Manel Loureiro, escritor

"Precisamente por invisibles, las pandemias son aterradoras"

"Precisamente por invisibles, las pandemias son aterradoras" "Precisamente por invisibles, las pandemias son aterradoras"

"Precisamente por invisibles, las pandemias son aterradoras"

-¿Por qué ahora tanto interés por las distopías?

-Las distopías triunfan especialmente en los momentos de mayor conmoción social. Cuando hay más zozobra y se genera mucha desazón y muchísima inquietud, las distopías nos sirven de válvula de escape, para alejarnos de un mundo donde nos vemos alterados por cosas que están fuera de nuestro control, hacia otro tipo de mundo donde los protagonistas están viviendo situaciones mucho peores. Y lo hacemos desde una posición muy cómoda: somos espectadores; lo que les pase a ellos no nos afecta. Y así vemos que tampoco es tan malo lo nuestro, y nos permite enfrentarnos mejor a nuestros miedos, a desarrollar una línea de defensa.

-Usted recurre a zombis.

-Es una invención genial de George A. Romero, que creó el primer monstruo pop del siglo XX, frente a los grandes monstruos clásicos del universo gótico. Que yo lo utilizase en un determinado momento para unas novelas fue más casualidad que otra cosa porque había visto La noche de los muertos vivientes, precisamente, unas noches antes de empezar a escribir, y de repente fue como si la última pieza del puzzle encajara en mi cabeza.

-Y en pleno boom con The Walking Dead.

-A esta serie le estoy terriblemente agradecido, además, porque sus guionistas, en redes sociales, recomendaron mis libros en Estados Unidos justo cuando era la serie más vista. Imagina el efecto multiplicador que tuvo aquello. Fue como subirme a un cohete, ponerme en el carril correcto.

-En los años 30 surgieron los superhéroes para combatir el nazismo. Luego siguió toda una cultura pop con los ovnis, los desastres nucleares... ¿El miedo actual son los zombis?

-Cada generación tiene sus miedos y ahora el que realmente existe y aparece en muchas distopías es el miedo a las pandemias. Es la nueva gran amenaza invisible y, precisamente por ser invisible, es aterradora. En pocos años hemos pasado las vacas locas, la gripe aviar, el zika, el ébola... De repente hay un enemigo invisible que puede viajar por todo el mundo y nos asusta que nos pueda golpear. Ese tipo de historias sirve como una especie de decantación o de proyección de nuestros miedos, y los vemos. Y como en las películas, el monstruo que ves es un monstruo al que ya no le tienes miedo.

-¿Es ésta una forma de exorcizarlo?

-Más que eso, es, al menos, tenerlo en un sitio controlado y no dejarlo que esté deambulando por nuestras cabezas sin control.

-Hay mucho temor también a las redes y a la tecnología.

-La pérdida de identidad es uno de los temores recurrentes del ser humano. A mí es una cosa que me aterra, como el alzhéimer, la muerte en vida. Eso es lo que nos resulta tan aterrador de ese tipo de historias y de personajes, el hecho de perder nuestra individualidad.

-¿Cuántas veces le han preguntado cuándo va a escribir una novela seria?

-[Risas] La verdad es que no me lo han dicho nunca. Lo que sí me preguntan, y es algo exasperante cuando sale una novela, es: "¿Y cuándo la siguiente?". Te genera una sensación de ansiedad brutal porque te das cuenta que lo que te ha llevado hacer dos años, alguien se lo ha ventilado en cuatro días. Yo tengo una pequeña espinita clavada: tengo muchas ganas de escribir una novela histórica. Pero soy consciente de que no es todavía el momento.

-¿Cree que no se considera en suficiente medida la ciencia ficción?

-Durante mucho tiempo, la fantasía, el thriller, la ciencia ficción llevaban la etiqueta de géneros menores. Parecía que no era literatura, cine o televisión serios. Pero ha pasado algo: el público ha cambiado. Porque quienes crecieron merendando delante de la tele, viendo Dragones y mazmorras y leyendo este tipo de historias ahora son adultos que consumen cultura y quieren ese tipo de historias. Y ha llegado el reconocimiento de una forma avasalladora. Antes en unos sectores que en otros, pero, por ejemplo, ahora mismo nadie se atreve a decir que Juego de Tronos en televisión sea una obra menor; es la serie más vista y eso es tan aplastante que no se puede decir nada. En cine está pasando lo mismo, y en literatura, aunque aquí los tiempos son más lentos.

-Entonces, el consumo de masas está aceptado ya.

-Es así. Y que no se le quiera dar ese reconocimiento es casi como esa última resistencia de los néctares divinos, que sólo si escribes algo que es absolutamente incomprensible estás haciendo alta literatura. Una vez, en un periódico, dijeron que lo que hacía yo era literatura de aeropuerto, en un tono que pretendía ser peyorativo, y yo me lo tomo como un halago y lo tengo por bandera. Entiendo la literatura como entretenimiento. Leer tiene que ser divertido, fascinante. Evidentemente tiene que dejar un poso más, pero leer tiene que ser una aventura. Cuando compras un libro en un aeropuerto es para pasar un buen rato, y yo quiero que la gente se lo pase bien con mis libros.

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