La muerte de Michael Corleone | Crítica Este roto no tiene compostura

Diane Keaton y Al Pacino en el nuevo montaje de la tercera parte de 'El padrino'. Diane Keaton y Al Pacino en el nuevo montaje de la tercera parte de 'El padrino'.

Diane Keaton y Al Pacino en el nuevo montaje de la tercera parte de 'El padrino'.

El eclipse del genio de Francis Ford Coppola es uno de los fenómenos más sorprendentes de la historia del cine. Nunca un director tan creativo, influyente y aclamado -el único que ha llegado a tener dos películas, las dos primeras entregas de El Padrino, entre las 10 mejores de la historia del cine según la exigente lista elaborada cada diez años por el BFI- se ha despeñado tan absolutamente antes de que mediara su carrera para acabar prácticamente retirado de la dirección: en los últimos 20 años solo ha dirigido tres malas películas (El hombre sin edad, Tetro y Twixt). El prometedor director de los 60 (Ya eres un gran chico, Llueve sobre mi corazón) y el maestro genial de los 70 (El Padrino, La conversación, El Padrino II, Apocalypse Now) se hundió en los 80.

La ruina absoluta tras los errores de producción y el fracaso comercial de la hermosísima One from the Heart en 1981 y los malos resultados comerciales de las siguientes Beldes y La ley de la calle en 1983 pueden explicar que se tuviera que dedicar a pagar deudas haciendo películas de encargo. Pero no que estas fueran cada vez menos interesantes con las excepciones de Cotton Club (1984), Tucker (1988), Drácula de Bram Stoker (1992) y la estupenda Legítima defensa (1997), su último título interesante y un perfecto ejercicio de reescritura del cine clásico. Tras ella estuvo una década sin rodar para regresar con las tres malas películas antes citadas. Y de paso empeorar Apocalypse Now añadiéndole en 2001 media hora carente de interés que lastra gravemente la versión original de 1979 (curiosamente en el documental sobre el rodaje hecho por su mujer, Coppola se felicitaba de haber quitado esas escenas de la primera versión, especialmente la de los colonos franceses).

Dentro de este enigma del eclipse del genio de Coppola El Padrino III que ahora ha remontado ocupa un lugar central. Es incomprensible que el genio de las dos primeras entregas, el vencedor del reto de superar la primera con la segunda, rodara en 1990 esta pésima película que casi parece a veces una parodia de Leslie Nilsen. Es sabido que lo hizo urgido por sus problemas financieros y tentado por una astronómica cifra. Pero esto no explica que el resultado estuviera tan alejado de las dos anteriores. El reparto estaba plagado de graves errores -la ausencia de Robert Duvall por no querer pagarle lo que exigía y las presencias de Andy Garcia, George Hamilton y su hija Sofía entre los peores-, el retorno a situaciones clásicas de las anteriores le daba un aire de parodia, el montaje y sobre todo la inclusión de flashbacks no funcionaba… Y ahora este retorno no mejora nada.

Coppola le ha quitado metraje, ha corregido y reordenado el montaje, ha cambiado el principio y el final. Pero sigue siendo una mala película. Y no solo por comparación con las otras dos obras maestras, sino en sí misma. Dicho sea con dolor por el inmenso respeto que el ya octogenario director de El Padrino, El Padrino II y La conversación -para mí sus tres obras maestras absolutas- merece. Ya lo decía el refrán: "sombrero teñido, dinero perdido". 

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