A la mierda el 2020 | Netflix Suspenso en sátira pandémica

Tracey Ullman es la reina Isabel de Inglaterra en este fallido recorrido satírico por 2020. Tracey Ullman es la reina Isabel de Inglaterra en este fallido recorrido satírico por 2020.

Tracey Ullman es la reina Isabel de Inglaterra en este fallido recorrido satírico por 2020.

Entre otras muchas cosas, 2020 también nos ha enseñado que las prisas y la urgencia son malas consejeras para el audiovisual que, salvo raras y honrosas excepciones (pienso en Madrid, interior, de Cavestany), fracasó casi siempre en su intento de cogerle el pulso en tiempo real a la pandemia, el confinamiento o los nuevos hábitos, conceptos e imágenes derivados.

Más tiempo para pensar ha tenido Charlie Brooker, guionista y showrunner de la serie Black Mirror y responsable en la sombra de este A la mierda 2020 que Netflix ha promocionado como último descorchado del año del coronavirus, un especial navideño que ha cambiado las distopías y la negrura tecnológica por un avejentado formato de falso documental con actores estelares (Grant, Jackson, Ullman, Kudrow, Nanjiani, Keery) para intentar dar cuenta resumida y paródica de los ya conocidos y sobreinformados acontecimientos de 2020.

Rutinario y mecánico, pronto revelado como postizo entre el trabajo de montaje de archivo y las intervenciones de sus personajes de ficción, A la mierda 2020 repasa con escaso y machacón humor los principales eventos político-pandémico-sociales del aciago año con demasiada atención al eje norteamericano-británico (al fin y al cabo ahí es donde está el dinero), a Trump, Johnson, el Black Lives Matter o el Brexit, y una cansina sátira de la expansión de la polarización política y social o el auge de las fake news como ejes de un formato en el que falsos asesores y científicos, historiadores confusos, influencers millonarios, gente normal o la mismísima reina de Inglaterra son el objeto de una parodia de escaso alcance y mordacidad.

Brooker desaprovecha así no sólo el formato mockumentary sino toda una amplísima información mundial para quedarse demasiado tiempo mirando a las elecciones norteamericanas y olvidar que, en realidad, este 2020 y su dichoso coronavirus no sólo se llevaron por delante centenares de miles de vidas, sino también un poco de nuestra libertad y, sobre todo, mucho de nuestro sentido del humor. Si esta película estaba destinada a restituirlo, su fracaso es mayúsculo.