atletismo

Antonio Reina, el adiós de un referente

  • El ochocentista de Osuna se despidió del tartán acosado por las lesiones pero con la ilusión de nuevos proyectos

Hace ya varios años, un padre y su hijo pequeño se acercaron a un jovencísimo atleta. Éste le regaló unas zapatillas Reebok de clavos al crío, que se puso como loco de contento por recibir tal regalo de uno de sus referentes. Aquel atleta era nada menos que Antonio Reina, uno de los mejores ochocentistas españoles de la historia, y el pequeño, Luis Alberto Marco, otro de los grandes. Ese momento representa a la perfección lo que Antonio Reina ha aportado a la historia del atletismo español: abrir el camino a los más jóvenes de la sufrida distancia del 800.

"Y se acabó", rezaba el tweet del ochocentista de Osuna al término del Campeonato de España de Gijón disputado el pasado mes de julio, en el que Reina decidió acabar su carrera deportiva. Una despedida sencilla, como él. Ya había disfrutado sobre el tartán de un más que caluroso y merecido homenaje por su gran aportación a una distancia prácticamente desconocida hasta su llegada. Vuelta de honor a la pista de Gijón, los aplausos del público, la presencia de su mujer y una camiseta entre sus amigos que rezaba "Gracias".

Y es que en realidad era la crónica de una despedida anunciada. El atleta sevillano llevaba ya tiempo planeando su retirada y, para ello, puso en marcha un proyecto que tenía desde hacía tiempo en mente. "Desde el año pasado empecé con un pequeño proyecto como entrenador con un grupo de chavales que ha aumentado bastante. Además, realizo entrenamientos personales. No me ha faltado trabajo gracias a esto. Quería empezar poco a poco para tener algo para la retirada y al final he conseguido mucho. Ahora hay que darle forma", explica Reina, quien no piensa dejar de practicar deporte, pero de otra forma, para su disfrute. "Sigo vinculado al atletismo, que ha sido siempre mi vida. Ahora lo miro desde otro punto de vista, eso sí. Hago deporte para mantenerme en forma, sin objetivos ni a corto ni a largo plazo", puntualiza.

Sin embargo, la retirada cuesta más de lo que parece. El gusanillo de la competición no desaparece así porque sí y el mediofondista tiene que acostumbrarse a ver competir desde el sofá a sus compañeros. "Fue un palo no estar en los Juegos ni en el Campeonato de Europa. Desde casa lo he visto diferente, con la perspectiva de un entrenador", añade. En ese análisis exhaustivo, Antonio tiene claro que hay futuro: "El equipo español estuvo bastante bien".

Sobre su distancia, el 800, el sevillano afincado en Valencia no la deja huérfana. Y es que si algo ha sabido hacer Reina, es dejar una estela a la que seguir en esta prueba: "El futuro del 800 está bien cubierto. Kevin López es el líder indiscutible a pesar de su lesión. Luis Alberto Marcos también está ahí y los jóvenes vienen pegando fuerte. En el 800 gozamos de una buena remesa".

Un panorama muy distinto del que él se encontró cuando empezó en esto del correr, allá por el año 1999. "En esa época no había ningún ochocentista en el que fijarme. A partir de ahí fue creciendo la prueba, fuimos posicionándola poco a poco a nivel nacional y hoy es la distancia en la que más nivel hay, incluso en Europa. Podría decirse que somos la primera potencia europea y estamos en el top 5 a nivel mundial", argumenta sobre una prueba que nunca se planteó abandonar por otra menos desagradecida, como es el 1.500. "Tengo entre mis cualidades la velocidad y quise aprovechar eso. Nunca se me ha dado bien el 1.500", reconoce.

Kevin López explicó una vez de su mentor que si las lesiones lo hubiesen respetado, Reina habría obtenido más éxitos por las cualidades que poseía. Y eso precisamente fue lo que desmotivó al atleta natural de Osuna, el acoso continuo de las lesiones. "Cuando voy a entrenar quiero disfrutar y últimamente no estaba haciéndolo. Quería plantearme otras cosas. Me empezó a motivar llevar a gente e hizo que me centrase más a ellos que a mí. Decidí que era la señal para dedicarme a otras cosas y dejar paso a los más jóvenes", recuerda.

Y es que esta distancia no es para cualquiera. Todos reconocen la relación de amor-odio que tienen con el 800: una forma de clasificación matadora, una preparación dificilísima que necesita de resistencia, velocidad y horas de gimnasio, mucho sacrificio, facilidad para lesionarse por el impacto en las articulaciones, excesiva rivalidad y poca valoración económica. "Hay que trabajar la fuerza, pero sin pasarse, la resistencia pero sin quedarse lento, y la velocidad pero sin dejar atrás las otras dos. Además, en las series coges unas pájaras... En definitiva, una mezcla explosiva. Me ha dado muchas alegrías, pero también tristezas", lamenta.

A pesar de todo, guarda grandes recuerdos y alegrías, miles de anécdotas y buenos amigos. ¿El mejor? Fue en Madrid, "en casa", la Copa del Mundo de 2002. "La gané e hice récord. Vinieron a verla mi familia y amigos, y fue muy especial", añade Reina.

Ahora, los ojos ya no están puestos en el tartán, sino en sus pupilos, su mujer, su hijo y las calles valencianas por las que corre por afición. Antonio Reina sigue marcando el camino, pero, esta vez, desde otra perspectiva.

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