"Me gusta el frío, estoy del azul mediterráneo hasta las narices"

"Me gusta el frío, estoy del azul mediterráneo hasta las narices"
"Me gusta el frío, estoy del azul mediterráneo hasta las narices"
Francisco Correal

23 de marzo 2014 - 01:00

-¿Vio jugar a Cruyff?

-Lo vi jugar antes de irme a Nueva York precisamente en el partido de su debut. Era contra el Granada. Como era un partido de poco interés, conseguí la entrada y fui con un amigo a una localidad de pie. Era espectacular.

-En el Granada jugaba un ex blaugrana, Teófilo Dueñas, tío de la novelista María Dueñas...

-Le tengo mucho cariño, nos hemos visto varias veces y nunca me ha hablado de ese pasado futbolero.

-¿Qué va a pasar en el Madrid-Barcelona de hoy?

-No tengo la menor idea. Si me lo hubiera preguntado hace diez o doce días, le habría dicho que iba a ser una masacre porque estaba el Barcelona desconcertado y descentrado. Últimamente parece que se ha puesto las pilas, pero el Madrid está muy fuerte. No me atrevería a hacer una apuesta. No me gusta.

-Madrid. Barcelona. ¿El fútbol incide en el ánimo de las ciudades?

-En el caso de Barcelona, mucho. Y mucho más que en Madrid. Barcelona es más culé que Madrid madridista o colchonera. Son dos equipos, está más dividida. No hay un equipo que represente a la ciudad.

-¿Es más que un club?

-Es parte de la tarjeta de visita de Barcelona. Hace poco, en la Feria del Libro de París, Barcelona era la ciudad invitada y en las imágenes veías la Sagrada Familia de Gaudí, Ferrán Adriá y el Barça.

-A Lara, que era del Espanyol, no le gustaría que un escritor que ha ganado el Planeta ignore su equipo.

-Lo tendría que reconocer. Me he encontrado gente con la camiseta del Barcelona en los lugares más insólitos, en los países bálticos o en la selva africana.

-¿Cuanto más divertido es hablar de Barcelona, más aburrido es hacerlo de Cataluña?

-Ya resulta repetitivo, reiterativo. Cuando estás allí sólo se habla de esto, y cuando salimos peor, porque tienes que pasar el examen de qué pasa, qué pasará y qué pensamos. Un movimiento que por otra parte se ha dado a lo largo de la historia. Los tiempos ahora son propicios para este tipo de movimientos. No sólo Escocia. El Véneto no quiere seguir siendo de Italia. Dicen que lo son hace dos días, que antes formaron parte del Imperio Austrohúngaro y antes de la República de Venecia. Pero el caso es que estamos metidos en un lío, en un tour de force. No sé qué pasará, como lo del domingo.

-¿Quiénes serían los Messi y Neymar del asunto?

-No hay políticos geniales en este momento.

-¿Se puso el listón muy alto con La verdad sobre el caso Savolta, su primera novela?

-La había escrito mucho antes, la había entregado mucho antes, pero aparece en 1975 y todo lo que pasaba ese año era de una trascendencia enorme. Tampoco soy tremendista, dejé pasar el tiempo y opté por lo más sensato, que era salir por peteneras. Empecé a escribir novelas de detectives y las combiné con otras que me permitieran vivir con cierta tranquilidad, en la medida en que un escritor está tranquilo, que no lo está nunca. La verdad es que nunca me he preocupado por mi carrera.

-¿Qué pensaría hoy Onofre Bouvila, el héroe de La ciudad de los prodigios?

-Quise hacer un mito fundacional moderno de una Barcelona deshonesta, especuladora, gangsteril. Barcelona se sigue transformando, sigue siendo una estafa, como son todas las ciudades. No nos engañemos. Venecia o Londres se te meten por los ojos, te prometen el oro y el moro.

-Atribuye al Quijote la paternidad del humor literario. Con lo enfadados que estamos los españoles, ¿hay déficit de su lectura?

-Siempre ha habido literatura de humor. En los clásicos, Cervantes, Quevedo, el Lazarillo. Después de un periodo de la novela naturalista, volvió con Jardiel Poncela, con Mihura. El humor ha estado un tiempo en el terreno de lo popular, de lo populachero, de lo grosero, de lo fácil.

-Ha escrito sobre el humor inglés y francés. ¿Se ha contagiado Guardiola del humor alemán?

-Guardiola es un hombre muy serio, pero tiene sentido del humor. Es muy serio, muy rígido y muy inteligente. Hizo muy bien yéndose del Barcelona cuando se fue. Le va a ocurrir con el Barcelona como a mí con el caso Savolta, que hay cosas que ya no se repiten nunca más. Ahora tiene que conformarse con ganar Ligas y campeonatos pero no será el pasmo del mundo.

-Y beberá mucha cerveza.

-No se vive mal en Múnich. Es una ciudad estupenda. Me gusta mucho Alemania y el norte en general, la niebla, el frío, el invierno, estoy del azul del Mediterráneo hasta las narices.

-Trabajó de traductor en Naciones Unidas. ¿Asuntos prosaicos?

-Mucho. Era traducción simultánea de grupos de trabajo sobre aranceles, vacunas contra la malaria, fletes de barcos o satélites de comunicaciones. Lo dejé porque la traducción simultánea requiere mucha velocidad.

-En pocos días han muerto Ana María Moix y Leopoldo María Panero, dos de los Novísimos...

-Mi generación está en la línea del desguace. Como ese barco de vapor del cuadro de Turner.

-Gurb se perdió en los Juegos del 92. ¿Con qué brillo se queda de aquel año?

-Más que un récord o una marca deportiva, hay un momento en el que los propios barceloneses nos dimos cuenta de que teníamos una ciudad muy divertida. Pensábamos que Sevilla era muy divertida y Barcelona un muermo y nos dimos cuenta de que, al contrario, era una juerga permanente.

-Vio jugar a Cruyff y se fue a Nueva York...

-Allí estuve fijo y después como temporero de Naciones Unidas en Ginebra y en Viena.

-¿Reconoce Nueva York en la novela de Tom Wolfe La hoguera de las vanidades?

-Leí la novela. He ido muchas veces al barrio donde el protagonista atropella a un negro. Era un barrio marginal de Nueva York. Ahora te cuesta un ojo de la cara un apartamento.

-Una comedia ligera obtuvo en París el premio al mejor libro extranjero de 1996...

-Es mi novela favorita. Me leí todo el teatro de Jardiel, Mihura y Tono antes de escribir esa obra de teatro dentro de una novela.

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