RIJEKA - sevilla · la crónica

Dicen que nunca se rinde, versión 'light' (2-2)

  • El Sevilla rescata un punto de tremenda importancia en el tiempo de prolongación ante el Rijeka. M'Bia iguala un partido que su equipo ya tenía perdido y que lo tuvo ganado hasta el penalti de Kolodziejczak.

El himno ya establece claramente a quien defiende la camiseta del Sevilla eso de que "dicen que nunca se rinde" y sus futbolistas, ya de diferentes épocas, se han empeñado en hacerle caso a la canción en esta Liga Europa que tanta gloria le ha dado al club radicado en Nervión desde que arrancara el siglo XXI. En Rijeka, al ladito del mar, no tenía la misma trascendencia que en Donetsk o en Valencia, ni muchísimo menos, pues aún se está en fase de liguilla y los otros fueron en eliminatorias a vida o muerte, pero M'Bia volvió a aparecer en el momento justo para rescatar al equipo de Unai Emery. ¿Suerte?, ¿esoterismo que dirían algunos? Pues llámese como se prefiera, también se puede considerar simplemente fútbol con la carga de azar que este juego conlleva, pero lo cierto es el punto volaba en el chárter de retorno desde la costa adriática y el Sevilla puede otear el futuro con tranquilidad.

Porque sería injusto centrar el análisis de manera exclusiva en el oportunismo de M'Bia para mandar a las redes croatas un buen centro de Tremoulinas, que también existió a pesar de que el Sevilla ya llevaba un buen rato jugando con un futbolista menos. El partido duró noventa y cinco minutos, sumando las dos prolongaciones, e igual que en esa acción postrera la fortuna estuvo del lado visitante también le había vuelto la espalda con anterioridad. A saber, minuto 49, Iborra se encuentra con un balón suelto en el área rival y en lugar de mirar a Iago Aspas atrás, se precipita en su disparo. Pudo ser el cero a dos que finiquitara definitivamente este Rijeka-Sevilla, pero no sucedió así y sólo cuatro minutos después, casi en la primera aproximación de los locales hasta la portería de Beto, Kolodziejczak volvió a demostrar que, a día de hoy, no es central ni está cerca de serlo cuando permitió que Kramaric le robara la cartera de una manera bastante inocente. Penalti y expulsión del defensa sevillista, empate para el Rijeka y casi un tiempo en inferioridad numérica para los nervionenses.

Ahí la suerte se le volvió en contra al cuadro de Emery, ya que cualquiera que estuviera viendo el partido jamás podía pensar que éste pudiese virar de semejante forma. El control de los visitantes era absoluto y el Rijeka se limitaba a tirar de orgullo para tratar de revertir la situación. Pero el fútbol es así de caprichoso y el Sevilla estaba empeñado en mantener con vida a su rival cuando se veía que éste era claramente inferior. Además, el Rijeka sufría al ir por debajo en el marcador por la sencilla razón de que es un equipo que le cede completamente la iniciativa al adversario y ahora se veía obligado a asumir más riesgos.

Sin embargo, bastó con esa ingenuidad de Kolodziejczak, que fue a buscar a Kramaric en una zona que no era la suya y después se precipitó al derribarlo siendo el último hombre, para que todo cambiara. Desde ese momento, después del empate al transformar el penalti el prometedor Kramaric, el Sevilla sí iba a comenzar a mostrar carencias, y muchas además. El cuadro de Emery se descompuso absolutamente, se convirtió en un equipo anárquico, con muchos futbolistas fuera de posición y halló su segundo castigo en otra desaplicación defensiva, en este caso del otro central, de un Carriço que midió muy mal a la hora de tratar de anticiparse a Kramaric, otra vez Kramaric. La estrella del Rijeka le facilitó el gol a Kvrzic, aunque éste volvería a contar con la colaboración de un Carriço ya a la desesperada al desviarle su disparo a Beto.

El Sevilla, que había mostrado una buena impresión en el primer periodo gracias a la movilidad de Iago Aspas en su primera aparición oficial como titular en la punta del ataque, era un equipo desconocido en esos instantes, desubicado, con sus futbolistas incrédulos ante lo que se les venía encima. Y, además, los cambios ordenados por Emery tampoco ayudaron a centrarlo a pesar de tener un futbolista menos. M'Bia, aunque después se iba a convertir en providencial con su gol, mostraba un pasotismo total, iba a sitios que no le corresponden y dejaba que Krychowiak se tuviera que cargar toda la tarea defensiva cuando ya llevaba muchos minutos de carreras para arriba y para abajo.

Iborra también trataba de jugar más cerca de Iago Aspas, con lo que se originaba un agujero por el centro evidente que mostraba la cara más vulnerable de los sevillistas. Fue increíble en esa fase que el Rijeka no incrementara su ventaja, aunque también tuviera que ver con su miedo a tomar la iniciativa. Eso fue lo que dejó con vida al Sevilla, algo que, como se ha visto tantas veces cuando se trata de la Liga Europa, es una cruz para todo rival que se crea que ya lo tiene liquidado restando aún tiempo.

El último intento de Emery fue sacar a Bacca en el sitio de Iago Aspas. Tal vez el cambio debía haber sido por Aleix Vidal si se analiza el rendimiento que estaba ofreciendo el extremo catalán, pero quien la lleva la entiende y también habría que valorar el cansancio acumulado por el delantero gallego en esa primera participación como titular. Lo cierto es que no cambió mucho la decoración con el colombiano en el campo, pues el Sevilla parecía negado para acarrear el balón hasta las zonas más avanzadas con algo de sentido.

Todo se limitaba a pelotazos frontales fáciles de ser defendidos por el Rijeka. Los croatas ya disfrutaban del triunfo, como antes lo hicieron el Shakhtar, el Valencia y algún otro, cuando sí llegó una combinación con sentido que acabó en los pies de Tremoulinas y su centro lo remató M'Bia. Empate, dos a dos en el acta arbitral y, aunque se trate de una versión mucho más light, por la menor trascendencia del resultado, en Croacia también se cantó el "dicen que nunca se rinde".

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