Mariló Montero | Periodista "Escribir de mujeres no es una moda, es una obligación"

Mariló Montero en una terraza de Sevilla. Mariló Montero en una terraza de Sevilla.

Mariló Montero en una terraza de Sevilla. / Juan Carlos Muñoz

Más de dos años se ha pasado Mariló Montero investigando la vida de María de Maeztu. Sus escritos, las cartas y los consejos que recibió de grandes intelectuales de la época, como Unamuno y Ortega Gasset, para poner en marcha la Residencia de Señoritas. Un trabajo que, junto al realizado por la periodista Carmen Gurruchaga, queda palpable en la novela La Maestra, editada por La Esfera de los Libros. En esta publicación, Mariló Montero, presentadora de Canal Sur TV y colaboradora del Grupo Joly, recuerda que en tiempos de Maeztu las mujeres que querían ir a la universidad necesitaban del permiso del Rey.

–¿Cómo surge la idea de escribir este libro con Carmen Gurruchaga donde se aúnan educación y mujer?

–Quizás porque las dos tenemos en ese aspecto la misma inquietud. Ella tenía encargada una novela y y yo otra con ideas en común. Coincidíamos en que la Residencia de Señoritas se merecía un libro. Empecé entonces a indagar sobre la vida de María de Maeztu y descubrí que está enterrada en Estella (Navarra), mi pueblo de nacimiento, por lo que adquirí con ella un compromiso personal. Después de dos años investigando las dos decidimos lo que había que contar, definimos qué haría cada una. Es una novela basada en hechos reales, pero también con elementos de ficción. Aunque escribir una obra a cuatro manos es difícil, según las críticas, ha salido bien.

–¿Hubiera sido posible aquella residencia con el pin parental?

–En aquella época lo importante era convencer a los padres varones para que sus hijas pudieran acceder a los estudios. La única negociación y los límites los ponía María de Maeztu. Ella viligaba el comportamiento. Había que respetar unas normas de agenda, convivencia e higiene. Si eso no se cumplía, María escribía hasta tres cartas a los padres advirtiéndoles que la alumna no cumplía los requisitos para continuar allí.

–¿Está de acuerdo con que las familias puedan vetar ciertos contenidos en las escuelas?

–Soy de la opinión de que la educación es compartida y para que sea completa requiere de dos patas: la de los padres y la del Estado, que tiene una responsabilidad, lograr un pacto educativo en España. No olvidemos que se ha denunciado el adoctrinamiento en las escuelas catalanas. Y eso no se puede permitir.

–¿Qué hace falta para que ese pacto se logre?

–Precisamente el otro día, en el debate que dirijo en Canal Sur Televisión, le pregunté a José Antonio Marina por esta cuestión. En su día, recuerdo que hablando de este asunto con el ministro Ángel Gabilondo me confesó que había estado a punto de conseguir un pacto de Estado por la educación. Pero el propio Marina, que estaba detrás de eso, reconoció en el programa que actualmente es imposible, lo que me decepciona bastante, porque supone un grave problema. ¿Y a qué se debe? A que todos los partidos en España tienden a la ideologización de la educación. Y eso conlleva a grandes diferencias. No se puede permitir que los resultados académicos del País Vasco sean tan distintos a los de Andalucía.

–¿Fue consciente María de Maeztu de que estaba sentando las bases del feminismo?

–No me atrevería a ponerme en la cabeza de lo que pensaba entonces María, pero por lo que he estudiado de ella sí puedo afirmar que era consciente de que estaba sentando las bases educativas para la mujer y que eso sería para los siglos de los siglos. Ella rompió los techos de cristal de la época para que la mujer accediera a la universidad. Tuvo siempre presente lo que le enseñó su madre: “No hay mayor adorno para una mujer que la cultura”. En su labor por formarse, fue a Inglaterra y trajo de los colleges varias ideas: “Las letras con sangre no entran, sino con la sangre del profesor”. Su modelo de enseñanza no se limitaba al pupitre. Llevaba a las alumnas al campo, les enseñaba ejercicio físico, matemáticas y otras asignaturas vetadas a la mujer.

–Hablando de maestros, ¿está de acuerdo con que se ha perdido la autoridad docente en las aulas?

–Hay que recuperar el respeto que le hemos tenido los de mi generación a los profesores. Sin olvidar, por supuesto, la vigilancia a la que tienen derecho las familias. Y también estoy de acuerdo, por lo que hablo con los profesionales, de evaluar al profesorado. Pero está claro que los maestros deben volver a ser una autoridad de Estado.

–Por aquella residencia pasaron Clara Campoamor, Victoria Kent, Zenobia Camprubí...

–Tenemos que reivindicar el papel de estas mujeres. Escribir de mujeres no es una moda, es una obligación, una necesidad para hacer justicia.

–Está de acuerdo, por tanto, con que en la escuela se enseñen esos valores de igualdad...

–Respetando siempre la libertad de enseñanza de los padres para eligir el tipo de educación que quieren para sus hijos, simpatizo más con los expertos que defienden que los alumnos compartan en las escuelas lo más parecido a lo que luego se encontrarán en la calle: convivencia de género e igualdad de derechos.

–¿Es la tele una buena herramienta educativa?

–Y tanto. Ahí está su influencia en el adoctrinamiento de Venezuela y en determinadas zonas de España. Ahora bien, hablando de televisiones públicas, creo que hay que cambiar la forma de valorar la audiencia cuando se hace un programa de interés general. Canal Sur tiene una gran oportunidad de hacer cambios. Muchos ya se han hecho. Pero no se puede exigir en un año una mejora completa de un deterioro de bastante tiempo.

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