FC Barcelona-Coosur Real Betis | La crónica La indolencia, pecado capital en el Palau (82-53)

  • El Barcelona barre a un triste Betis, que apenas compitió en el Palau tres minutos

  • Más allá del resultado, el ataque deslavazado y la falta de intensidad atrás fueron preocupantes

Ouattara trata de lanzar ante la defensa de Calathes y Mirotic. Ouattara trata de lanzar ante la defensa de Calathes y Mirotic.

Ouattara trata de lanzar ante la defensa de Calathes y Mirotic. / AFP7 (Europa Press)

Por dónde empezar... Quizá por el resultado. El Coosur Betis cayó por 82-53 frente al Barcelona, que no está tan mal comparado con el triunfo azulgrana sobre el Fenerbahçe en la Euroliga el jueves (97-55) o el ridículo, aún mayor, de hace tres temporadas en este mismo escenario con el 121-56. Pero el marcador fue lo de menos, en este encuentro, en el que los de Curro Segura se mostraron como un conjunto indolente, sin fe ni ganas como nunca, defendiendo sin intensidad alguna y pasándose la pelota en nueve metros, consumiendo el tiempo para acabar lanzando melones de los que muchos ni tocaban el aro. La indolencia es un pecado capital en el deporte.

No hubo noticias del Betis en el Palau. En el peor partido, de largo, del conjunto heliopolitano con Curro Segura en el banquillo en casi dos años y medio, los de Sarunas Jasikevicius debían pensar que tenían al filial verdiblanco enfrente y no a un equipo profesional de la que denominan la segunda mejor liga del mundo.

Nadie se remangaba atrás. Arriba, sálvese quien pueda, con ataques anárquicos que acababan con los béticos lanzando melones en vez de un balón a la canasta, el cuadro sevillano no compitió ante un rival que es cierto que venía de barrer al Fenerbahçe en la Euroliga, cierto, pero el Betis no pareció un equipo en la Ciudad Condal, por muchos cambios en la rotación que introducía el técnico. ¿Hay plantilla para más? ¿Hay dinero para hacer algún cambio o fichaje? Se puede perder, claro. Más aún ante un Barça que no levanta el pie del acelerador con el técnico lituano apretando desde el banquillo y mandando a los suyos a presionar a toda cancha aun ganando por 20 puntos. Olía sangre el entrenador blaugrana y fue a por todas.

Campbell defiende a Calathes. Campbell defiende a Calathes.

Campbell defiende a Calathes. / AFP7 (Europa Press)

Calathes hacía lo que quería ante la tibia defensa de Campbell y con Mirotic sumando desde el principio el triple de Campbell fue la última noticia del cuadro hispalense en el partido. Era el minuto 3 y con esa canasta colocó el base estadounidense el 7-8, pero a partir de ahí tardó 11 minutos, con un lanzamiento de Ndoye, en volver a anotar una canasta en juego. Tampoco es que sumara mucho más desde la personal. Una canasta de Obi y poco más para llegar al final del primer cuarto con un contundente 23-9 que daba por finiquitado el choque en apenas 10 minutos.

Y es que no hubo reacción en los verdiblancos. Los cambios y las rotaciones no alteraron la imagen indolente de un conjunto que parecía estar en el Palau de paseo, con más miedo que vergüenza. De ahí el triste 7/35 en tiros de dos puntos del equipo hispalense, frente al 9/24 en triples. La pelota se movía sin sentido, con pases horizontales de seguridad de un balón que parecía quemar. Nadie lo quería. Nadie se movía... Lo que unido a una exigente defensa blaugrana hacía que el ataque bético acabara en tiros imposibles demasiadas veces, ataques aturrullados que finalizaban en las manos de los jugadores locales para seguir abriendo la brecha con total comodidad, con la puntuación muy repartida sin tener que depender de uno u otro jugador, porque cualquiera encontraba cómodas situaciones para anotar con facilidad.

Al descanso ya no había partido: 46-22. No lo hubo desde el minuto tres, de hecho, pero lo peor era la imagen de un equipo que si otras veces quería y no podía, esta vez ni quiso ni pudo. Con el Barça doblando al Betis en el marcador, el segundo cuarto finalizó con los de Curro Segura sin entrar en el bonus y eso que Spires cometió dos faltas en el último medio minuto. Ver para creer.

No hubo reacción a la vuelta de los vestuarios, pese a la presumible bronca de Segura a una tropa que estaba más preocupada de que esto se acabara ya que de intentar dar otra imagen por el club, el escudo y los colores que defienden. Jugadores señalados y un técnico sobrepasado en este encuentro, sin encontrar soluciones por mucho que rotaba a sus jugadores en busca de, al menos, un jugador, que sacase algo de orgullo en la pista. Orgullo y ganas. Porque entre pérdidas ridículas, pases a nadie y despistes pisando la línea y perdiendo la posesión, parecía que nadie tenía la mente en lo que estaba pasando en el Palau. Quizá alguno debía mirar al banquillo y aprender de la profesionalidad de su delegado.

Jasikevicius lo vio todo hecho y decidió reservar a sus titulares, que el miércoles repiten en Europa, dando entrada y protagonismo a canteranos como Sergi Martínez o Badio, que finalizaron el partido junto a Bolmaro, Smits y Pustovyi, un pívot denostado por Svetislav Pesic las dos últimas campañas.

La imagen del Betis fue tan pobre como preocupante, a una semana de un partido vital ante el Bilbao Básket. Mucho en juego ahí, como lo hubo ante el Gipuzkoa para un equipo cogido con pinzas en cuanto los teóricos titulares no están a la altura porque la segunda unidad sigue sin dar un paso adelante. ¿Y ahora qué?

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