“Los modelos de éxito ya no tienen hueco para autores y artistas”

Entrevista a Pablo Rivero

“Los modelos de éxito ya no tienen hueco para autores y artistas”
“Los modelos de éxito ya no tienen hueco para autores y artistas” / Juan Carlos Muñoz

Para el seguidor de la longeva serie de TVE Cuéntame cómo pasó, entre Pablo Rivero (Madrid, 1980) y Tony Alcántara, el personaje al que ha dado vida durante más de veinte años, puede que no haya diferencia. Se le ha visto madurar física y profesionalmente, pero detrás del periodista indomable al que interpreta en la pequeña pantalla, en el mundo real hay otro plumilla que ama la literatura, que se siente “superprivilegiado” y que expresa todas sus inquietudes y sus reivindicaciones sociales bajo la envolvente y robusta capa de la novela negra, a la que vuelve con Dulce hogar.

–En su lucha de identidades, ¿qué pesa más el actor o el escritor?

–Depende del proyecto. Yo afortunadamente no he tenido que elegir y las dos cosas suman. Me aplico lo mismo en las dos profesiones: llegar a la profundidad de lo que estoy contando y darles cuantos más colores pueda al personaje. Normalmente me siento más cómodo con los libros, porque soy yo el que escribo las historias y tomo todas las decisiones. Puedo poner el altavoz donde quiera. Como actor no elijo, pero hay una cosa que me gusta: intento trabajar para mejorar lo que productores y directores habían pensado. Crezco y me enriquezco de las dos y eso hace que tanto los libros como mis personajes estén vivos.

–¿Cuesta mucho mantener el equilibrio profesional?

–Me ha pasado de todo. Los tiempos se me casan entre rodajes y entregas, pero al final tengo la suerte de hacer muy bien el trabajo previo. Tengo claro sobre qué escribir y luego ya es organización, y como tengo la suerte de concentrarme bien saco partido al tiempo.

–¿Se considera una persona muy sensible?

–En estas profesiones y, en la vida en general, hay que generar empatía. Estar en contacto con la gente. Al final todos los sentimientos son universales y el drama o las cosas maravillosas se pueden tratar, pero hay que tener sensibilidad para ponerse en la piel. Si algo no te motiva, te da miedo o morbo, difícilmente se puede transmitir.

"Hay que tener empatía. Si algo no te motiva, te da miedo o morbo, difícilmente se puede transmitir”

–¿En qué profesión se conecta más con el público?

–Con las dos. A veces son el mismo público y otros no. Cuéntame como pasó es muy especial. Ha durado tanto porque la gente ha crecido en paralelo y nosotros con la gente, pero cuando las personas van al teatro, la cosa cambia. Pagan una entrada, hacen un esfuerzo. Igual pasa con la lectura. La atención y la comunión con lo que haces es distinta.

–¿Qué hay de Pablo Rivera en Tony Alcántara y al contrario después de tantos años en Cuéntame?

–Tony tiene mucho de Pablo porque he intentado acercar muchas situaciones para que fueran verosímiles. El personaje está tan bien construido y es tan diferente a mí que no me ha dado miedo darle todos mis elementos. Mi risa, mi manera de comportarme... Le he dado toda mi humildad para que fuera lo más real posible. Y de Tony lo que yo tengo es esa pasión, esa honestidad y esa manera que tiene de ir al máximo con sus ideales y su trabajo. Los dos somos buena gente.

–¿Por qué empezó a escribir?

–Ambas profesiones para mí han ido de la mano. Empecé muy joven como actor aunque siempre me habían gustado las películas, así que cuando decidí estudiar algo hice interpretación y, como me gustaba escribir, estudié periodismo. Lo que pasa es que se me ha conocido con Cuéntame y parecía que solo hacía eso, pero yo en paralelo ya escribía guiones, cortos y relatos. Para mí escribir ha sido la necesidad de contar historias.

–¿Cómo se puede ayudar al mundo de la cultura desde el periodismo?

–Ya no desde el periodismo, se trata de crear formatos y de que se hable de cultura. De todos los músicos y de deportes en general. Hoy como no hagas reggaeton o seas futbolista cuesta mucho tener un altavoz. Se han creado unos modelos de éxito que ya no tienen hueco para escritores o músicos. Se muestra el éxito pero no cómo se consigue.

–Las redes han venido para quedarse, ¿cómo están calando en la cultura?

–Las pantallas están creando déficit de atención y eso está cambiando los códigos. Es curioso porque la televisión cada vez es más cinematográfica, pero todo lo que tiene que ver con las noticias son ráfagas en las que cuesta profundizar.

–¿Le pasa factura como autor?

–Sí, el lector necesita mucho ritmo. Cuesta mucho intentar captar la atención todo el rato y crear tensión para que no se pueda despegar de las páginas.

–La industria literaria, sin embargo, sigue anquilosada en el tiempo. Las mismas formas de producción, distribución... ¿habría que darle una vuelta de tuerca?

–Yo me he preocupado de escribir y la verdad es que me pierdo en los detalles. Lo que sí me he dado cuenta es que es una industria como la audiovisual, preocupada por la inmediatez. Hay mucha oferta, somos muchos y como no estés en la portada o escaparate pasas al catálogo, y ya todo es más difícil.

–Su última novela, Dulce hogar, es muy cinematográfica. ¿Se siente más identificado con esa forma de escribir o es que funciona mejor con el público?

–Intento escribir el libro que a mí me gusta leer. Me gusta seducir al lector con los capítulos cortos para después dar golpes secos. Poco a poco se avanza y eso te va enganchando. Tejo una telaraña en la que te atrapo y después ya no dejas de leer.

–¿Por qué se decanta por la novela negra?

–Es muy adictiva y si está bien te lo bebes. Tiene un punto canalla que me encanta, que es crear miedo y tensión, jugar con el lector en el mejor sentido. El hecho de enganchar, bien utilizado, me permite hablar de cosas sociales importantes que no están tratadas. Con mi protagonista, Julia, creo debate sobre la presión social. Una mujer de 40 años con problemas reproductivos en una vida acomodada muestra un escenario que te lleva a pensar sobre muchas cosas.

–¿Qué le lleva a escoger los temas?

–Siempre estoy conectado, siempre estoy abierto a lo que veo o me cuentan. La novela negra a veces crea unos convencionalismos que no me gustan por lo que pretendo ir más allá.

–Y para rematar, pregunta indispensable. ¿Qué puedes avanzar del final de Cuéntame?

Cuéntame es un aprendizaje continuo. Ha sido una suerte. Se va a hacer un final a la altura de los capítulos, pero aún no sé mucho. Espero que se quede en el recuerdo. Ha hecho historia.

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