Las nuestros | Marina Cebrián . Jugadora de hockey hierba

Una veterana incapaz de dejar el 'stick'

  • "Me enganché muy rápido al hockey y después de tantos años es una parte fundamental de mi vida"

Marina Cebrián. Marina Cebrián.

Marina Cebrián.

Como veterana del Universidad de Sevilla, Marina Cebrián lleva a sus espaldas muchas y muy distintas temporadas de hockey hierba. En algunas, como la que acaba de finalizar en Primera División, rozó el título. Otras, como la 15-16, se cerraron sin una sola victoria que poder añadir al casillero. Por eso la hispalense, forjada en el césped y también en la sala, sabe valorar los éxitos y aprender de los errores de forma ecuánime.

Los años, los que atesora como jugadora y los que figuran en su DNI, juegan a su favor. Aunque a veces, sobre todo en relación a los primeros, compaginar el trabajo con los entrenamientos se haga un poco cuesta arriba. "Hay momentos de saturación. Ten en cuenta que entrenamos todos los días menos uno y con 32 años el ritmo de vida y las obligaciones no son las mismas que cuando estudiaba. Pero en cuanto cojo el palo y empiezo la sesión me olvido de todo. ¡Y luego ya no hay quien me saque de ahí!, cuenta con humor.

Podrán haber menguado sus energías, pero en el campo sigue peleando cada jugada como el primer día y con la misma ilusión que la embargó una mañana de un día que apuntaba a ser como cualquier otro. Pero no lo fue. "Vinieron a hacer una exhibición de hockey hierba al colegio y me encantó. La forma de jugar, el tener que coordinar el palo y el disco, la rapidez… Ni me lo pensé y me apunté con un montón de amigos y amigas", cuenta la sevillana.

Con el tiempo, aquella lista interminable de nuevos jugadores fue reduciéndose. Tanto, que a día de hoy sólo Marina figura en ella. "Evolucioné muy rápido y con 14 años ya estaba jugando con las juveniles. Y encima esa temporada me convocaron con el sénior, que entonces estaba en División de Honor. Es verdad que en aquella época jugaba muy poco, los minutos del final. Pero que me llamaran me hacía mucha ilusión, porque veía que contaban conmigo y ya estaba metida en la dinámica de los viajes y las concentraciones", explica.

Gracias a esos desplazamientos, Marina conoció muchos campos de la geografía española, y a chicas con sus mismas inquietudes y que hoy considera amigas. Aunque había una concentración obligada que le pesaba bastante. "Cuando llegaba la Feria nos sacaban de Sevilla para que no nos distrajéramos. Temían que nos escapásemos y que luego no jugáramos bien", revela entre risas.

Y así, entre viajes, pretemporadas y partidos, la protagonista de esta historia fue madurando dentro y fuera de los terrenos de juego, confirmando que su pasión por el hockey hierba se había consolidado. Que ya, aunque en ocasiones se perdiera algún que otro plan y tuviera que pasarse la mitad de un fin de semana fuera de su ciudad, no habría quien le arrebatase ese cosquilleo que siente cada vez que agarra con fuerza el stick.

Desde hace unos años, Marina, al igual que el resto de integrantes del Universidad de Sevilla, compagina la competición en hierba con la de pista. El motivo: suplir el largo parón invernal, que de otra forma las tendría paradas casi tres meses. "Es una buena forma de mantener la tensión competitiva y de ir a entrenar con ganas. Porque si sabes que no vas a jugar un partido en mucho tiempo entonces no rindes de la misma forma", se sincera.

Así, las jugadoras de Universidad cambian de escenario para disputar el Campeonato de Andalucía, que en su última edición ganaron, lo que les abrió la puerta del certamen nacional. "Ahí no nos fue tan bien, pero lo importante es que mantuvimos el físico y cuando volvimos a la hierba nos resultó más sencillo", apunta.

Hierba o pista, hay un común denominador: el stick. O quizá más, porque escuchando a Marina no hay duda de que le queda cuerda para rato: "Me enganché muy rápido al hockey y después de tantos años es una parte fundamental de mi vida".

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