Sueños esféricos
Juan Antonio Solís
Sí a todas las proposiciones indecentes
Real betis - Málaga · la crónica
Exhibición del Betis en su reencuentro con el triunfo. El equipo de Pepe Mel pasó, literalmente, por encima de un Málaga que se mueve por los puestos a los que quieren volver a reengancharse los verdiblancos, y seguro que lo conseguirán si vuelven a mostrar el nivel que enseñaron en la noche de ayer en el Benito Villamarín. Está claro que los llamados ejercicios espirituales en Montecastillo tuvieron un efecto inmediato, ya que el cambio de piel fue propio de los animales que lo necesitan para su subsistencia.
¿Es posible que un equipo de fútbol pueda cambiar tanto de un partido a otro? La respuesta es un sí rotundo y cabe remitirse a los hechos objetivos para argumentarlo. Como no podía ser de otra manera a estas alturas del curso, los elementos del Betis eran más o menos los mismos que dejaron una imagen tan decepcionante justo siete días antes en Cornellà-El Prat. El único que podía barajarlos de una manera diferente era José Mel Pérez y el técnico madrileño apostó esta vez por un dibujo con cuatro centrocampistas, eso sí con dos extremos puros en las bandas, y la novedad de Dorlan Pabón junto a Jorge Molina arriba. Una propuesta ligeramente diferente y que después se confirmaría como muchísimo más efectiva.
Hágase hincapié, de cualquier manera, en ese después, pues el Betis ya iba por delante en el duelo cuando aún no había dado tiempo de que se hicieran efectivos esas variantes tácticas. Ni siquiera se había llegado al minuto de juego en los cronómetros cuando Jorge Molina desvió a la red con la cabeza de manera perfecta un córner sensacionalmente lanzado por Beñat desde su rincón preferido, es decir, en la banda izquierda.
Es evidente que tan pronto no puede achacarse a la disposición de las piezas un triunfo, pero sí cabe situar en el haber de Mel y de todos los suyos, incluidos los ayudantes técnicos y los propios futbolistas, la intensidad con la que saltaron al campo. Eso tiene mucho más que ver con la motivación y hay que tener en cuenta que la acción que da origen al córner ya había estado cargada de peligro. Y que también dice mucho de las intenciones de un equipo que llegue a botar un saque de esquina apenas con 30 segundos de juego consumidos.
El Betis tenía muy claro que el rival debía acusar el esfuerzo del exigente partido del pasado martes en Oporto, tremendamente físico, y por ello salió con varias marchas de más. Sin querer ser adivino de las consignas de Mel en la charla técnica estaba claro que su principal consigna era exigirle al Málaga desde el primer minuto para que éste fuera cogiéndole tirria al choque. Seguro que el técnico bético no pensaría en una eficacia tan temprana, pero sí en la opción de invitar al rival a ceder en el pulso y dedicarse a pensar en otra día más propicio.
Claro que si, además, los béticos eran capaces de hallar la eficacia que tanto habían echado de menos en sus últimas comparecencias, pues mejor que mejor. La segunda consigna pasaría por desconectar al Málaga donde más daño suelen hacer los hombres de Pellegrini, es decir, impedir que el balón estuviera mucho tiempo en la zona donde suelen combinar Isco, Joaquín y Portillo en este caso. El Betis situó ahí a Cañas, apostó por Mario en el centro de la zaga para que ésta diera un paso adelante y comprimiera el campo y, sobre todo, trató de llevar la pelota con rapidez a las bandas para que tanto Campbell como Juan Carlos, particularmente éste en la noche de este domingo, fueran capaces de aprovechar que los equipos del técnico chileno desprotegen bastante los costados. Eso sería el análisis previo, el mérito es ejecutar a la perfección esas ideas.
Con el 1-0 a favor, los béticos, lejos de especular, entendieron que el método debía seguir adelante y comenzaron a acarrearle balones rápidos a Juan Carlos para qué este le enseñara la matrícula al desbordado Sergio Sánchez. La segunda vía eran los pases a las espaldas de los centrales a través de Beñat y, por supuesto, la eficacia del vasco a balón parado, lo que propició el segundo de Mario. Después debió llegar el tercero que transformó Jorge Molina por mucho que no subiera al marcado y hasta el cuarto, que fue el tercero, cuando Pabón demostró por primera vez su calidad. El Betis era un verdadero torbellino que incluso debió añadir más goles a su cuenta en un primer periodo espectacular.
Después, ya con todo decidido, la cuestión fue impedir que el rival pudiera volver a creer, algo que parecía imposible con un 3-0 desde el intermedio. Pero el fútbol es traicionero si no se ponen los medios para impedir que un moribundo llegue a meterse de nuevo en la pelea. El Betis, en ese sentido, fue igualmente eficaz y en ningún momento permitió que el Málaga llegase a permitirse siquiera soñar con la remontada. Ni siquiera sacaría rédito de la entrada de los brasileños Julio Baptista y Lucas Piazon, todo continuaría inclinado hacia un único lado y más que lo estaría cuando Camacho vio su segunda cartulina amarilla.
El Betis tal vez pudiera hacer más sangre desde ahí, pero conviene tener en cuenta que el gasto físico había sido considerable en la primera media hora para impedir que el Málaga pudiera hacerse con el balón. Y qué más da, qué importa que Campbell no fuera capaz de marcar el cuarto, el 3-0 había servido para acabar con la mala racha de resultados. El Betis, el Betis de Mel, tiene motivos para volver a creer en sí mismo, ya tiene su nueva piel y sólo debe incidir en los aspectos positivos para volver a los puestos en los que ha vivido durante la mayor parte del curso.
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