Obituario

Entre Eizaguirre y Palop, José María Busto

  • El portero era el último representante del equipo que se coronó campeón de Liga en la campaña 1945-46.

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Natural de Portugalete, donde nació el 12 de noviembre de 1924, ayer fallecía en nuestra ciudad José María Busto Llano, uno de los auténticamente grandes en la centenaria historia del Sevilla. Segundo dorsal de leyenda tras la concesión del primero a su coetáneo Juan Arza, Busto fue el segundo gran portero del Sevilla, sucesor magnífico de Guillermo Eizaguirre como icono indiscutible del sevillismo.

El vasco llegaría al Sevilla de la mano de aquel gran cazatalentos que fue Pepe Brand y que, además, sería su primer entrenador en un viejo Nervión donde iba a desarrollarse toda su trayectoria como sevillista. Y es que Busto llegó al club en el verano de 1942 para retirarse en 1958, meses antes de que se inaugurase el gran sueño de Ramón Sánchez Pizjuán, el estadio actual.

Busto fue pilar indiscutible a lo largo de dieciséis temporadas en las que dos títulos iban a llegar a Nervión, la Liga de 1946 y la Copa de dos años más tarde. En ambas competiciones tuvo especial participación el portugalujo, que estuvo varias veces a punto de guardar el marco del equipo nacional, pero jugó en su contra una envergadura en la que salía perdiendo ante guardametas como Iñaki Eizaguirre, Antonio Ramallets o Carmelo Cedrún.De hecho sólo pudo ser internacional en el equipo B, con victoria sobre Francia en Bayona el 30 de mayo de 1954, tarde en la que Arza ejerció de capitán.

Era el último representante de aquel Sevilla legendario que ganó la Liga en Las Corts. Busto; Joaquín, Villalonga; Alconero, Antúnez, Eguiluz; López, Arza, Araújo, Herrera y Campos fue la alineación para que un gol de Araújo determinase que las vitrinas del Sevilla acogiesen a la más preciada de sus conquistas. Pero la rosa tiene espinas y José María siempre llevó en el alma tres muy dolorosas. La primera, no haber sido internacional absoluto; la segunda, aquel capricho incomprensible de Helenio Herrera al privarle de jugar en la gran fiesta que fueron las Bodas de Oro y la última, la de su última noche, la ominosa de Chamartín en Copa de Europa.

En esos coletazos del duro invierno 57-58 decidió José María colgar las botas, por lo que no pudo guardar las porterías del Sánchez Pizjuán. Tras su retirada ejerció de entrenador del Sevilla Atlético y también del primer equipo, ya que sustituyó a Antonio Barrios en una temporada, la 62-63, que no iba por cauces de normalidad. Entre los grandísimos Guillermo Eizaguirre y Andrés Palop, la figura de José María Busto se agranda extraordinariamente a lo largo de dieciséis cursos con muchos más claros que oscuros. Descanse en paz tan extraordinario futbolista.

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