¡Que fallen los demás! (1-1)

Real Betis-Racing de Santander

El Betis sigue a la misma distancia del descenso, pero su pobre juego no le dio para vencer a un Racing muy limitado. Los verdiblancos no aprovecharon la tempranera ventaja inicial.

¡Que fallen los demás! (1-1)
¡Que fallen los demás! (1-1)
Francisco José Ortega, Sevilla

Sevilla, 25 de marzo 2012 - 21:40

El Betis de Pepe Mel agotó ayer todas las excusas posibles y deberá acudir a una severa autocrítica para tratar de ponerle una solución a los males actuales del equipo, que son múltiples y variados. Esta vez no vale que faltó intensidad, que el árbitro no sancionó esto o lo otro, que el campo tenía unas dimensiones reducidas y el rival supo adaptarse mejor a ellas, que el balón perteneció al equipo y éste no fue capaz de sacar rédito de ello... No, el Betis no fue capaz de derrotar al Racing de Santander, sin duda la peor plantilla de la máxima categoría, y no lo hizo por la sencilla razón de que tampoco fue tremendamente superior a los cántabros.

Que no se entienda mal esta primera argumentación, porque conviene precisar que si un equipo se hizo acreedor al triunfo en la tarde de ayer, ése fue el Betis. ¿Pero los verdiblancos hicieron lo suficiente para haberse marchado como triunfadores de la contienda? Tampoco, tuvieron ocasiones esparcidas en el tiempo por la sencilla razón de que enfrente tenían a un rival que no daba más de sí, pero con eso no les llegó para haberse procurado un final plácido y libre de sobresaltos.

El Betis fue mejor que el Racing, estaría bueno que no fuera así, pero su fútbol no tuvo jamás continuidad y se limitó a arreones esporádicos, a llegadas puntuales aunque carentes de ese método que tantos piropos le ha hecho acopiar a Mel durante su etapa como máximo responsable técnico del equipo. El Betis debió haber decantado la balanza con mucha claridad a la vista de las carencias de este Racing que demasiado ha hecho con llegar en la actual situación al tramo liguero final, pero no fue capaz de hacerlo y al final se topó con una sorpresa desagradable en forma de cabezazo de Stuani a la escuadra. Un empate que, sin duda, incrementa la preocupación entre todos los que sienten en verdiblanco por mucho que haya quienes piensen, creo con razón, que los tres últimos equipos de la tabla apenas tienen nivel para asustar a quienes marchan por delante.

Pero todo eso, por muy inmediato que sea, pertenece al reino del futuro y se trata de analizar lo acontecido ayer entre béticos y racinguistas. Mel, salvo la ausencia sabida de Iriney por problemas físicos, apenas retocó el once inicial respecto al encuentro del pasado jueves ante el Espanyol. Juanma y Jorge Molina fueron quienes perdieron sus sitios en beneficio de Jonathan Pereira y Santa Cruz, precisamente los dos protagonistas directos de ese 1-0 que llegó tan temprano que permitía augurar una tarde de lo más plácida en el Benito Villamarín.

Los dos sustitutos parecieron darle la razón a su entrenador con prontitud, pero el paso del tiempo fue dejando claro que el Betis tampoco carburaba mucho mejor de lo que lo hizo frente al Espanyol. Quedó claro rápidamente que la asimetría que tan buenos resultados le ha dado al Betis cuando Salva Sevilla parte como teórico jugador de banda para ayudar en el centro es fundamental. Beñat y el reclamado Cañas, que eran quienes debían manejar el centro del campo, no fueron capaces de imponer su dominio con cierta regularidad y eso iba en detrimento de una sensación de mando que se hacía necesaria ante un contrincante tan escaso de argumentos futbolísticos.

El Betis tuvo ocasiones después del 1-0, claro que sí. A saber, una palomita de Mario a Beñat, una caída de Jonathan Pereira cuando se quedaba en solitario delante del portero, una llegada de Jefferson Montero con todo a favor, un tiro de rosca de Jonathan Pereira, una opción clarísima de Rubén Castro. Cualquiera de esas cuatro le hubieran puesto el punto final al litigio, pero todos los que estaban en el Benito Villamarín tenían muy claro que aquello no era suficiente, que era preciso una marcha más para haber liquidado al Racing. Y no sólo una marcha más en lo físico, también en lo referente al dominio de un juego cada vez más equilibrado.

Porque el Racing, dentro de sus carencias, comenzó a avisar a través de los disparos lejanos de Adrián. El Betis se había quedado sin fuelle por el centro y comenzaba a acusar en torno a la hora de partido que Beñat y Cañas no pueden abarcar tanto campo. El vasco se tuvo que marchar, pero el roteño siguió ahí y se veía desbordado ante la multitud de elementos hostiles que se movían a su alrededor.

Quedaba la esperanza de resolver en cualquier contra, pero ésta no apareció y el agujero no fue cerrado por Mel con alguno de los tres cambios. Al contrario, Salva Sevilla no era capaz ni de crear ni de destruir, Cañas llegó tarde a una cobertura en la derecha y el centro de Munitis lo aprovechó Stuani con su cabezazo. El Betis ya se había quedado sin aire para responder al golpetazo y hasta se pudo temer por algo peor en los estertores en cualquiera de los córners sacados por el Racing. Afortunadamente, no fue así, el descenso sigue igual de lejos, pero las excusas ya se han agotado y este Betis, a día de hoy, parece que depende más de los deméritos ajenos que de los méritos propios.

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