Sábado santo

Más nubes que claros

  • Volvió a escucharse a Chopin y la 'canina'mostró la sonrisa burlona con la que acaba una fiesta donde han convivido lo bello y lo cutre.

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Calle Alfonso XII. Dos guiris pasean paladeando un helado que se derrite entre los dedos. Pantalones cortos, hombros y pies al aire. El verano se ha adelantado para los visitantes y muchos sevillanos. La chaqueta ha quedado olvidada al fondo del armario este Sábado Santo. Pocos lucen el luto. En la Escuela de Estudios Hispanoamericanos hay una mezcolanza de colores. Nazarenos de las distintas cofradías de Sevilla esperan con sus estandartes y varas a salir en la representación del Santo Entierro. Al fondo se escuchan los tambores. Llegan los componentes de la banda del Ejército que acompañará al paso del Duelo. Muchos espectadores salen corriendo a fotografiar a los militares. La estampa recuerda a una mañana de Corpus o al amanecer del 15 de agosto. El cielo se nubla y hace un bochorno que empieza a ser molesto. Los dos turistas acaban de comerse el helado. Se limpian las manos y tiran el papel al suelo. Llegan las autoridades. Personas con chaqué y corbata negra que se entremezclan con los militares, los nazarenos y costaleros de pelo engominado y tatuaje en los brazos. Toda la Semana Santa cabe en estos pocos metros cuadrados de Alfonso XII. La popular y la elitista. La espontánea y la organizada. La elegante y la chabacana. La que respeta al cuerpo del ejército y la que se mete entre sus componentes.

Salida de El Sol

El Sábado Santo cerró la semana con más oscuros que claros. Perfecta metáfora de una fiesta en la que el buen tiempo ha dejado al descubierto las verdaderas sombras de una celebración que refleja como pocas la sociedad actual. El día comenzó con los cielos despejados y la resaca de tres jornadas seguidas de cofradías. Los turistas recorrían el centro en busca de pasos en los templos en un día de iglesias cerradas por la muerte del Señor. El Sol llega a la Puerta de Jerez tras pasar las horas de la canícula entre catenarias. Con una Enramadilla que recordaba las Semanas Santas de estampas en sepia con escaso público y tranvías. Ver pasar la primera cofradía del día tarda el tiempo que un café pasa de caliente a templado. O que un camarero con pocas dotes para el oficio sirve la comanda. Algo de agradecer tras largas horas de pie.

Los Servitas en Santa Ángela de la Cruz

En las cafeterías del centro hay hueco más que suficiente en las barras. Se consumen las últimas torrijas. Aquéllas que se han quedado pegadas a la miel convertida en azúcar dorada. Aunque para endulzar los paladares, la cofradía servita, donde cualquier detalle ha pasado antes por el laboratorio del diseño. Hasta la escalera de aluminio que va tras el paso de la Virgen de la Soledad está forrada en terciopelo morada para cubrir los hirientes brillos de un material que chirría con la estética barroca.

La salida del Santo Entierro

La calle Imagen resulta más gris que nunca en este sábado donde las nubes han ganado la partida a los claros. Se multiplican en las redes sociales los meteorólogos semanasanteros que tanto se han echado en falta este año. Hay riesgo de lluvia. Incluso en algunos puntos de la ciudad caen leves gotas de agua. El bochorno sigue en aumento. El palio trinitario de la Virgen de la Esperanza es un grito verde en la monotonía cromática de este injerto de los Remedios en pleno centro. Como lo es también para este día con sones de Chopin. En este adiós prendido a la cruz de la Soledad que habita en San Lorenzo y a partir de hoy en las calles de Sevilla. Todo pasa y todo queda. La canina de San Gregorio siempre guarda la última sonrisa. La mueca burlona que no esconde ni hasta delante del mismo Rey de España. La contundente verdad camuflada bajo los oropeles efímeros de una semana donde el sol ha dejado al descubierto lo bello y lo cutre. Toca soñar u olvidar lo vivido. Usted elige.

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