José Luis de la Paz. Guitarrista y compositor flamenco

"Ahora prima el flamenco de pasarela"

"Ahora prima el flamenco de pasarela" "Ahora prima el flamenco de pasarela"

"Ahora prima el flamenco de pasarela"

-Tras una década como director musical del Ballet de Cristina Hoyos y del Ballet Flamenco de Andalucía, en 2011 lo deja todo y se va a Miami. ¿Cuál fue el punto de inflexión?

-La imagen del baile es tan fuerte que hagas lo que hagas el trabajo de composición queda como una cosa anecdótica. Decidí no tocar más para baile hasta que yo supiese que podía dirigir mi trabajo como solista. Y claro, ahí me tropecé con la burocracia flamenca, con el rechazo de los políticos flamencos que no me daban espacio como concertista. Tuve malas experiencias.

-¿Qué sucedió?

-Fue un enfrentamiento de posiciones. No entraba en lo que en ese momento la burocracia flamenca pedía, que era gente pegadita a lo que ellos querían, cosas comerciales y fáciles de entender. Lo que vemos ahora, flamenco de pasarela.

-¿Ahora prima ese flamenco de pasarela?

-Sí, estamos en un momento en el que hay una especie de Olimpo de artistas que están en todas partes y otros pequeñitos que están alrededor y que de vez en cuando hacen cosas, pero les resulta muy difícil entrar ahí.

-¿Cómo se llega a contar con el respeto del público y ser un artista de culto?

-En el momento en el que te desligas de lo que la gente quiere y te sales del tiesto, se establece un efecto interesante: no le interesas a los políticos y sí a los artistas y compañeros. Tengo la suerte de contar con un público que es muy fiel.

-¿El flamenco está corrompido en España?

-No, está politizado. Responde a una serie de patrones y expectativas que se plantean a un nivel político. El artista o responde a esos intereses o se ve solo.

-¿Esto es extrapolable a la música o solo pasa en el flamenco?

-El hecho de que la vida artística en España dependa de una subvención o el que no tengamos ayuda privada ya politiza porque esa ayuda dependerá de quien esté ahí y depende de que el artista sea más o menos afín. El mundo de la música en general para un instrumentista en España es un mundo de kamikazes. Si no acompañas a todo el mundo, el solista tiene muy poca vida. En el mundo del flamenco, además, se ha creado una industria alrededor de eso y lo que importa ahora es cuántos zapatos, faldas de baile y guitarras vendemos, cuántos hoteles se cubren en los festivales o cuántos turistas vamos a traer si ponemos el dinero en un festival.

-Usted sentó un precedente cuando se marchó.

-Creo que sí porque detrás hubo artistas que se motivaron para luchar por sus sueños. Yo tuve la oportunidad de irme. Mi mujer es nacida allí y me daban la residencia en dos meses. Cuando llegué a Miami casi no trabajé el primer año. Pero cuando se reinauguró el Centro Cultural Español fue la reina Sofía. Tocamos Ernán López Nussa, un pianista solista cubano, y yo diez minutos cada uno y allí estaba toda la prensa, artistas, políticos ... Eso me ayudó mucho a empezar a colocarme. Hice todo un trabajo con el Miami Cultural Affairs, que es la gente que maneja la cultura en el condado, que también me ayudaron a crear una infraestructura. Empecé a ver los frutos a partir de 2015.

-¿Cómo entienden el flamenco allí?

-Está el latino que grita cuando escucha flamenco, que lo que quiere es ver lunares, castañuelas y estereotipos de los 80 y 90. Después hay, dentro del mundo americano, una parte tradicionalista a la que le gusta la guitarra y el cante antiguo porque es lo que a ellos les han dicho que es el flamenco. Mucha culpa la tenemos nosotros. Y también hay otros a los que les gusta el flamenco si son gitanos, sobre todo por una cuestión racial. El chicano se identifica mucho con el gitano por una cuestión de raza.

-Usted es payo, ¿verdad?

-Más que un olivo. Payo payísimo. Pero a la hora de la verdad, no pretendo gustar al público flamenco, sino al que le gusta la guitarra y la música. En el momento en el que no estoy con el peso de que tengo que ser flamenco, de pronto la música es música donde quiera que vaya. Trabajas con otros músicos y creas una fusión en la que yo no quiero que ellos toquen flamenco, sino que lo entiendan y que creemos un sonido diferente. Busco no parecerme a nadie y no me importa ser crudo o experimental, antiguo o moderno.

-¿En qué formato está más cómodo?

-Tengo conciertos en los que toco piezas desde los años 20 hasta mis composiciones, también un trío con contrabajo y batería, tengo otro trabajo de música sefardí y ahora hemos hecho un trabajo experimental sobre poesía mística. Este año también he tocado el Concierto de Aranjuez, que es como meterme en el mundo clásico de una manera dura. En ninguno de estos formatos dejo de ser yo. Es la habilidad que trato de manejar.

-¿Cómo es esa búsqueda?

-Busco lo que en el cine era Marlon Brando, que siempre era él dentro de sus personajes. Y una vez que lo consigues, se relaja la cuestión del compromiso con el flamenco. Cuando te vas fuera piensas mucho en el compromiso cultural y cuando el flamenco no se toma en serio, te enfadas. Eso al final te come. Y una forma de no tener que entrar en ello es precisamente ser yo en todo lo que hago.

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