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Pintinho: "Romario aprendió de mí"

Ex futbolista

El ex futbolista Carlos Alberto Gomes, 'Pintinho'. / Juan Carlos Vázquez

'BIG FISH' BRASILERO. Nadie sabe si fabula o dice toda la verdad al contar entusiasta sus historias futboleras. Parece Carlos Alberto Gomes, 'Pintinho' (Río de Janeiro, 1954), la reencarnación de Ewan McGregor y Albert Finney, los actores que dan vida a Edward Bloom, un personaje que mezcla ficción y realidad en 'Big Fish', la película de Tim Burton. Pinto es novelero, lenguaraz y divertido, valga la redundancia.

Pregunta.–¿Por qué un brasileño que llegó en 1981 a Nervión se quedó para siempre en Sevilla?

Respuesta.–Soy de Río de Janeiro, pero me destrozó la muerte de mi mejor amigo en una operación de amígdalas. Jugaba en el Flamengo con Zico y vivió en casa con mi abuela un tiempo. Surgió la opción del Sevilla y encontré una ciudad que me acogió muy bien desde el primer día.

P.–Fue criado por su abuela en una favela.

R.–Sí, a las afueras de una favela, era muy familiar y con el tiempo mejoró. No tuve una vida dura porque mi abuelo tenía dinero, lo que pasa es que era un personaje, le gustaban mucho las mujeres y no vivía con mi abuela. Mi padre tampoco estuvo y fue ella la que se encargó de todo. Cuando gané dinero, le compré una casa.

P.–Figura en el once ideal del primer siglo de historia del Fluminense.

R.–La gente me quiere mucho allí y me trata como a una estrella. Jugué de los 12 a los 24 años, luego unos meses en el Vasco de Gama y vine al Sevilla. Me seleccionaron para dos Mundiales juveniles y ganamos los dos.

P.–Estuvo con Brasil en los Juegos de Múnich (1972) y en una Copa América (1979). ¡Qué pena no ser mundialista! ¿Es su espina clavada?

R.–No, fue por mi culpa. Era muy indisciplinado, me gustaba salir, me creía el mejor del mundo y discutía con los entrenadores. El seleccionador en el 78 era Claudio Coutinho y yo estaba en la preconvocatoria del Mundial, pero en el último amistoso en Sao Paulo antes de la lista le comenté al delegado que sólo jugaba la primera parte y me iba a Río. Al día siguiente me dejó fuera del Mundial...

P.–Volvió un año después.

R.–Para la Copa América. Estaba tan enfadado que dije que no iba, pero en Brasil si no vas a la selección te retiran del fútbol.

P.–Cada 13 de diciembre celebra con la familia sus cuatro goles en Zaragoza en el 81 en el debut de Manolo Cardo y Francisco.

R.–Fue increíble. Cardo me dijo que compartiera habitación con Francisco, que no me dejaba dormir por los nervios. Le dije que en el saque inicial me diera el balón para no fallar el primer pase, salió redondo y él jugó un partidazo.

P.–Era un jugador vacilón.

R.–En Brasil era pivote, me gustaba moverme, llegar al área, jugar por todos lados. Tenía un fondo físico tremendo y gané muchos partidos en los últimos 15 minutos. Hoy lo reconozco: no fui mejor por ser un pasota, un vacilón.

P.–Dicen algunas malas lenguas que se lució más en la discoteca El Coto que en el vecino Sánchez-Pizjuán.

R.–En los dos sitios igual. Vivía enfrente del Coto y la gente me decía que si tenía un túnel de casa a la discoteca. Iba a diario, pero también otros como Santi, López... aunque yo de tarde y de noche.

P.–¿Algún recuerdo de los derbis contra el Betis?

R.–Hice cosas que no debía, como un corte de mangas en su campo. Jugué siete y marqué cuatro goles. El primero fue un Domingo de Ramos y la gente me sacó a hombros a la calle.

P.–Fue íntimo de Maradona en Sevilla.

R.–Sí, yo estaba retirado ya, pero hicimos migas antes porque López era muy amigo de él y salíamos juntos cuando Maradona estaba en el Bacelona. Como persona era mejor que como futbolista.

P.–Jugó en el Cádiz en la 85/86, justo un año que no estuvo allí Mágico González. ¿Se hubieran entendido mejor dentro o fuera del campo?

R.–En los dos, pero salimos sin jugar juntos porque él aparecía por Cádiz estando en el Valladolid.

P.–El fútbol de ahora no le gusta porque no hay buenos mediocentros. El Barça de Guardiola tocaba muy bien la pelota.

R.–Guardiola era recogepelotas del Barça cuando vine con el Vasco de Gama al Gamper. En sus inicios me decía: "Yo me fijaba mucho en ti".

P.–Critica que Vinicius se queje de racismo...

R.–Ése es un payaso y un desagradecido, lo quitan de la ruina en Brasil y mire cómo corresponde. Aquí no hay racismo, el tío es tonto y un provocador. Vivo aquí desde hace 45 años y la gente me trata muy bien.

P.–¿Por qué cree que Brasil no volvió a ser la misma desde 1994?

R.–Dunga y Mauro Silva estropearon el fútbol brasileño. Ganamos el Mundial y desde entonces hay que poner a dos tíos malos de pivote, corriendo como locos sin saber jugar.

P.–Habrá mayor desgracia para un futbolista que su hijo salga periodista deportivo...

R.–No ha sido futbolista porque no ha querido. Se habla mucho de mí pero él salía igual o más y entrenaba poco. Una vez fui a verlo a un partido a Coria y llegué yo antes... Ya en serio, jugaba muy bien.

P.–Usted también llegaba tarde a entrenar.

R.–O directamente no iba. Con Miguel Muñoz vino Domingo Pérez padre a despertarme a casa y yo estaba con una chavala. Le dije: “No pasa nada, luego marco tres goles y ya está”.

P.–Era como Romario.

R.–Romario aprendió de mí... Cuando jugué en el Vasco de Gama él y Juninho, el del Atlético, eran juveniles, pero entrenaban con los mayores para que Zagallo los viera. Era bueno pero le dábamos mucha caña. El central Orlando le pegaba cosquis y porrazos.

P.–¿Con qué jugada se queda de su carrera?

R.–Tengo grabado un autopase contra el PAOK en el que me salí del campo por la banda. Pero hay otra más bonita en un amistoso Brasil-Polonia en el 77, en la que hice una ruleta espectacular. Esa jugada que hace Zidane es mía, cuando yo la hice él ni había nacido...

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