madura de conciertos,  recitales cercanos y nuevas exploraciones sonoras, sin olvidar aquella década de los ochenta de éxitos y reconocimiento popular casi a su pesar o la particular imaginería surrealista y el esencial erotismo de una pintura que revela siempre una mirada personal y reconocible.

Si bien el formato no deja de ser convencional y previsible, Gaizka Urresti consigue entrelazar la biografía con la obra entre materiales y entrevistas de archivo, fragmentos escogidos del concierto-tributo y declaraciones siempre a una prudencial distancia de lo hagiográfico llevadas por la cercanía y el afecto hacia el artista.

Se me antoja que, más allá del masajeo generacional y la inevitable nostalgia, el principal legado de este documental será el de acercar a Aute a nuevas generaciones y, sobre todo, situarlo en su justo y merecido lugar de independencia y singularidad poética dentro de la música popular y el arte de vanguardia de nuestro país. 

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