ANÁLISIS

Sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible y Europa

  • La política de cooperación de la UE ha adquirido un carácter mucho más estratégico y global

  • Hay un consenso sobre un marco común alejado de la disparidad de acciones anterior

Sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible y Europa Sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible y Europa

Sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible y Europa

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, también conocidos como Agenda 2030, se pusieron en marcha en 2016, tras haber sido acordados el año anterior por 193 líderes mundiales. Se trata de 17 objetivos que pueden agruparse en tres dimensiones: erradicar la pobreza extrema, combatir la desigualdad y la injusticia y solucionar el cambio climático. Estos propósitos son, en buena medida, una continuación ampliada de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), surgidos de un compromiso de 191 países adoptado en la Cumbre del Milenio del año 2000 y con horizonte hasta 2015.

Las evaluaciones del grado en que han sido alcanzados los ODM, aunque con diferencias entre objetivos, superan lo que cabía esperar cuando fueron lanzados. La ONU ha destacado lo conseguido en la reducción de la pobreza, el primero de los Objetivos del Milenio y cuya meta se logró con cinco años de adelanto: se ha reducido a menos de la mitad la población que vive en extrema pobreza respecto al nivel de 1990. Más de mil millones de personas han salido de la extrema pobreza en los últimos 25 años, y se ha reducido de forma muy importante el terrible problema del hambre, aunque no se ha alcanzado por completo el objetivo establecido en 2000. Progresos importantes se han producido también en la escolarización y en la lucha contra determinadas enfermedades. Sin embargo, continúa la desigualdad de género y la participación completa o no discriminada de las mujeres en el trabajo, en la economía y en los ámbitos de decisión pública y privada. La ONU destaca en su evaluación el problema el calentamiento global (un incremento de las emisiones del 50% respecto a las de 1990) y de la escasez de agua, que se estima afecta ya al 40% de la población mundial. A la desigualdad en los avances entre objetivos se añade una dimensión de importancia: en muchos casos se ha dejado de lado a los más desfavorecidos; de ahí que el lema "No dejando a nadie atrás" se haya convertido en sustantivo, casi un leit motiv, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Resulta interesante reseñar la diferencia en la formación y selección de objetivos, y de sus metas correspondientes, que ha habido entre ambas iniciativas. En la primera de ellas, la elaboración correspondió a un grupo internacional de expertos, de carácter cerrado y, si acaso, con consultas al exterior del grupo. Por el contrario, el nuevo conjunto de objetivos es el resultado de un proceso muy abierto, que involucró a todos los estados miembros de la ONU y contó con una extraordinaria participación de la sociedad civil, empresas e instituciones y organizaciones de muy diversa naturaleza. Este grado de participación no tenía precedentes y fue posible, claro, por el uso de los actuales medios de comunicación electrónicos. A mi juicio señaló una nueva forma de construcción de objetivos de carácter global y señala el modo en que se realizará, probablemente, en 2030 tras los actuales ODS.

Habiendo sido acordados por los estados miembros de Naciones Unidas, está claro que se convierten en los principales responsables del alcance de los nuevos propósitos globales. El camino es, obviamente, individual y ajustado a las prioridades y problemas específicos de cada país, pero puede observarse una práctica común: la introducción de los objetivos como orientadores en el diseño de las políticas públicas, y la evaluación de la contribución que tengan los resultados de éstas. En el caso de la Unión Europea, que tiene algunos objetivos propios coincidentes, es muy fácil apreciar cómo se están inspirando algunas iniciativas -por ejemplo, la de Economía Circular, entre otras-, pero el propósito de la Comisión a este respecto es de muy largo alcance. En palabras de su vicepresidente primero, Frans Timmermans, en 2016, "estamos haciendo de los ODS y la sostenibilidad un principio rector en todo nuestro trabajo. La aplicación de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas es un compromiso compartido y necesita la contribución y la cooperación de cada cual, incluidos los estados miembros y la sociedad civil en su conjunto".

El enfoque de la Comisión para el desarrollo sostenible tiene un carácter estratégico, y es mucho más global de lo que había sido característico hasta ahora, disperso en demasiadas dimensiones. La primera Comunicación a este respecto examina cómo las 10 prioridades políticas de la Comisión contribuyen a la aplicación de la mencionada Agenda 2030 y cómo la UE alcanzará los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el futuro. Tras esa Comunicación y ya en 2017, se produjo la Declaración Conjunta El nuevo consenso europeo sobre desarrollo. Nuestro mundo, nuestra dignidad, nuestro futuro, que constituye una visión y un nuevo marco común general para la cooperación europea para el desarrollo, que ha de ser aplicado, por primera vez en su integridad por todas las instituciones de la Unión Europea y todos sus estados miembros. Este consenso es firme en la insistencia en que la erradicación de la pobreza ha de ser el objetivo principal de la política europea de desarrollo, y se puede afirmar que constituye un auténtico cambio de paradigma en la cooperación al desarrollo, integrada en el marco de la Agenda 2030.

Entre los extremos más destacables de este consenso, además de ser un marco común, cabe reseñar el interés puesto en el desarrollo de dimensiones transversales, lo cual es consecuente con la naturaleza interrelacionada de los problemas que se tratan de superar. Entre estas dimensiones se encuentran la igualdad de género, la juventud, la energía sostenible, la acción contra el cambio climático, la inversión, la migración y la movilidad. Se reconoce la necesidad de mejorar la credibilidad, la eficacia y el impacto de la política de desarrollo de la UE, partiendo de análisis comunes, estrategias comunes, programación conjunta, acción común y mejora de la información. En definitiva, reducir la característica disparidad de objetivos y de acciones que han caracterizado las políticas de cooperación de la UE, de los países y de las regiones, lo cual ha mermado su impacto y su eficacia; al extremo de que a veces tal cooperación parecía carecer de verdadera contribución al desarrollo de los países y sociedades desfavorecidas. Y ello siendo la UE el mayor contribuyente mundial en cooperación al desarrollo.

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