"Camarón era listísimo, sabía la trascendencia de su arte"
Enrique Montiel. Biógrafo de Camarón
El escritor reedita su fundamental biografía 'Camarón, vida y muerte del cante', una obra que no se limita a reflejar la trayectoria del genial cantaor isleño, sino que es un retrato del San Fernando y de la España artística de la época.
Enrique Montiel (San Fernando, 1952) es maestro, escritor y periodista. Ha publicado, entre otras obras de ficción, las novelas Mal de piedra y Calle Comedias. Ahora la Diputación de Cádiz reedita su fundamental biografía Camarón, vida y muerte del cante, que no se limita a reflejar la trayectoria del genial cantaor isleño, sino que es un retrato del San Fernando y de la España artística de la época, además de contener un llamativo material gráfico sobre el revolucionario del cante. "Este libro viene como caído del cielo", dice Montiel.
-Reedita su libro sobre Camarón, y da la impresión de que el cantaor sigue siendo un enigma.
-No sabría exactamente si un enigma, pero sí alguien bastante desconocido, poco conocido o mal conocido.
-¿Ésta es la razón para reeditar su biografía?
-La razón es que me han convencido. Primero mi hijo Enrique, que ha comprado un ejemplar en Australia, por internet, a un precio desorbitado, que por cierto ascendió luego a 150 euros. Luego los jóvenes del flamenco, que me lo han pedido siempre. Y finalmente el alcalde de San Fernando y presidente de la Diputación de Cádiz y colaboradores cercanos como Daniel Nieto y Cristina Arjona. No ha sido fácil convencerme porque sabía, como ocurrió finalmente, que sería mucho trabajo para mí, pues le añadí cincuenta nuevas páginas, las que van de 1993 a nuestros días.
-¿Camarón cultivaba ese enigma o era simple timidez?
-Camarón era en general reservado, no tanto tímido. Reservado, desconfiado. Siempre digo que lo que de verdad le gustaba era reírse con los amigos y estar con los suyos. Eso sí, debía defenderse del exterior. Quizás por ello puede haber dado una sensación de persona enigmática, que lo era para nada.
-Me admira eso que trasluce en su libro de que ni su familia era consciente de lo grande que era Camarón.
-La familia lo sabía... en cierto modo. Lo ha ido sabiendo después, eso no me cabe duda. De cualquier modo el marido Camarón, o el hermanito Camarón, el padre Camarón, el amigo Camarón era inalterable. Ni era el enigma, ni el genio... Ni siquiera el artista fabuloso. Era pues, todo eso.
-¿Y él era consciente de su trascendencia, de que su nombre se agrandaría con el paso del tiempo?
-Sí. Porque profetizó que cosas que hizo que no se entendieron se entenderían con el tiempo. También por el desapego -era humano- cuanto tanto le atacaban los puristas y demás mairenianos. Hay declaraciones suyas cuando le preguntaban por la Llave de Oro del Cante en este sentido. Sabía perfectamente que en ese momento era algo inalcanzable. Estaba en el sepulcro de Antonio Mairena con siete llaves, si se me permite la redundancia. Pero vamos, conviene ir pensando que Camarón era listísimo y que había estado en la calle desde los 12 años buscándose la vida en un mundo digamos complejo.
-Lo que sí parece superado con el tiempo es ese ambiente de polémica que lo rodeaba, con su la discográfica, con su pueblo, con Paco de Lucía...
-Ante la muerte no debe haber querellas. Su pueblo, finalmente, se está portando. El problema con los herederos de Antonio Sánchez es que se hable sosegadamente. Chispa Montoya puede que tenga sus razones. Pero me apresuro a decir que el entorno de Camarón de 1992 cometió con Paco de Lucía una canallada incalificable, que le dejó una gran herida a Paco. Los herederos de Camarón deberían haber tenido más suerte con sus abogados, representantes y otros. Dejémoslo así.
-¿Tuvo que morirse Camarón para que se le quisiera realmente en La Isla?
-Podría darte más de cien testimonios de lo que se quiere a Camarón en todas partes. En la Isla se le debería querer más que en ningún sitio. Y así acabará siendo. Porque es su artista más universal y porque se lo merece de verdad.
-La vida de Camarón dio para una película, ¿por qué no la escribe como novela, usted que sabe de eso?
-La película no era la vida de Camarón, era un horror. recordé luego de verla que Chispa me llamó por teléfono para decirme que el guión no le gustaba. Yo le aconsejé que no firmara entonces. Me queda la duda de si me pidió ayuda entonces y no lo supe ver. En cuanto a la novela, francamente no la haré. Prefiero terminar una que escribo sobre la corrupción y que he titulado Un rastro deleble.
-En esa hipotética novela, él sería un héroe, un perdedor, un galán, una estrella...?
-De acometerla no sería ninguna de esas cosas. Seria el Flamenco, en el sentido que Luis XIV decía: "L'Etat c'est moi" (El Estado soy yo). Sería la novela de un flamenco paradigma absoluto de lo que es este maravilloso, insólito y magnífico arte encarnado en un gitano de las callejuelas de La Isla.
-De momento, su empeño está más bien en conseguir que La Isla recupere el legado de Camarón.
-Yo creo que eso lo ha conseguido ya José Loaiza, el alcalde de La Isla. Yo le he ayudado, y le ayudo. Pero la apuesta y el coraje han sido suyos. Como es la verdad no me duelen prendas reconocerlo. Desde el punto de vista digamos institucional dos presidentes de la Diputación de Cádiz han sido quienes más han hecho por el legado de Camarón, Rafael Román, y José Loaiza.
-¿Cuál cree usted que será la pieza estrella de ese futuro Museo?
-Todo lo que Chispa Montoya (viuda de Camarón) fue guardando en su casa de La Línea, ese conjunto de prendas personales, premios, guitarras, recuerdos... Todo estuvo guardado esperando el momento de ser traído a San Fernando. José Loaiza llegó al acuerdo con los herederos y todo estará en el pueblo de José Monje Cruz, La Isla de Camarón, como me gusta decir.
También te puede interesar