El Zaragoza sigue con su caída libre
Fútbol l Liga BBVA
Los dirigentes del club dimiten en pleno y Agapito Iglesias, el dueño, se hace cargo
El Real Zaragoza fichó al argentino Pablo Aimar en 2006 con la abierta intención de formar un equipo para luchar por la Liga española de fútbol. Tres años y medio después, sin embargo, el club se encuentra inmerso en una aguda crisis deportiva e institucional de incierto futuro.
Toda la cúpula directiva del club, con el presidente Eduardo Bandrés a la cabeza, dimitió ayer en bloque arrastrada por la profunda brecha abierta entre los dirigentes y la afición, decepcionada por ver a su equipo penúltimo de la Liga española con 12 puntos.
El máximo accionista del club, Agapito Iglesias, asumirá a partir de ahora todo el poder y formará una nueva junta directiva con él como presidente. "Desde esta misma mañana, de común acuerdo con Agapito Iglesias, dejo de ser presidente del Zaragoza", anunció Bandrés.
Todos los consejeros de la junta abandonarán también sus cargos. "Se trata de dejar libertad de acción al máximo accionista que le permita formar una nueva estructura", explicó el ya ex presidente.
Sin embargo, Iglesias es percibido en gran parte de la hinchada zaragocista como responsable del fracaso del equipo desde que compró el club en mayo de 2006.
De hecho, el empresario de la construcción fue quien designó a Bandrés como presidente del club hace tres años y medio. El nuevo propietario apostó fuerte desde el principio. "Mi objetivo es ganar la Liga, por lo menos una", dijo el empresario poco después de comprar a Aimar. El desembarco del argentino fue un mensaje claro: el Zaragoza dejaría de ser un equipo vendedor para convertirse en comprador.
Dirigido por Víctor Fernández, el técnico de la Recopa de Europa de 1995, el equipo se formó en torno a un grupo de talentosos jugadores argentinos: Aimar, D'Alessandro, Ponzio y los hermanos Gaby y Diego Milito.
El club hizo la mayor inversión de su historia en fichajes, entre los que destacó el del argentino Ayala, que llegó para cubrir el hueco dejado por Gabriel Milito.
La temporada fue un desastre. D'Alessandro salió del equipo tras enfrentarse a Aimar, una pelea que también envenenó la relación entre Agapito y el técnico. Fernández fue destituido y tras él llegó una catarata de entrenadores: Ander Garitano duró una semana, Javier Irureta poco más de un mes y Manolo Villanova no pudo evitar el descenso.
Con una deuda estimada superior a 100 millones de euros, el club tuvo que vender a Aimar y Diego Milito y encargar a Marcelino García Toral el regreso en un año a Primera División. El técnico cumplió, pero su relación con el dueño del club, al que reprochaba no cumplir su promesa de fichajes, también se deterioró y el 12 de diciembre fue destituido pese al apoyo de la hinchada.
"En este momento la prioridad es que el equipo siga en Primera División", admitió ayer Iglesias, que busca un "giro" que detenga el declive de su club.
Olvidado Aimar y el sueño de la Liga, las prioridades del empresario y del Zaragoza son ahora de supervivencia en un campeonato altamente competitivo.
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