La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
-¿Vivimos en un mundo de mentiras?
-Vivimos en un mundo de tópicos, medias verdades y mentiras sobre la pobreza y los derechos humanos. La primera gran mentira es que la pobreza es inevitable.
-¿No lo es?
-En el siglo XVIII decían que era inevitable la esclavitud, hoy abolida en 137 países. La pobreza no depende del clima, ni de los terremotos, sino de decisiones de personas y determinados gobiernos.
-¿Por qué no se erradica?
-A los gobiernos les conviene que esa lucha sea algo voluntario. Se comprometen a cumplir unos objetivos y después no lo hacen.
-¿Con qué truco?
-Separan artificialmente los derechos fetén, como el de libertad de expresión o de reunión, de los derechos no fetén, que ningún tribunal ampara, de forma que nadie les pueda acusar de violar los derechos humanos.
-¿Cuáles son los no fetén?
-El derecho a la educación, la salud o la vivienda. Según las leyes internacionales, sólo se pueden garantizar si los recursos lo permiten. Y esa es la mentira.
-¿Usted qué propone?
-Lo que planteo es pasar de los compromisos políticos a las obligaciones jurídicas: la pobreza debería ser abolida por ley.
-Renunciando a…
-En principio, a nada. Se trata de reconocer unos derechos. Todos estamos de acuerdo en que no se torture a nadie y eso no significa que haya renuncias.
-Pero sería costoso.
-Eso es un mito. ¿Dejaría su hijo de ir al colegio porque escolaricemos a los niños de Guinea Ecuatorial?
-Confío en que no.
-Puede que a largo plazo, si se modifican las reglas del comercio, se incremente un poco la factura energética, o se reduzca el consumo de ciertos alimentos. Pero eso será a largo plazo, lo primero es cambiar la ley.
-Suena algo utópico.
-Es importante que exista una sociedad civil no domesticada, que presione a los gobiernos. La independencia, que es una especie en peligro de extinción como el lince ibérico, es muy necesaria.
-¿Por eso se hizo activista?
-Me hice activista llevado por la indignación del golpe de Estado del 23 de febrero del año 81, para defender la democracia. Aunque si me da a elegir, prefiero hablar de defender los derechos humanos.
-¿Por qué?
-Nadie sabe lo que es la democracia, no está definida en el marco internacional. El presidente del Partido Comunista de China, en un discurso de dos horas pronunciado hace dos años, usó 40 veces la palabra democracia.
-¿El lenguaje es un arma política?
-Stalin, que sabía lo que era violar los derechos humanos a gran escala, decía que el mejor y más genuino monopolio de un gobierno es el monopolio del diccionario.
-¿Qué eufemismos abundan más?
-Los que se usan para distraer a la gente. Hay que desconfiar especialmente cuando la palabra democracia está acompañada de adjetivos: socialista, popular, auténtica…
-¡Auténtica perversión de la lengua!
-En la lucha contra el terrorismo hay varias perlas. A los prisioneros de guerra en Guantánamo se les llama "enemigos ilegales no combatientes". A los desaparecidos en centros secretos de detención, "prisioneros fantasma"...
-¿Aún hay más?
-A la tortura de ahogar a alguien en agua se le llama "técnica agresiva de laboratorio".
-Su diccionario sorprende de veras.
-Para definir a los países pobres se usan todo tipo de eufemismos. Mis denominaciones oficiales favoritas son "países menos adelantados" y "países en vías de desarrollo". ¡Como si fuesen trenes descarrilando!
-¿Qué reflejan esas denominaciones?
-El secuestro de la pobreza por la economía. Es insultante clasificar a los pobres como objetivos, subjetivos, estructurales, relativos y extremos. ¿Se imagina que habláramos de torturados medios o bajos?
-Denuncie otra mentira.
-No es verdad que la Transición española fuera modélica. El tratamiento a las víctimas de crímenes contra el derecho internacional de la Guerra Civil y el franquismo no es para estar orgullosos. Miles de familias quedaron indefensas.
-Pero hubo consenso.
-El término consenso, que es de muy buena fama en España, no es ni bueno ni malo. Un buen consenso europeo es la abolición de la pena de muerte. Pero un mal consenso son las políticas de inmigración. Estarán muy consensuadas, pero son un desastre.
-¿No se cansa de nadar contra corriente?
-Puede haber momentos de agotamiento personal pero, en mi opinión, gracias a la presión de la sociedad civil se ha avanzado mucho en la defensa de los derechos humanos en el mundo. En 60 años las cosas han mejorado.
-¿En qué sentido?
-A los dictadores se les procesa y hay países del sur, como Suráfrica, que reconocen el derecho a la salud. La gente del sur ha cambiado su forma de organizarse y así, al final, será una fuerza imparable.
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