Charlie Geer | Profesor de inglés "Andalucía me recuerda a la vida de antes en Charleston"

El profesor Charlie Geer. El profesor Charlie Geer.

El profesor Charlie Geer. / Miguel Ángel González

Llegó de Charleston a Puente Genil creyendo que sabía español. En Andalucía no sólo encontró "hospitalidad sureña" sino una región en la que, como en la suya, se comprimían las palabras -a "ancabuela" me remito-. Más de diez años después, aún considera apuntarse a clases -"Esos subjuntivos..."-. El "amerizano " de Jerez trabaja de profesor de Inglés pero, realmente, es un antropólogo camuflado: en ¿Qué dices, teacher? (Plan B) desarrolla su proceso de inmersión cultural con la cintura que le da ser "un friki de las palabras".

-En '¿Qué dices, teacher?' dibuja su proceso de inmersión en la cultura española. Y lo que más le llamó la atención fueron las similitudes con Charleston.

-A pesar de toda la americanización, de cosas como el Burguer King frente a la mezquita y demás, uno se pregunta si en realidad queremos las mismas cosas. La historia de España es bastante complicada, precisamente por ser muy larga: tras Roma, un periodo en que hizo de granero del imperio, da la sensación que casi todo ha sido escasez y conflicto. Pero veo similitudes en los últimos tiempos con lo que ha ocurrido donde yo he nacido.

-¿Cómo es Carolina del Sur?

-Pues... tiene una naturaleza apabullante. Es una zona de estuario, con muchas marismas, pantanos... Yo crecí pescando y preparando aparejos. Mis padres tienen un huerto en su casa con tomates, pimientos... En agosto, hay que cortar el césped dos veces porque si no, te come. Decimos que en Carolina plantas uñas y te crece un niño. Precisamente, creo que lo que más me gusta de aquí es que me recuerda al sur antiguo. El ir al relojero y que te preste un reloj, ir andando a la frutería de al lado... Cosas como el: ¿Y tú de quién eres?, que también tiene sus peros, claro.

-En la cola del primer avión a España cuenta la desolación que cualquiera que ha estado estudiando un idioma siente al chocar... con la realidad.

-Sí, yo había visto Y tú mamá también, y me encantaba Maribel Verdú y sus eses tan sedosas. Ahora, casi me molestan .

-Llegar al sur es una prueba de fuego... Son curiosas las diferencias porque tendemos a pensar que ya todo es lo mismo.

-Simplemente, el lenguaje es algo distinto aquí que en Puente Genil. Bueno, y de Puente Genil a Los Palacios. En los Estados Unidos tienes que ir muy al interior para encontrar distintos dialectos (a mí ahora me parece que a todo el mundo le ha dado por hablar como las Kardashian). Ni siquiera en la universidad puedes distinguir los acentos de las distintas zonas. Cuando ponemos Fariña, tanto mi mujer (española) como yo, tenemos que poner los subtítulos. A ninguno nos molesta. Los políticos manejan las diferencias por propio interés, pero construir muros es absurdo. La política hoy es muy tribal: nos ciegan los sentimientos, como en el fútbol.

-¿Qué intentas que aprendan tus alumnos, más allá de verbos irregulares?

-Bueno, intento que les interese. Creo que ese es otro fallo de base: existe la necesidad laboral de aprender el idioma (más que nada, como filtro), pero no interés. Y, sobre todo, quiero quitarles el miedo y el sentido del ridículo: de hecho, hay días en los que no les corrijo para nada, porque creo que la gran traba aquí, el gran enemigo, es el sentido de la vergüenza y del ridículo: es el peor error. Si yo mismo, cuando voy a tomarme una cerveza, veo que estoy más perdío que el barco del arroz.

-Por cierto, tras años aquí como una especie de antropólogo camuflado, concluye que lo que une a las Españas todas es... la comida.

-Es un Acción de Gracias continuo. La adoración y el ritual en torno a la comida impulsan y hablan de todo un estilo de vida. Antes en Charleston se hacía la siesta: que es lo más normal, con el calor. Pero todo cambió con el aire acondicionado: el ritmo se adaptó. Ya no hacía falta la siesta, ya se podía comer corriendo. Eso también lleva al uso desquiciado: antes era distinto, sí, pero se sobrevivía sin aire acondicionado. Lo que no puede ser es que en el subtrópico pases el verano con un jersey dentro de casa.

-Dice que al ver un Burguer King frente a la mezquita "su alma se retorció en un torbellino de vergüenza, resentimiento e ira".

-El Burger King: que los niños celebren los cumples, pues estupendo. Pero que eso no sea un estilo de vida, una rutina, la referencia. Hay muchos países donde ser americano es incómodo, pero yo aquí nunca he tenido a nadie criticándome, por ejemplo, por George Bush o Trump. Siempre me he sentido como en casa, o es que he dado con gente muy apañá. De hecho, los españoles (en concreto mi mujer, Concha) me ayudan con mi autoestima en cuanto a EEUU. Yo soy muy critico, pero ella es una gran fan, y siempre me recuerda los pros: los maravillosos paisajes, las oportunidades laborales, la colaboración social (ya que el gobierno hace muy poco, claro), el amor por los animales, la mermelada que mi madre hace con los higos de nuestra higuera...

-Mire, algo que los españoles deberíamos agradecer a los guiris: la mejora en nuestra autoestima. Cosas que considerábamos no valían nada, de repente, adquirieron su justo valor.

-Sí, España es el norte de África. Bueno, ¿pues bien, no? Lo que vale, las grandes aportaciones están en la comunidad, la gente, la música. La psicología es bastante simple: con la grandes necesidades básicas cubiertas, no vas a ser más feliz por tener más. Hay mucho que asumir: hay que decidir qué vale la pena, hacia dónde vamos.

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