Entre perro y lobo | Estreno en Filmin La guerrilla fantasma

Una imagen de 'Entre perro y lobo', de Irene Gutiérrez. Una imagen de 'Entre perro y lobo', de Irene Gutiérrez.

Una imagen de 'Entre perro y lobo', de Irene Gutiérrez.

De mi primer año como profesor en la universidad allá por 1999, cuando impartía la asignatura Filmología: teoría y estética del cine, recuerdo especialmente a tres alumnos por sus inquietudes cinéfilas: a Alfonso Crespo, hoy crítico y editor de referencia además de buen amigo; a Alberto Leal, onubense en Madrid, siempre ligado profesionalmente al audiovisual y hoy colaborador de El Deseo; y a Irene Gutiérrez, a quien he seguido la pista de lejos en su paso por la Escuela de cine de San Antonio de los Baños en Cuba y a través de sus dos largos, Hotel Nueva Isla y este Entre perro y lobo que se puede ver hasta el lunes en Filmin dentro de la programación online del Festival de Gijón.    

Y tiene mucho que ver con esa formación cubana y con su compromiso con ciertos ideales revolucionarios este filme que se adentra en la jungla, su orografía, sus noches y sus sonidos, una jungla herzogiana, acompañando a un puñado de veteranos guerrilleros, algunos presentes en los combates míticos de la revolución cubana, pero también, años más tarde, en las brigadas que fueron a Angola, que reviven y recrean ahora la experiencia física y la memoria de aquellos días de camino, peligros, acción, muerte, ideales y utopía por los que han pasado las huellas y heridas del tiempo.

Gutiérrez construye con ellos, con sus cuerpos achacosos en lucha contra los elementos, con sus relatos, sus temores y sueños truncados, una aventura que es a un tiempo lineal y estática, un viaje anímico y sensorial en el que se funden con el paisaje, con el espesor de la jungla, con los caballos, la tierra y la piedra, y del que emerge la memoria personal y colectiva de la experiencia revolucionaria sobre la que sobrevuelan a veces viejas imágenes de archivo, la palabra de Fidel o canciones de lucha y resistencia.

Entre perro y lobo escapa así del documental para ir mucho más allá en la experiencia de sus protagonistas, aún con fuerzas para reivindicar modestamente su papel en la Historia, un papel no reconocido, no recompensado o incluso olvidado. Cuerpos cansados con memoria, nuestros viejos guerrilleros se resisten a desaparecer y siguen caminando, amando o navegando quizás para no convertirse del todo en fantasmas.