Agustín Peralt | 'Coach' de directivos y ejecutivos

"No somos mejores profesionales por contestar 'whatsapps' al minuto"

Agustín Peralt. Agustín Peralt.

Agustín Peralt. / Antonio Pizarro

Agustín Peralt es experto en productividad directiva. Ha desarrollado su carrera en multinacionales como Hasbro y Danone. Tras 15 años de experiencia directiva, en 2012 se volcó en la formación. Estos días presenta su nuevo libro Lidérate (Plataforma editorial), donde descubre, a través del método FASE, cómo gestionar mejor el tiempo. "De nada sirve trabajar 12 horas al día si a partir de la sexta uno pierde mucha fuerza. De nada sirve trabajar muchas horas sin tener el foco en lo realmente importante. Y de nada sirve trabajar muchas horas cuando tu atención es muy dispersa", resume.

-Es coach de directivos y ejecutivos. ¿Me lo explica?

-Un coach es un entrenador. Ayudamos a los directivos en lo que llamo la soledad del poder. Están muy solos y los acompañamos en las áreas que tienen necesidad. Yo les ayudo, sobre todo, en cómo organizarse, en la gestión del tiempo.

-¿Hace falta un ministerio del tiempo?

-Lo que hace falta es ser conscientes de que nos estamos olvidando en los sistemas educativos de la base de todo: enseñar a los niños a cómo organizarse desde pequeños. Si uno falla en la organización, falla en el resto de cosas.

-¿España es un país productivo?

-No. España no es un país productivo. Tuve la suerte de vivir en Amsterdam y descubrí lo que era una sociedad productiva. El holandés es una persona que tiene muy claro que si quiere conciliar, tener un equilibrio entre la vida personal y laboral, no puede perder el tiempo en el trabajo.

-El objetivo debe ser trabajar menos, ser más productivo y... ¡cobrar más!

-Sí, pero lo primero es hacer unos horarios europeos y lógicos, desde dos vertientes: una, no trabajar más de ocho horas porque no es necesario si nos organizamos; dos, hagamos unos horarios lógicos para llegar a casa a horas razonables.

-¿Y qué huso horario nos conviene?

-El debate no es si adelantamos o atrasamos una hora el reloj. El debate es que tenemos que hacer unos horarios acordes a la hora de salida de los niños del colegio, por ejemplo. Cualquiera sabe que hay un antes y un después en la vida cuando se tienen hijos y, en cambio, no hemos adaptado el horario laboral a esto. Un holandés se va a las cinco y media a casa. Está mal visto que se quede más tiempo.

-¿Nuestros jefes son líderes en improvisar?

-Un jefe debe ser líder desde el ejemplo. Es el primero que tiene que ser productivo y tiene que enseñarnos y facilitar que seamos productivos. Y la improvisación es todo lo contrario.

-¿Limitaría las reuniones?

-Hay dos cosas que no sé cómo no nos han enseñado. Primero, cómo es posible que nadie nos haya enseñado a gestionar reuniones de forma efectiva, cuando hay directivos que se pasan el 70% de su tiempo ahí. Y dos, hay directivos que reciben de media 160 mails diarios. Como mínimo, pasan un minuto por mail. Son dos horas y media al día gestionando el mail. Y no han recibido jamás un curso de cómo gestionarlos. Es una ironía.

-¿La tecnología nos hace más esclavos?

-Hay que utilizar la tecnología con equilibrio. No debemos contestar compulsivamente a whatsapps. La tecnología es muy útil, pero tenemos que sistematizar su uso. No podemos estar todo el día contestando whatsapps. Al final, pensamos que por contestar mails o whatsapps al minuto somos mejores profesionales y eso no es verdad. Si fuera así, sería muy sencillo.

-¿Es posible ser feliz en el trabajo?

-Sí, ya lo creo. Pero esa meta requiere un esfuerzo y una disciplina para cambiar una serie de hábitos que hacen que un trabajador no sea feliz. Sales después de haber trabajado 10 u 11 horas y te vas con la sensación de que las cosas no están como te gustarían. Cambiar hábitos cuesta mucho.

-Y es clave nuestro tiempo de ocio.

-Claro. Si algo tenemos que aprender de los millennials y del Sur es que una persona para ser productiva en el trabajo tiene que planificar sus momentos de ocio y desconexión: echar más horas es contraproducente. Afecta a la calidad del trabajo.

-¿Y por qué la empresa sigue apostando más por la cantidad que por la calidad?

-Porque es mucho más fácil medir a una persona por la cantidad de horas que de verdad dedicarle el tiempo para ver si está logrando los objetivos. Lo cómodo es decir: "Ése es bueno, trabaja 11 horas al día". Pero puede haber otro que trabaja ocho horas y es mucho mejor.

-¿Cuándo se va a terminar con la presencialidad?

-En las grandes ciudades ya hay esa tendencia. La gran empresa ya va hacia fórmulas más flexibles y se trabaja uno o dos días desde casa. Hay una sensibilidad. Pero insisto, han sido los millennials los que nos han tenido que enseñar que esto puede ocurrir. El millennial nos lo exige, quiere trabajar lo justo, pero para eso tenemos que ser productivos.

-¿Regularía la desconexión digital?

-Pondría una serie de cursos obligatorios para el uso de la tecnología y que seamos eficientes. Porque hay gente adicta al teléfono.

-Es un problema de salud.

-Mental. Tiene un coste personal muy elevado. Nos quejamos de que nuestros hijos están todo el día enganchados, pero los enseñamos nosotros. Si un directivo cenando delante de su hijo contesta mails, pues ya vamos mal.

-¿No deberían?

-No, porque es un ejemplo para ellos. Cómo le vas a decir a tu hijo que no esté todo el día con el móvil si te ve haciéndolo. Hay que tener calidad en el tiempo con tus hijos, más que cantidad.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios